domingo, 26 de mayo de 2013

La felicidad de Pulido (parte 1)



El mundo hará sin ninguna bondad lo que no hagaís por vosotros mismos.
Saul Bellow

Las muertes de otros nos van matando poco a poco, hasta que no quede nada; y también esto, esta nada, será en cierto modo una merced.
John Updike

La fortuna es una rueda, cuyo continuo movimiento a nadie deja gozar largo tiempo de la felicidad.
HERODOTO

Cuando se terminó la venta de los trescientos ejemplares de DEMOCRACIA & LIBERTAD, Pulido se había gastado todos los mil quinientos dólares en comida, impuestos y demás gastos de la casa. No podía creerlo, en total se había metido mil quinientos dólares en dos meses de duro trabajo nocturno.

Incluso llevó a la familia entera a comer pasteles y capuchinos en Sweet & Coffe. Su padre veía ese acto como una manifestación de derroche del dinero. Y le decía a su hijo:

-         El pastel llena de mucha azúcar la sangre de las personas con propensión a la gordura. Y el café es una patada para el páncreas.


Ahora no sabía qué hacer. Pero, ahora, por las noches, había iniciado un nuevo manuscrito titulado: LA RESPONSABILIDAD POLÍTICA, que contenía su primer capítulo titulado: TODOS LOS HOMBRES DE LA INDEPENDENCIA DE LA PROVINCIA DE GUAYAQUIL. Este manuscrito realizaba un profundo análisis sobre las falencias del sistema Presidencialista en el Ecuador y su tradición centralista española. Y Pulido, en aquel documento, pedía un cambio en el sistema político ecuatoriano, para pasar del Presidencialismo al Parlamentarismo Federal Provincial. Joey fundamentaba sus racionamientos en las abismales diferencias sociológicas, antropológicas, políticas, ideológicas, raciales, etnológicas, lingüísticas y de costumbres entre los costeños y los serranos. La Constitución tenía que ser sometida a un cambio, para que los costeños dejen constantemente de ser arrastrados al desastre económico y político, por las pésimas decisiones que se tomaban en el sistema político centralista de Quito, heredado de España. Al respecto Pulido tenía una teoría bastante interesante. Para Pulido la causa del atraso de Latinoamérica era su herencia española. Los españoles conquistaron el continente en pleno oscurantismo de la contrarreforma y eso había sido como el contagio de la peste para la mentalidad política del continente, que se contagió de ese encierro intelectual, ese orgulloso mirar hacia adentro que impide el desarrollo de una cultura más liberal y cosmopolita. Mientras que en el continente estadinense el descubrimiento y la conquista llegó a pisar tierra firme en plena reforma de tal manera que la libertad y la autonomía llegaron para apuntalar el desarrollo mental y la autosuficiencia de la gente.

Incluso, Pulido afirmaba la necesidad de que la costa tuviera sus propias fuerzas armadas y policía, compuesta por miembros nativos de la costa, su propia academia de la lengua, su propio diccionario y que, dentro de la nueva provincia de Guayaquil, compuesta por Manabí, Machala y Guayas, circulara una nueva moneda que se llamaría EL DESTRUGE, en honor al patricio guayaquileño Camilo Destruge Illingworth, y que la bandera de este nuevo Estado, fuera la bandera celeste y blanco de Guayaquil, con sus tres estrellas que representaban las tres provincias antes mencionadas, para dejar de utilizar la odiosa y poco original bandera tricolor, esa mala copia de la bandera de Venezuela, que el viejo Eloy Alfaro Delgado le había impuesto a los costeños, cometiendo el estúpido error de volver a unir la civilización de la costa con la de la sierra, que eran verdaderamente antagónicas e incompatibles, unión, que representaba el no menos odioso bolivarianismo.

Su madre, que era una mujer previsora, le dijo que había hablado con su sobrina Rose Mary, y que ella, le conseguiría un trabajo en el Puerto de supervisor de unos montacargas. Pulido recibió su uniforme, sus botas, su casco, y sus credenciales de ingreso al Puerto.

Todas las mañanas, Pulido se fumaba su último cigarrillo, volvía a decidir dejar definitivamente el cigarrillo y empezaba su jornada de trabajo, y luego, a coger el colectivo de la catorce para ir al Puerto.
  
Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)

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