lunes, 23 de febrero de 2015

Graduación y el viaje a San Mateo (parte V)

Imagen tomada de http://www.encabezadostwitter.com/encabezado/surfista.html


Pava Loca se levantó de la cama, se desperezó, se puso las sandalias, apagó la televisión, apagó la luz y salió del estrecho cuarto junto a Danni. Acomodaron las tablas, envueltas en sus forros, en la parrilla del techo del auto y se treparon en la camioneta para ir a ver a Claudia.
Mientras lo hacían, conversaban sobre San Mateo y la cara que puso Perico, cuando se quedó pasmado en la corona de una ola salinera de cuatro metros. Luego conversaban sobre la cantidad de faranduleros y hippies, cuyo número iba cada vez más en aumento y que llenaban cada rincón del malecón de Salinas y de sus arrabales.
A Pava Loca siempre le había gustado la soledad de su barrio de Urdesa y cuando esta urbanización se empezó a llenar de comercio y farándula poco a poco se fue exiliando en Salinas y ahora resultaba que Salinas también se estaba llenando de gente y sus apretones empezaban a asfixiarlo.
Por las noches, Salinas se transforma en una ciudad luz, llena de bullicio, gente que se desplaza entre las sombras, mochileros, niñas lindas de familias bien, que salían a vacilar el richie patín en el Roller Vito. Toda clase de locura se podía ver por ahí.
Cuando habían recorrido dos cuadras en medio de la penumbra, salieron a la esquina iluminada de Pingüino’s y ahí estaba parada con una pequeña minifalda de blue jean y un straplle rojo, Claudia, furiosa.

-      ¡Al fin!, ¡yo pensé que se habían ido a San Mateo y me habían dejado tirada!
-      No me hagas tanto drama, y venga, meta su precioso culo junto a mí-dijo Pava Loca-.
-      ¡Estás chiflada!, es de pura suerte que pasamos por aquí, ¿por qué no nos estás esperando en tu casa?-dijo Danni-.
-      ¡Les juro que yo pensé que ya se habían ido y que me habían dejado tirada!, ¡qué bacán, nos vamos a San Mateo!, ¡pero no he felicitado a mi brigadier, recién graduado!, ¡a ver un beso!, mua, mua, mua…
-      Bueno, bueno, todo eso está bien, pero ¿conseguiste la yerba para el viaje?
-      No, eso tenemos que irlo a ver a la vuelta de la casa de Estefanía.
-      Entonces vamos para allá-dijo Pava Loca-.

Danni Pulido miraba, a través de la ventanilla de la camioneta de Pava Loca, todo el paisaje nocturno de la loca Salinas. Y nuevamente, se le venía a la mente una cita de PASCAL, que decía: la sensibilidad del hombre para las cosas pequeñas y la insensibilidad para las grandes denota un trastorno extraño.
Los mochileros, los vendedores de boyas, los vendedores de canelazo empujando sus carretillas, los vendedores de algodón de azúcar, los que alquilaban pequeñas escopetas, para que los clientes les disparen a unas cajitas de chicles y diferentes recuerdos, todo, todo, su pasado, su presente y su futuro se encontraba en Salinas; aquella pequeña ciudad se había convertido en una especie de ciudad de LAS VEGAS-latinoamericana, en chiquito como alguna vez lo fue Cuba bajo la dominación de Batista.

Cuando llegaron a la casa de Estefanía, Claudia se bajó y subió las escaleras de madera, y toda agitada, tocó dos veces el timbre. Adentro se escuchaba la música de la banda de los Comodores, que tenía de vocalista a Lionel Richie. No había luces adentro sino que todo estaba iluminado por románticas velas.
Al final abrió la puerta Lucho, un surfista pesado de Chuyuipe en marea alta, que era el enamorado de Estefanía. 

