miércoles, 4 de febrero de 2015

Graduación y el viaje a San Mateo (parte II)

Imagen tomada de http://trabajemos.cl/2014/12/origen-del-dia-de-la-secretaria/


Penélope había renunciado a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tras el asesinato de su esposo, y ahora se dedicaba a trabajar de secretaria de una importadora de vehículos. Pero siempre analizaba a los clientes mucho más allá que como simples seres humanos como lo hubiera hecho su difunto esposo, era como si indagara en sus almas, en sus secretas vidas privadas y cuando notaba alguna actitud negativa se lo adjudicaba al demonio y se le venía a la mente una cita del libro de mormón:
Ni tampoco observaban las prácticas de la Iglesia, de perseverar en la oración y suplicas a Dios diariamente, para no entrar en tentación.
O si no recordaba esta otra, cuando el individuo o la mujer en cuestión, mostraban cierto defecto de carácter:
Y así vemos el fin de aquel que pervierte las vías del Señor; y así vemos que el Diablo no amparará a sus hijos en el postrer día, sino que los arrastrará aceleradamente al infierno.

Llevaba los asuntos administrativos, y de vez en cuando, lograba vender un carrito. Con aquella comisión que le pagaban, más el millón de dólares por el premio de la sociedad POSSI, que recibió su difunto esposo por su libro DEMOCRACIA Y LIBERTAD, y más la ayuda de los padres de Pulido, lograba sacar la familia adelante. Pero de todas formas el dinero se iba volando. Había que pagar las cuentas de agua, teléfono, luz, el gas, los malditos impuestos prediales, la empleada que hacía las cosas que la anciana y ciega madre de Pulido ya no podía realizar, la lavada de la ropa, la comida semanal, los gastos de la educación de los chicos y finalmente los gastos para la salud cuando se enfermaban de la garganta o contraían fiebre.
A Danni durante un corto tiempo le diagnosticaron barro en la vesícula y arenilla en los riñones por no tomar suficiente agua y comer mucha comida chatarra.

El padre de Pulido mantenía su rutina de siempre, y trataba de olvidar toda aquella desgracia familiar saliendo por las noches y encerrándose en diferentes Casinos, para jugar, ganar dinero, sentir la adrenalina de la victoria o el estrés y la pesadumbre de la derrota. Pero lo importante era mantener la cabeza alejada del recuerdo del hijo amado, prematuramente desaparecido, desgraciadamente e impunemente asesinado.
Durante el día pasaba acostado viendo la televisión, esperando alguna noticia, que lo sacara del constante aburrimiento o escuchaba música mientras se ponía a revisar sus códigos y leyes. Y pensaba de vez en cuando: si tan solo su hijo se hubiera dedicado a la práctica del DERECHO, en vez de la filosofía política, ahora estaría aquí vivo y disfrutando de su familia, pero tenía que haber salido a su madre, loca e idealista, aferrado a esa maldita ideología neoliberal, ¿para qué le había servido todo aquello?, ¿para qué le había servido leer tantos libros y pasarse todas las noches escribiendo si ya no podía disfrutar de su familia, muerto y enterrado como estaba?, todo era una desgracia, su tonto hijo nunca logró comprender que en este pequeño y miserable país, para los costeños pensar y escribir es algo, que sólo se le es permitido para los que le lamen en culo a los serranos y a su detestable orden centralista. Irse contra todo eso era algo suicida, era como colocarse frente al paredón de fusilamiento; pobre Joey, tanto tiempo desperdiciado, tanta inteligencia derrochada inútilmente, tanto fracaso y sufrimiento económico. Debió emigrar a Estados Unidos y no emprender una lucha en solitario, en completa desventaja, contra un sistema que en una ocasión él mismo la calificó de DERECHA GUAYAQUILEÑA ROJA y LA MALDITA DEMOCRACIA SANGUINEA.

¡Pobre!, ¡qué triste era todo!, y luego cuando se sumía en la negra depresión se obligaba a abandonar aquel inútil ejercicio mental lleno de recriminaciones para con su difunto hijo y se decía para sí mismo que tenía que dejar de pensar en todo aquello y resignarse, sí, tenía que resignarse, tenía que asimilar la derrota y la insufrible pérdida.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
 
(Fragmento de la novela Arena Amarilla que será publicada -

como tres anteriores obras- por entregas semanales)

No hay comentarios: