miércoles, 6 de mayo de 2015

Alucinaciones (parte XI)

Imagen tomada dehttp://anterioresprogramas.paralelo20.com/player.asp?id=181




Bueno es mentir si merece la pena, pues a mi parecer el que miente y el que dice la verdad van entrambos al mismo fin de atender a su provecho. Miente el uno porque con el engaño espera adelantar sus negocios; dice la verdad el otro para conseguir algo, cebando con ello a los demás para que le fíen mejor sus intereses. En suma, con la verdad y la mentira procuran todos su utilidad; de suerte que creo que si nada se interesara en ella la gente, todo este aparato de palabras se lo llevaría el aire, y tan falso fuera el hombre más veraz, como veraz el más falso del universo.

Heródoto

Una de las cosas que se aprende en el desierto es que el tiempo es un reloj sin manecillas, es como leerse una novela de Carson McCullers o un libro del profesor Kenneth Galbraith, el tiempo transcurre imperceptiblemente.
Las mañanas son frescas, casi frías, pronto los muchachos se metían en el agua y calentaban sus cuerpos, las tardes pasaban rápidamente entre las gigantescas olas y el frenesí deportivo y pronto llegaban las horas mágicas y surrealistas del crepúsculo.
Aquellas maravillosas caídas de sol convertían a los muchachos en vibrantes testigos del mejor espectáculo de la Tierra. Todo el desierto parecía recibir el impacto de un sol que al tiempo que lo calcinaba lo sumía en las más tétricas oscuridades.

El aguaje de San Mateo llevaba ya tres semanas de continuo oleaje. Danni y Pava Loca habían experimentado un cambio: sus cuerpos habían eliminado las grasas innecesarias y ahora eran pura fibra. Hasta Claudia había perdido peso, pero aquella grasa, pequeño burguesa, se había convertido en formidables curvas, llenas de erotismo. Claudia se había convertido en la mujer de los dos. Satisfacía tanto a Pava Loca como a Danni, y a veces a los dos al mismo tiempo. Era como la Marylou de Jack Kerouac en su novela EN EL CAMINO, pero era una Marylou más atrevida, más sincera, más amorosa, ¿tal vez estaba enamorada de los dos al mismo tiempo?, nadie lo sabía.
Aquella noche de enero del 72, los tres chicos saboreaban su última lata de chancho con menestra. Pava Loca le preguntó a Danni:

-      ¡Bueno!, ¿y ahora qué diablos hacemos?, ¿nos regresamos?
-      Bueno, todavía hay olas, ¿no?, si estamos desesperados, sólo nos queda un último recurso…
-      ¿Y cuál es ese recurso?-preguntó Claudia, medio incrédula-.
-      Bajemos del cerro del cementerio y visitemos a mi tía Rina.
-      ¿Vive aquí?
-      Al final de la playa, por estas épocas sabe venir a pasar sus días.
-      ¿Y por qué no fuimos desde el principio?, ¡oye hace rato que estoy hostigada de comer comida enlatada!
-      No esperaba que las olas duraran tanto…

Entonces Danni citó mentalmente un pensamiento del profesor John Updike: el sufrimiento, la abstinencia, la esterilidad, las dificultades y carencias forman parte indispensable de la educación, de la iniciación podría decirse, de todos los que quieren seguir a Jesucristo. Pero pronto apartó aquellos tristes y falsos pensamientos, productos de la insolación y del desierto; producto de una filosofía de esclavos, resignados a su tragedia histórica como los primeros cristianos sacrificados cruelmente por Nerón.
Él no era Jesucristo y no creía en nada de esas cosas. No estaba en aquel inhóspito lugar para probar que era el hijo de Dios ni para resistir ninguna tentación diabólica, sino que había venido a correr olas y a pasarlo estupendamente junto a sus amigos.
¡Qué manera de pensar en cosas absurdas!, pero no lo podía evitar.
Desde la muerte de su padre se tomó en serio el asunto de tratar de leer todo lo que estaba en aquella Biblioteca, en ser un excelente alumno y en terminar aquel bachillerato de manera segura y brillante. Pero nunca se imaginó que tendría que pagar un precio, que todo aquel conocimiento se le enredaría en el cerebro, que los autores de aquellos libros dirigirían su vida mental, que de un momento a otro ellos saldrían a la luz y le demostrarían el camino de un mundo ideal, donde las ideas luminosas tendrían siempre el control.
Danni vivía en el mundo de las ideas de la misma manera que su padre muerto.

Entonces ocurrió algo tremendo. Los chicos escucharon un ruido tremendo, algo apocalíptico y al asomarse a ver qué pasaba vieron una gigantesca muchedumbre, que subía la loma con antorchas y completamente loca y enfurecida.

-¡Chispas!, ¿qué rayos pasa allá?

Y al mismo tiempo se producía una estampida y un alboroto en el bar de streap tease, que estaba colocado más allá del cementerio. Los hombres gritaban, las bailarinas abrían la boca, toda desencajada e insultaban, luego pedían ayuda…
Cuando los chicos volvieron a ver, tenían toda la muchedumbre encima de ellos, pero pasaron por entre ellos, que se quedaron congelados de terror, e iban presididos por unos policías, completamente asustados, pálidos y traumatizados, que no podían parar la multitud.
Lo que ocurría era que las mujeres de los pescadores, hartas de que sus maridos se gastaran toda la plata en el bar nudista, se rebelaron, se han envalentonado, se han organizado y ahora le van a tumbar el quiosco a las putas y luego les van a prender fuego.

Pava Loca en medio de aquella multitud, lo primero que pensó, al ver que se acercaban, fue en salir corriendo y salvar la vida internándose en el desierto, pero cuando vio que la cosa no era con él, EN MEDIO DE TODA AQUELLA MULTITUD CON POLICIAS Y TODO, se prendió un grifo y se lo empezó a fumar delante de todo el mundo, como si el Honorable Congreso Nacional hubiera legalizado la yerba de un día para otro.
Claudia, toda temblorosa le decía.

-      Oye, Xavier, qué te pasa, ¿acaso estás loco?


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -como tres anteriores obras- por entregas semanales)


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