-      ¿Está Estefanía?-dijo Claudia-.
-      Ya viene se está vistiendo.
-      ¿Tú eres la amiga que se va a Manta?
-      Sí. ¿Tú sabes si se demora mucho?
-      No, ya sale.
-      Ola, pelada, ¿ya estás lista para el trip?
-      Necesitamos ese asunto del condimento para el viaje, tú sabes.
-      Ah, ya, espérate que ya vengo.

Y bajó las escaleras, pasó junto a la camioneta de Danni y Pava Loca, y se metió por entre unas vallas desvencijadas de madera mal pintadas de blanco y desapareció de la vista de todos, en medio de la oscuridad de la noche.
El viento arreciaba, y a lo lejos, se escuchaba el sordo retumbar de las olas sobre la orilla, la noche era negra como la tinta.
Mientras tanto, Pava Loca y Danni esperaban en la camioneta y en la radio se escuchaba una canción de Leo Sawyer:

You make me feel like dancing…
Every night and day…oouuuu
You make me feel like dancing…
Every night and day
You make me feel like dancing…

De pronto apareció Estefanía con varios rollos de yerba y se los pasó a Claudia. Y ésta, feliz de la vida, regresó a la camioneta de Pava Loca. Las chicas se despidieron con un beso.
Pava Loca encendió la camioneta y se largaron de ahí.
El camino de regreso de LA LIBERTAD a Salinas era una carretera llena de luces de vehículos, que venían en sentido contrario.
Pava Loca, antes de viajar, tenía que resolver el problema de recoger en LA PEÑA DE ROY, las carpas donde iban a dormir y algunos bidones de agua y ciertas latas de comida facundo.
Cuando llegaron a la puerta de proveedores, Pava Loca parqueó la camioneta y entró solo al local.
Cuando salió traía todo el equipo y una nueva idea: ya no quería ir a San Mateo sino que quería avanzar hasta Montañita, nada más. En la radio de la camioneta se escuchaba la canción LOTTA LOVE de Nicolette Larson. Claudia meneaba la cabeza llevando el ritmo de la música y tarareaba la letra de la balada.
De pronto dijo:

-      ¿Qué es lo que te pasa Pava Loca?, siempre eres así, primero dijiste que de regalo de graduación le ibas a dar a Danni un viaje a San Mateo para correr olas salineras de cuatro metros, y ahora te pasmas y quieres llegar hasta Montaña, más luego te fumas un grifo y no querrás saber nada del asunto y te contentarás con correr olas en la aburrida FAE.
-      La FAE no es un lugar aburrido para correr olas-le dijo Danni-, es un lugar peligroso…
-      ¡Da igual!, lo que me cabrea es que este tipo nunca mantiene su palabra-dijo Claudia, señalando con el dedo a Pava Loca-.
-      Sí, cachorra, pero el asunto es que soy YO el que tiene que manejar de noche por todo la carretera desértica. ¿Comprendes?, yo solito, toda la noche.
-      Entonces, ¿por qué no nos quedamos a dormir en tu casa y salimos mañana temprano en la madrugada?-dijo Danni-.
-      Sí, hagamos eso-dijo Claudia-.
-      No, porque mis padres llegan mañana, y si me pescan en la casa, se me van a pegar como chicles-dijo Pava Loca-.
-      Entonces hagamos una fogata en Paco Illescas.
-      ¿Por qué no vemos si podemos ir a dormir a la casa de Jaime?
-      Pero si eso no funciona, siempre podemos ir a tirar carpa a Paco Illescas, ¿no?


Entonces se pusieron en marcha y se fueron directo a la casa de Jaime. Pero cuando llegaron a la casa de Jaime se dieron cuenta que todo estaba cerrado y que no estaba su amigo. Aquella vieja y grande casa de madera donde se reunían después de surfear en EL MIRAMAR, para escuchar la música de Super Tramp o de Jackson Brown, estaba oscura y vacía, ¿llena de polvo?

Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -

como tres anteriores obras- por entregas semanales) 

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