sábado, 17 de agosto de 2013

La felicidad de Pulido (parte 7)





Una vez más Pulido se encontraba desempleado, viejo, desesperado, con el alma intranquila, subiendo y bajando la loma de su barrio a punto de sufrir un infarto o un derrame y fumando muchos cigarrillos para tratar inútilmente de controlar su ansiedad. A veces le daban fuertes crisis de tembladera que lo mandaban directo a la cama a dormir hasta que se le pasara toda la agonía.
Pero con más decisión que nunca Pulido terminó de darle forma a su manuscrito titulado: LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA y de inmediato empezó a buscar financiamiento para su obra. Algunos negocios lo volvieron a apoyar, otros se negaron por encontrarse en medio de una crisis económica. También le tocaba el sentirse humillado por gerentes déspotas que lo trataban como una basura que se tenía que sacar afuera. Algunos gerentes lo trataban como un desubicado que necesitaba un transplante de tierra donde lo comprendieran y apoyaran.
Con la últimas, Pulido pudo volver a pagar la imprenta y nuevamente en la imprenta se encontraba trabajando como un demente, corrigiendo las pruebas, hablando por teléfono, intercalando las páginas, revisándolo todo, una y otra vez, de manera demencial, una y otra vez, hasta caer en la cama donde dormía el dueño, mareado y agotado por el esfuerzo. Una mañana se encontró, que en la puerta de la imprenta lo estaba esperando Sandra Lee. Después de eso, Pulido le hizo escribir los nombres de algunos autores, cuya lectura la conducirían por el mejor camino hacia su perfeccionamiento en el difícil terreno de las palabras. Sobre todo le dijo, con insistencia un poco exagerada, que no se olvidara de estudiar a Balzac, ya que un escritor que desconocía a Balzac no podía comprender la naturaleza humana, reflejada en obras como papá Goriot, por ejemplo.
Luego le leyó una poesía de Ileana Espinel Cedeño:

Tú sabes muy bien que cuando uno está enfermo
Todo se hace insufrible: el ruido de la máquina, el chirriar de la puerta. Y la voz
Madre mía, tú sabes que cuando uno está enfermo todo se hace adorable:
La sonrisa de un niño. La caricia de un ala. Y tú tú lo sabes muy bien...
Y si lo sabes, di
¿Por qué te duelo tanto?

Después de eso la invitó a desayunar opíparamente y se despidieron para no verse nunca más. Cuando ella se iba, de pronto se detuvo se volvió para despedirse nuevamente de Pulido y le dijo:

-         Siempre serás mi marido...


La venta de su segundo libro: LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA no fue tan exitosa como le sucedió con DEMOCRACIA & LIBERTAD. De vez en cuando un ex profesor universitario de Pulido, le pagaba con un billete de cincuenta dólares y le decía con poco disimulado orgullo:
-         Tú eres mi alumno.

Entonces, Pulido le preguntó si lo había leído todo y el viejo profesor puso cara de espanto y le dijo:

-         No todo, mijo, no todo...

Y Pulido le preguntó todo temeroso y lleno de dudas:

-         ¿Cree usted que debo seguir escribiendo, profesor?
-         Sí, escribe, mijo, escribe, de que tienes madera de escritor, tienes madera...


Pero ya la venta de este segundo tomo no era la misma. A veces Pulido tenía que vender su libro con un valor inferior a los cinco dólares establecidos, lo vendía a cuatro, tres y otras veces lo tenía que vender a un menor precio todavía, incluso llegó al extremo de cambiar un libro por un almuerzo.
Penélope veía con sincera tristeza como su esposo luchaba contra la depresión, el nerviosismo y la falta de valor que padecía para salir a las calles nocturnas de Salinas a vender sus miserables libros, que tenían en la portada una foto antigua, y en perspectiva de la calle principal de Canoa.
Pero Pulido no se rendía, tenía una misión que cumplir y lucharía implacablemente hasta vender hasta el último libro.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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