domingo, 8 de septiembre de 2013

La felicidad de Pulido (parte 10)




Pulido sentía que necesitaba salir al patio a fumarse un último cigarrillo, porque se le querían saltar las tapas de los sesos de tanta confusión.
Lo único que se le ocurrió responder a Katiuska, era que necesitaba un poco de tiempo para poner en orden su cabeza y consultar el proyecto con su esposa, que de paso le fue advirtiendo que era mormona y ella le dijo:

-         ¿Tal vez primero debería pensarlo usted y luego conversar con nosotros?, a lo mejor llegamos a la conclusión de que no sería necesario que su esposa se entere de todo el asunto, ¿no cree?, el dinero no es ningún problema para nosotros, y usted lo necesita mucho para sus hijos, ¿no es verdad?, ¿no le parece mejor que primero lo piense usted solo y luego hable con nosotros?

Pulido, completamente demente, le dijo que aceptaba, que lo pensaría en silencio y luego se disculpó, pero tenía necesidad de colgar y se disponía a cerrar. Pero antes de cerrar el teléfono le pidió a Katty que lo pusiera al habla a su esposo Sergio. Cuando el señor Palma cogió el auricular, Pulido le dijo:

-         Escuche jefe, hay algo que no aparece en sus expedientes y que creo que necesita saber...
-         ¿De qué se trata?-dijo Sergio-.
-         Soy bisexual, dijo Pulido.
-         Ah, ya comprendo. Le agradezco su sinceridad, creo que es un dato importante que tengo que decírselo a Katiuska oportunamente. Nuevamente gracias por su sinceridad, creo que esto, lamentablemente, va a cambiar de manera radical las cosas.

Aquella noche, era la noche de las llamadas y el teléfono volvió a sonar y esta vez contestó Pulido. Al otro lado se puso al habla una anciana que decía llamarse Beatriz y que le ofrecía trabajo a Pulido como chofer.
Pulido no dudó ni un segundo en decirle que sí, pero ella agregó:

-         Pero quiero chupárselo mientras usted conduce...
-         No hay problema-dijo Pulido-. Pero sería mejor que me diga dónde encontrarnos porque usted está llamando a la casa de mis padres y ellos pueden escuchar...

Entonces la anciana dijo:

-         Usted no entiende...

Y cerró la comunicación.
Luego volvió a sonar el teléfono y esta vez se escuchaba al otro lado del auricular el suspiro de alguien. Finalmente aquel ser se animó a hablar y dijo llamarse Betty. Luego le dijo que había leído sus libros DEMOCRACIA & LIBERTAD y LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA y todos sus poemas eróticos y que ella lo único que quería era chuparle el pene, pero sazonado con salsa de tomate.
Pulido le preguntó:
-¿Cuántos años tienes criatura?

Y ella cerró la comunicación.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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