sábado, 20 de julio de 2013

La felicidad de Pulido (parte 5)




Después de muchos días de seguir buscando trabajo en el día y de escribir por las noches su segundo libro titulado: LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA, recibió un telefonazo de Susana, en el que le decía que estaba muy agradecida por haberla respetado aquella noche y no haberle hecho nada. Al parecer no se acordaba de lo que en realidad había pasado. Luego le decía, que ya le tenía listo el trabajo en el Puerto y que venga con los papeles necesarios. Una vez más Pulido regresaba al Puerto y de entrada se encontró con un mudito que por señas vendía consoladores de plástico para mujeres y homosexuales, películas porno, condones, lotería y periódicos. Este mudito apodado, Comebicho, que cada vez que hablaba cerraba el ojo derecho, en una ocasión caminando detrás de un tripulante borracho, que recién salía del Puerto, vio cómo a éste se le caía un fajo de billetes de cien dólares y el mudito estuvo hecho con ese billete y se compró un carretilla de hot dogs, que vendía unas salchichas gigantescas. Todos en el Puerto le compraban los hot dogs al mudito Comebicho, que las vendía con pequeños gritos sordos, gestos cómicos y señales.

Pronto, Pulido fue escoltado por un infante de marina, hasta la oficina de un oficial de Inteligencia Naval, y ahí fue rápidamente entrevistado. Cada vez que Pulido iba a hablar, era interrumpido por el oficial de la marina, hasta que por último, le dijo que vaya directamente a trabajar. Al parecer, el poder de Susana era grande, tremendamente grande, para meterlo a trabajar como un rayo.

La primera función de Pulido, era la de controlar los papeles de los contenedores, que traían carga refrigerada para exportación y en general todos los papeles de los contenedores y camiones para exportación. Pulido revisaba, casi mecánicamente, los papeles y pronto fue conocido por los camioneros como: EL IRLANDES, porque siempre los dejaba pasar, sin hacerles mucho problema. Así era Pulido, un hombre de pueblo, que era querido por todos. Pronto Pulido se dio cuenta de cuál era la falla en aquel sistema. El Puerto necesitaba de una ventanilla exclusivamente para la exportación, ya que ese era el rubro más importante para el país y le parecía que la ventanilla tres era la más apropiada. De la misma manera como los bancos tenían una ventanilla especialmente para los depósitos, así debería tener el Puerto para los camiones de exportación de carga refrigerada y perecible. Por ejemplo, si un camión refrigerado repleto de piñas se quedaba sin frío y se podría la fruta, el dueño podía estar perdiendo casi veinte y cinco mil dólares.

Entonces un día fue a la oficina de Susana y le dijo lo que pensaba y ella, un poco avergonzada de verlo nuevamente, le dijo que le hiciera un informe por escrito y que se lo entregara. Y Pulido hizo exactamente aquello y se fue muy contento por su genial idea. Al día siguiente, todos los compañeros lo miraban con más respeto, porque por un motivo que nadie sabía, la ventanilla tres, sólo era destinada para la continua entrada de camiones para la exportación y ya no tenían que esperar ni hacer colas inmensas con el peligro de que se quedaran sin combustible o de que se les arruinara la carga refrigerada por algún desperfecto en el sistema refrigerante.

Luego, llegó el día del trabajador y a Pulido le tocó trabajar en la madrugada. En una de las ventanillas trabajaba un pariente lejano por parte de la madre de Pulido, que era bombero y que tenía la manía de comer a cada rato, inflando de esa manera su descomunal barrigota. Siempre que lo veía a Pulido, le enseñaba una tarrina repleta de guatita y le decía:
-         ¡Familia!, ¿quieres jama?


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


No hay comentarios: