jueves, 24 de julio de 2014

Un pasado de colores intensos.




En su novela estoy yo, pero con ácido, mucho ácido en el cuerpo, en los recuerdos, en las palabras que solía decirle. En su novela una sombra que lleva otro nombre recorre una historia de miedo y frustración, de egolatría y pesadillas, de sangre y obsesión por lo grotesco. En su novela soy una víctima del odio, y veo en cada párrafo un pasado de colores intensos.

Quisieras juntar tu biblioteca con la mía hasta que las polillas nos separen. Ella dijo que sí, y que el alcanfor no nos dejaría caer en desgracia. Eso hicimos, desde que empezamos a compartirnos libros, desde que nuestras salidas fueron complementadas con historias de autores preferidos, desde que nos besamos y amanecimos junto a un libro de Bradbury.

Lo primero que hicimos tras reunir a las obras de nuestros autores, fue crear un ambiente de trabajo, donde los besos y el sexo aguardarían, donde la cotidianidad del amor esperaría su turno. Una mesa, dos sillas, dos portátiles y nosotros frente a frente, amándonos desde nuestro plan y también invisibilizándonos, porque sabíamos lo que queríamos, nuestros objetivos estaban trazados desde antes, y ninguno de los dos arruinaría nada.

Fueron cientos de horas de trabajo, horas inagotables de amor, horas desesperantes de corrección, horas chocando en nuestras cabezas para recordarnos que éramos felices, que nuestro mundo era el ideal. 

Y hoy su novela, la tercera en su obra, y la inédita para mí, me devuelve a dos años atrás, me arrastra a escenas que solo veía en sueños raramente, me va convulsionando los sentimientos, haciéndome sentir basura. Nunca antes sus palabras fueron tan fuertes, jamás la leí tan cruel. Oración-puño, oración-cachetada, oración-daga, oración-bala. Y las páginas continuadas son una prolongación de miseria. Sin duda será un éxito de ventas.

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