domingo, 27 de octubre de 2013

Mi vida desde la literatura

Bill Borgens, personaje del film Stuck in love (2012) dirigido por Josh Boone.  



Mi padre quiso ser poeta. Borroneó muchos textos, juntó palabras para propósitos específicos y valederos: cartas a posibles novias, conquistas fugaces, amores con los que tal vez aún sueña. Mi padre me dejó en sus libros poemas inéditos y melosos, versos que jamás se atrevió a enseñar, papeles amarillentos que aún conservan su fecha setentera. Mi padre tuvo la valentía de evitar la ridiculez de autoproclamarse POETA, y mantuvo la cordura de no publicar nada.
Ahora mi padre lee todo aquel texto que lleva mi nombre, y yo recuerdo su legado: aquel montón de literatura dejado en la casa.

Mi primera novela
Hoy le he contado a mi padre que una editorial nacional publicará mi primera novela. Celebramos, nos vamos a la playa, destapamos unas cervezas (me acompaño con un Líder) y recorremos la orilla. Ha sido mi lector y hasta mi corrector, conoce la trama de la historia, sabe de los personajes, de aquel final inverosímil y necesario. Todo conoce de la novela, y sin embargo deja de caminar, termina su cerveza de un solo trago, pide un cigarrillo (le importa un pepino haberlo dejado hace años) y me obsequia aquella mirada colérica que recuerdo de niño, todo porque se trata de otra novela, una nueva y desconocida para él.
“Después de la corrección no la sentí mía” le digo en mi defensa. Y entonces estuvo esta otra historia acosándome, insistiéndome cada día, siendo esa tonada extrema que va sonando dentro de uno, todo con tal de escribirla. Eso hice. Eso salvé de mí mismo.

Los libros no escritos
No sé cuántos manuscritos escribió mi padre. Cuántos años estuvo escribiendo en cuadernos de los que solo hallé páginas. Cuántos años hizo bulla sobre su máquina de escribir que jamás encontré ni en fotos. Mientras su soledad era acompañada de la música de sus acetatos: aquella colección que salvaguardó en su juventud de todo intruso y que finalmente desapareció ante las travesuras de su primogénito.
La única vez que le pregunté de sus poemas, de sus cartas, de sus posibles relatos, prefirió callar. Cogió uno de los álbumes familiares y me señaló aquella foto en la que soy un bebé y estoy en sus brazos. “Ahí está toda mi literatura”, me dijo.




Rusty y Samatha Borgens, los hermanos escritores del film Stuck in love.




Los años de ausencia
Mi padre aún guarda la esperanza de que mi madre regrese a él, que todos estos años de ausencia vuelvan para siempre. Que el pasado sea una pesadilla al final del día. Por eso aún sigue rondando por la casa, y en las noches cuando la cortina de la sala está sin correr y el perro ladra más de la cuenta, sé que del otro lado está él, observando a mi madre. Esperando la solución.
Y yo escribo sobre él, desde un personaje marcado por la locura, un asesino que va manchando camas y relaciones, que ha jurado aniquilar a visitantes de moteles, que va en busca del dolor ajeno, que corta y perfora carne, que goza escuchando los gritos, que va agregando nombres a una lista interminable para su venganza.

Mi biblioteca
Cuando mi padre visita mi casa, jamás se fija en mi biblioteca. Y aunque sé que ha visto con detenimiento mi colección dedicada a Stephen King jamás me ha preguntado por este autor, por sus títulos de nombres sugerentes, por aquellas portadas terroríficas. Pero lo asocia, sabe que de una fuente engordé mi visión sangrienta, que de algo me alimento, que si están ahí, sobre la tarima, en orden, casi junto a mi computadora, es porque se volvieron esas lecturas importantes.
Lo que no sabe es que cada uno de los libros que están en mi biblioteca guarda una historia, que cada subrayado es un pasado en el que me reconozco, que he vivido a través de muchas páginas, de personajes, de sus patéticas y a veces alucinantes historias.

Regreso a mi novela
“A mi padre”, a él dedicaré mi novela. Será una historia que aborrecerá. Tal vez me odie tras leerla. Renegará de su hijo, dirá una vez más y con insistencia que aquel tipo cuyo apellido es igual al suyo no guarda ninguna relación consigo. Buscará una olla vieja, algo de gasolina y con una colilla encendida desaparecerá aquel fantasma de historia exagerada, distorsionada por los años. Aquel sucio testigo de una vida que pudo ser mejor, que quiso ser mejor y que lo fue en su momento. Pisoteará las cenizas.                     
Mientras tanto vuelvo a pensar que mi padre quiso ser poeta. Y su voz se va volviendo la voz de un personaje, de uno al que llaman Bill Borgens, y yo no soy un hijo único, sino el conjunto de todos sus vástagos, que viven con felicidad y tristeza desde aquel sueño titulado Stuck in love (2012).   

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