viernes, 15 de noviembre de 2013

A un paso del paraíso (parte 7)




Su esposa, Penélope le recriminaba la eterna incapacidad para retener los trabajos, incluso uno tan valioso para él como el de secretario de una intelectual reconocida a nivel internacional.
Entonces Pulido, ya harto, la sentó a su mujer en la mesa de comer de la cocina, se sirvió un buen trago de whisky con hielo, y le empezó a hablar de la persecución que los militares le hacían, con la probable finalidad de ocasionarle la muerte. Penélope lo volvió a mirar con la vieja mezcla de terror y odio con que lo miraba en la década de los 70’s, cuando Pulido la atacaba y la agredía por el bombardeo radial de la porquería de música latina, con que sus enemigos cobardes y fantasmas le propinaban.
Y ella le dijo:

-         Joey, otra vez vas a volver con eso...
-         Mija, nunca he dejado de ser un perseguido político desde que empecé a escribir. Soy una víctima del verdadero terrorismo latinoamericano, que tiene su cuna en Quito, Cuba, Venezuela, Madrid y ciudad de México. Latinoamérica, España y México son una gran cadena de terror, que se está esparciendo como caca de gallina por todo el planeta con el apoyo entusiasta de la política exterior de Estados Unidos.
-         Tú sabes bien que yo no entiendo nada de eso de lo que tú escribes...
-         Sólo trato de hacerte entender el motivo por el que no puedo trabajar. Me consideran un peligro para cultura hispanohablante, ¿comprendes?
-         No, no entiendo de lo que me estás hablando, me parece todo tan disparatado y loco...
-         Mija, para los militares serranos, que son los únicos que se benefician de esta persona jurídica que se llama Ecuador, yo soy más peligroso que la ETA de España, ¿comprendes?
-         No. Y deja de hablar de esa manera y de esas cosas de terrorismo, que me asustas, además creo que te estás haciendo un gran daño al obsesionarte con la idea de que eres un perseguido político.
-         Mija, ellos cuentan con tu lógica mormona, que fomenta tu incredulidad, al negar mi problema, nuestro problema, el único perjudicado soy yo y a la larga toda la familia, ¿ves?, ¿no lo puedes ver?
-         ¡Por Dios, Joey!, me marea oírte hablar así, me marea y me enloquece, ¡un perseguido político!, ¿y qué se supone que hiciste con tus escritos?
-         Engañé a un Presidente serrano, lo hice quedar en ridículo ante el concierto de las naciones del planeta, le metí una patada en el trasero, le metí el puño en el culo al honor de la Presidencia del Ecuador...
-         Joey, ¡por Dios!, óyete lo que estás diciendo, estás desvariando, otra vez...
-         Lo que pasa es que tu perteneces al sistema telúrico de mierda que yo detesto. El mismo sistema telúrico de mierda que te puso en el camino al serrano hijoputa de Valencia, que te hace la vida imposible para que renuncies.
-         Ese longo de mierda odia a las mujeres y a TODAS les hace la vida imposible y entorpece el trabajo de TODAS. No es sólo a mí, como tú dices.

Después de aquella inútil conversación, Penélope le dijo a su esposo que se arrodillase junto a ella para que se pongan a orar. Pulido nunca podía decir a nada y empezó a soportar el dolor que su peso le ocasionaba a las rodillas. Escuchó y escuchó las largas letanías y peticiones de su esposa al Padre Celestial y a duras penas pudo seguir aguantando el dolor de las rodillas, cuando ella terminó su plegaria mormona. Después de eso para Pulido todo seguía igual, nada había cambiado para Pulido.
Por fin la salvación llegó una tarde en que se encontraba atontado por la nicotina, mientras miraba junto con Pava Loca, Iván Reinoso y Carlos Xavier Achí, acostado en la arena, a unos bellos adolescentes correr olas en Paco Illescas. Su amigo de la infancia, Leonardo, apareció de repente y le preguntó si estaba trabajando y al saber que no, le dijo si quería trabajar conduciendo un taxi amigo.
Aquí Pulido tenía que trabajar tres días de día, de ocho de la mañana hasta las ocho de la noche. En este trabajo Pulido le llegó a coger terror a los vigilantes. Pulido no cogía un volante desde hace mucho tiempo, cuando lo habían citado por manejar en contravía. Como nunca tenía un trabajo estable, nunca había pagado la multa y el tiempo había pasado hasta que la citación caducó. Para rematar, el Hyundai Matrix, que manejaba Pulido, no tenía la placa de atrás, y a los malditos cabezas de la Comisión de Tránsito se les ocurrió la idea- seguramente sugerida por P2 Inteligencia Naval-, de realizar un operativo de placas. Luego se inició otra clase de operativo en Petroecuador, - también seguramente una idea sugerida por P2 Inteligencia Naval-, que urgía a la DNH, Dirección Nacional de Hidrocarburos, a vigilar a los expendedores de gas para clausurarlos si vendían los cilindros a los taxis amigos. De esta manera Pulido cada vez le cogía más y más odio al Ecuador, país maldito en el que no podía vivir ni trabajar. Y se sentía mucho más tranquilo y sosegado, cuando trabajaba manejando en las noches y madrugadas. Aquel trabajo era sumamente estresante, había que estar pendiente de la radio, donde una áspera y grosera señorita le hablaba a Pulido en una clave casi ininteligible. Seguramente para, supuestamente despistar a los demás clientes o escuchas invasores.
En una ocasión lo llamaron a Pulido a que vaya a recoger a una profesora de un jardín de infantes. La chica era linda y le pareció algo muy ocurrido cuando Pulido le dijo que casi eran colegas porque él era escritor. Se cayeron tan bien que ella le dio su número de teléfono para que se pusieran de acuerdo en salir un día domingo que estén libres los dos. Pero Pulido la llamó una noche en que andaba en el taxi y se la llevó a trabajar. A ella le gustaba pasear en el carro con Pulido. Se sintonizaron tan bien que ella terminó haciéndole el sexo oral mientras él conducía despacio por las solitarias y nocturnas carreteras de Salinas.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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