domingo, 10 de noviembre de 2013

Variaciones sobre un autor desesperado






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I
La primera vez que lo traicionaron era un pelado. Le dolió. Se fue de tragos con sus amigos de colegio. Moqueó todo lo que pudo. Al día siguiente y chuchaqui, agarró un lápiz, encontró espacio sin usar en uno de sus cuadernos y borroneó toda la desesperación que en aquel momento lo fulminaba.
La segunda vez que lo traicionaron, volvió a buscar con quienes desahogar sus penas. Y así como la primera vez, escribió, transcribió, lloró todo el ácido que lo devoraba.
La tercera y todas las veces posteriores que lo volvieron a traicionar buscó las fotos carnet de sus ex, leyó sus nombres, contempló una vez más las poses y dedicatorias a él. Recordó los sentimientos de aquellos años. Revisó el producto textual de todas sus traiciones: copia y pega de lo que le habían hecho, purita verdad. Así que juntó las fotos a los textos, prestó un billete, se encomendó a la virgencita de Monserrate y publicó su primer libro. 

II
Es un desesperado. D-e-s-e-s-p-e-r-a-d-o. Uno que me desespera más de la cuenta. Uno que ve hacia una dirección donde solo hay transeúntes en busca de buses interprovinciales, que maldice a un espejismo, que exige le vuelvan a llenar su vaso.
No lo entiendo, o lo entiendo pero intento decirme que es mejor dejarlo a la deriva, como un pescador solitario de sueños, que hunda su nave, que termine flotando en la poza y que se convierta en una casa de peces ambulante.

III
La suya es una historia de amor de telenovela criolla. Un paquete de servilletas no bastaría para aguantar el sufrimiento de su vida. Le han dado duro, desde la musa Blanca sucia hasta la Colorada infiel, todas le metieron la mano al pecho, le arrancaron el corazón, lo pisotearon y bailaron sobre él una cumbia frenética.

IV
Se quiso matar: el sueño de todo romántico. Que lo lloren, sufran, pataleen en honor a su ausencia. Que su nombre sea un recuerdo que arda en cada boca. Volverse una leyenda, aquella historia para asustar a las parejas en sus días de peleas.
No lo hizo. Se imaginó como muerto. No se gustó.

V
Copa brava los llama, están en el mismo sitio donde los dejó meses atrás, tal vez hace unas semanas, quizás días u horas. Ninguno ha cambiado, quizás sus hígados envejecieron en su ausencia, tal vez lograron una conclusión a sus temas interminables. 
Con ellos reconstruyó las escenas de los crímenes en su contra. Contempló a su yo del pasado siendo víctima, uno que jamás aprendió la lección. Uno que fue tras sus victimarias implorando más dolor.
Todo él un círculo que no se cansa de recorrerse.

VI
“Me enamoré como nunca había amado, y por culpa de esa mujer me quedé en la ruina y endeudado”, repite mientras vuelve a mirar al vacío. Ve fantasmas. Espectros que llevan pantalones apretados y faldas teñidas con la palabra traición. Labios que pronuncian su nombre en una danza de alegría interminable. Siluetas que estuvieron a su lado, que respiraron, que rieron, que compartieron secretos. Siluetas que ya no están. Fantasmas de caderas inquietantes que afilan y lanzan navajas hacia un muñeco parecido a él.

VII
Su vaso-pitonisa, vaso-oráculo. En él todas las interrogantes han encontrado respuestas.

VIII
Compadre, “me hice poeta por accidente, cuando conocí la traición de una mujer”. Y lo dice sin remordimientos. Lavado por el llanto del pasado. Seguro de que en esta ciudad alguien más con el título de poeta no le hará daño a nadie. Porque en esta urbe de progreso, concreto y palmeras, los poetas se volvieron parte del paisaje.

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