sábado, 21 de febrero de 2015

Graduación y el viaje a San Mateo (parte IV)

Imagen tomada de http://www.publicdomainpictures.net/view-image.php?image=10111&picture=&jazyk=ES

Danni recordaba cuando su padre le enseñaba karate y boxeo tai y Joey,jr siempre miraba desde lejos, sentado en una esquina del DOJO.
Danni tenía que golpear a su padre y perseguirlo, hasta que el peso de los guantes de box lo dejaban sin oxígeno en los pulmones, y luego cuando ya no podía más, tenía que retroceder, tratando de defenderse de la andanada de golpes que su padre le propinaba al cuerpo con patadas de media vuelta y frenéticos golpes de puño. Lo peor eran las patadas de su padre, que pateaba como mula. Su padre siempre le decía: que no se ahuevara ante la dureza del combate, y que mostrara más fiereza frente al contrincante, que correspondiera a la fuerza con mayor fuerza, que confiara en él, ya que su padre no era un improvisado sino un maestro.
- ¡Adelante Danni, eres un tigre, recuérdalo, eres un tigre!
Pronto Danni se metió en la ducha, se cambió de ropa y se fue en su bicicleta por el camino polvoriento a la casa de Pava Loca, que quedaba en los arrabales tras el centro mismo del malecón de Salinas.
Mientras se alejaba del hogar de su amada familia, se le vino a la mente una cita de Jack Kerouac:
¿Qué se siente cuando uno se aleja de la gente y ésta retrocede en el llano hasta que se convierte en motitas que se desvanecen? Es que el mundo que nos rodea es demasiado grande, y es el adiós.
Mientras iba por el camino veía toda clase de surfistas, que deambulaban por el malecón, o por los restaurantes para tratar de comer algo antes de regresar a la playa. Las chicas andaban patinando en trajes de baño, con gafas verdes y cintillos para contener el sudor en la frente y que no resbale a la cabeza.
El viento helado de la brisa marina, refrescaba el rostro de Danni, que era atacado por el impacto del sol desértico de la playa. Un sol que moría lentamente mientras se acercaba a la Tierra, bañándola toda de color rojo. Las caídas de sol le recordaban a Danni la muerte de su amado y dulce padre. Cuando moría el sol, el recuerdo de su padre moría poco a poco con él. Y de pronto se le vino a la mente un pensamiento de Jack Kerouac:
Lo que anhelamos durante nuestra vida, lo que nos hace suspirar y gemir y sufrir todo tipo de dulces náuseas, es el recuerdo de una santidad perdida que probablemente disfrutamos en el seno materno y sólo puede reproducirse (aunque nos moleste admitirlo) al morir.

Cuando llegó al restaurant MAR & TIERRA, dobló a la izquierda y se metió por los polvorientos arrabales rumbo a la casa de Pava Loca. En su camino veía pasar las pizzerías, los pequeños antros de máquinas de ping ball, los puestos de alquiler de libros y revistas, las casas de los millonarios, que celebraban el fin de año con música de Frank Sinatra, Johnnie Matis, Carpenters, mientras se bebían sendos vasos de whisky con hielo y se asaba la barbacoa en la parrilla. Todos esperaban la hora de la comida para servirse una parrillada de mariscos a la sevillana.
Danni también pasó por diferentes surf shops, donde, a precio módico, alquilaban tablas de surf de balsa, foam u otros materiales sintéticos, para los novatos, niños de ocho y nueve años que querían aprender a montar olas en Paco Illescas, Chuyuipe, EL MIRAMAR o Shit Bay.

Cuando llegó a la casa de Pava Loca, Danni parqueó su bicicleta en las vallas de madera blanca y entró por el estrecho y desgastado caminito de conchas, para luego bordear por la derecha, la vieja y olímpica casa de madera hasta llegar al cuarto del servicio doméstico. Ahí estaba Pava Loca, acostado en la cama, recién bañado con jabón de Rosas, mirando en canal dos, una película de John Wayne sobre los boinas verdes en Viet Nam.
Pava Loca se reía a carcajadas, completamente grifote, de algo que para Danni era una devastadora acción de guerra nocturna, en medio de la selva, con un pocotón de chinos comunistas que se les venían encima para aniquilarlos. ¿Por qué se reía Pava Loca de esa mierda?
Cuando Danni llegó, se sentó en el suelo del estrecho cuarto, junto a la cama y cogió el porro de yerba, que estaba a medio quemar en el cenicero color jade, lo encendió con un fósforo gallito y le dio tres pitadas, nada más. Entonces se le vino a la mente un pensamiento de PASCAL:
No es bueno estar demasiado libre. No es bueno estar lleno de necesidades.
Pava Loca, completamente concentrado en la película, finalmente y con pereza se percató de la presencia de su amigo y le dijo:

- ¡Al fin llegaste!, ¿ya estás listo?, me parece que tu tabla tiene un pequeño hueco debajo de la punta. Le estuve chupando y creo que salió algo de agua salada. 
- ¿Por qué estás viendo esa mierda de película de guerra?, ¿acaso te gustan esas pendejadas militares?
- En otra vida yo fui raya -le contestó Pava loca-, y esta no es nada comparada con la alucinante Apocalipsis Now con el frenético Martin Sheen.
- ¿Oye?, ¿eso que suena no es el teléfono de tu casa?
- Sí, seguramente es Claudia, que está loca, que jode para saber si ya llegaste y que cuándo la vamos a ir a ver.
- ¿Y cuándo la vamos a ver?
- ¿Ya te fumaste lo que quedaba de esa yerba?
- Más o menos.

- Entonces ya vámonos.

Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -

como tres anteriores obras- por entregas semanales)

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