martes, 3 de diciembre de 2013

Antes eras chévere FIL’Q




La VI Feria Internacional del libro Quito 2013, desarrollada en el Centro de eventos Bicentenario (antiguo aeropuerto) me ha dejado decepcionado en su mayor parte. ¿Por qué? les doy mis razones:



El espacio

El cambio de recinto de la feria ha sido negativo en cuanto a la recepción de público. Durante la semana que recorrí los tres pabellones que conformaron y agruparon a los expositores y su producción, pude constatar poca presencia de visitantes.

Dígase lejanía del lugar (y esto dependerá desde dónde se lo diga en la ciudad), precios altos (aunque en la mayoría de stand los libros estuvieron accesibles) o apatía por los libros. Lo cierto es que faltó público.    

Además aquel divorcio demostrado este año entre editoriales universitarias y comerciales, no aporta en nada a la industria del libro en el país, es más se evidencia una preferencia (no sé si desde la Cámara ecuatoriana del libro o del mismo Ministerio de Cultura) por destacar a las editoriales comerciales, independientes y hasta las franquicias de grandes casas editoras, que a las editoriales o centros de publicaciones de las universidades de Ecuador.  



La distribución

Y justamente hablo de un divorcio adrede entre editoriales comerciales y universitarias, porque se denotó en los pabellones: el principal agrupando a todos los sellos expositores que habían cancelado por un stand, y contrariamente a los del pabellón de sellos universitarios que estaban ocultos (no encuentro una mejor palabra).

No se trata del hecho de que comercialmente quienes se encontraron en este pabellón no buscaron (porque no está entre sus objetivos) beneficiarse económicamente de sus obras, sino que sus fines de ganar más lectores, y de llegar a nichos que aún en estos tiempos donde la internet puede expandir una marca, no fueron suficientes.

Así las universidades ecuatorianas que estuvieron en este pabellón no lograron llegar a todos los lectores que planificaron. Y sus libros, a precios exageradamente ínfimos, no tuvieron el eco necesario para arribar a los cientos de lectores ecuatorianos.

Si el propósito era crear una ruptura entre editoriales universitarias y comerciales, pues se lo hizo. La lejanía entre ambos pabellones fue una mala estrategia, pensada más para segmentar al público.





Los eventos

¿Cómo se mide el éxito de un evento? ¿Por la capacidad de convocatoria del autor o autores o por la capacidad de organización de quienes lo coordinan?. Sea como sea en mis días de exploración en la FIL’Q 2013 varios de los eventos no contaron con un público mayoritario.

Santiago Gamboa tuvo un conversatorio con apenas unas quince personas (y eso que se trataba del área de presentaciones en la planta superior del pabellón principal). Autores menos conocidos y con poco poder de convocatoria pasaron casi desapercibidos.

Vi a mucha gente desorientada en busca de una sala a la intemperie (Sala 3) y eventos donde la entrega del libro a presentarse servía de enganche para hacerse de público.



La esperanza

La VII Feria Internacional del libro en Ecuador en el 2014 deberá volver a integrar a todos sus expositores. Acercar al lector tanto a las editoriales comerciales como a las universitarias e independientes. Que el lugar donde se desarrolle la feria sea un solo cuerpo lleno de múltiples opciones.   

Repetir lo que he apreciado este 2013 en la FIL’Q no le hará bien ni a los autores, editoriales, libreros, expositores y menos a los lectores.   

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