miércoles, 15 de mayo de 2013

El regreso de Pulido (parte 15)





Ahora que estaba sin trabajo, se dedicaba por entero a terminar de escribir su manuscrito político que se titularía: DEMOCRACIA & LIBERTAD.
Cuando terminó de escribir a máquina, el documento parecía y tenía el grosor de una guía telefónica, y de inmediato empezó a buscar una imprenta que le apoyara. Al final del largo camino, encontró una que le cobraría 600 dólares por imprimir trescientos ejemplares. Ahora Pulido tenía que buscar la forma de financiar la publicación de su libro, su gran testamento político.
Entonces, una noche salinera, mientras escuchaba la canción TAKE IT EASY de los EAGLES, recordó sus primeros días como vendedor y se volvió al ropero de su padre, y de ahí sacó un terno gris, con el que lo habían elegido vicepresidente de la facultad de filosofía de la universidad, pero aquel traje ya no le quedaba. Entonces fue a la casa de su primo Eddie, y le pidió un terno viejo, que ya no usara y al ponérselo, se dio cuenta de que le quedó bien aquel terno café.
Con aquel traje, empezó a visitar los locales comerciales de Salinas y pronto se dio cuenta, que aún quedaba algo de la magia del viejo Pulido y pronto comenzó a conseguir auspicios de 50 y 100 dólares a cambio de logotipos en la contraportada de sus trescientos libros.
Pulido visitaba restaurants de comida cruda japonesa, patios de venta de vehículos, academias de modelos, salas de masaje, bares de streap tease, almacenes de muebles, peluquerías, pistas de patinaje, supermercados, cafés, pizzerías, discotecas y hasta talleres automotrices.
En una ocasión, una chica guapísima, llamada Gabriela, hija del dueño de un almacén de venta de muebles, quiso leer el tremendo manuscrito, titulado: DEMOCRACIA & LIBERTAD, antes de decidirse por apoyarlo con un auspicio, y Joey se quedó halagado e impresionado. Pulido la invitó a tomar un café y ahí le entregó el gigantesco manuscrito. Después de dos semanas, Gabriela lo llamó a la casa y se volvieron a citar en aquel café Sweet & Coffee y ni bien ella lo vio acercarse, se le abalanzó a los brazos y le preguntó si quería hacer el amor con ella...
De inmediato Pulido se la llevó a un hotel del centro de la ciudad y ahí, entre sábanas sudadas por el calor, se amaron tierna y apasionadamente hasta las ocho de la noche.
Pero después de eso nunca más la volvió a ver. El almacén de muebles cerró y Pulido nunca más supo dónde volver a encontrar a aquella deliciosa chica.
Cada vez que Pulido conseguía un auspicio, corría a la imprenta y lo entregaba al dueño que lo depositaba en una cajita metálica, y luego, pedía un recibo, para entregarlo al cliente, cuyo logotipo iría en la contraportada de los libros.
Un día, que había conseguido un auspicio de 100 dólares, comprendió que había financiado sus trescientos ejemplares de DEMOCRACIA & LIBERTAD y se sintió completamente saturado de felicidad. DEMOCRACIA & LIBERTAD estaría dedicada a la memoria de su amante Doris, una de las primeras víctimas del SIDA a inicios de los 80’s.
La portada de su libro sería una foto antigua del malecón de una Salinas que ya no existía, con casas de madera e iluminada románticamente con velas.
En la imprenta, todo el ambiente estaba saturado de una loca excitación, que le daba a la oficina la atmósfera de un manicomio. La guapa secretaria hablaba y hablaba por teléfono mientras tipeaba y tipeaba en la computadora realizando sin ganas el levantamiento del texto.
Cuando el trabajo estuvo impreso, el dueño de la imprenta colocó a un entenado de nacionalidad venezolana a intercalar las hojas para darle forma al libro. Este muchacho se pasaba las horas intercalando las hojas con la velocidad del rayo, pero también no desaprovechaba ni un segundo para burlarse del contenido del libro de Pulido. A veces se detenía y leía un párrafo en particular y todos los miembros de la imprenta se reían a mandíbula batiente de los textos jocosos que había escrito Pulido. Luego llegaba el hermano del dueño de la imprenta, justo a la hora del almuerzo y siempre traía un paquete de mortadela con limón y una cola familiar. Invariablemente, todos le caían encima y devoraban hasta el último pedazo de mortadela.
En aquella temporada, una de las hijas del dueño de la imprenta, se había metido de bailarina en un grupo de chicas que cantaban, y se discutía con bastante acaloramiento sobre las dimensiones del escote del traje de las chicas para que no revelasen demasiado las tetas de las bailarinas, y Pulido ya harto de escuchar tanto moralismo, le dijo al padre de la chica:
-         ¿Por qué no, mejor, las visten con trajes de monjas?

Y el dueño de la imprenta le respondió:

-         Tú no te metas, que son las tetas de mi hija, no las de tu hija.

Y luego, se partieron de la risa.
Pulido trabajaba en la imprenta, ayudando en el levantamiento de texto, en la intercalación de las páginas, en la corrección final de las pruebas y lo supervisaba todo con un entusiasmo incansable. El tiempo se hacia interminable, y Joey no sabía cuándo estarían listos sus libros para empezar a venderlos. En cambio en casa era otra historia. Su familia ahora sí creía que Pulido se había vuelto loco. ¿Un libro sobre política que contenía poemas eróticos? Seguramente se trataba de una chifladura. Su padre aprovechaba la oportunidad para hablarle, cuando encontraba a su hijo solo con sus pensamientos y preocupaciones, y le preguntaba lleno de ansiedad:

-         ¿Estás seguro de lo que estás haciendo?

Y Pulido invariablemente le contestaba lleno de impaciencia:

-         Sí, papá, déjame en paz, ¿quieres? Pronto tendremos algo de dinero con la venta de los libros, ¿sí?


Finalmente llegó el día en que los trescientos ejemplares estaban listos para ser cortados. Pero pronto Joey se dio cuenta que sus libros, colocados en las vitrinas de las librerías, no se venderían, así que salió en las noches a las calles de Salinas –como cuando salió a pedir caridad por la anemia perniciosa de Penélope-, a vender sus libros y pronto ocurrió ¿el milagro?, DEMOCRACIA & LIBERTAD se vendía como pan caliente. Era un libro del tamaño de un cuarto y gordito, porque tenía trescientas doce páginas.
La gente y los turistas lo compraban como un recuerdo turístico y como una novedad, pero no sabían que estaban comprando el trabajo de un hombre desesperado que había sufrido más de treinta años para poder escribirlo. A algunas personas les llamaba la atención el análisis político de grandes vuelos intelectuales, al estilo de Octavio Paz, Mariano Grondona y Henry Kissinger. Otros, en especial las mujeres adolescentes, sentían cierta predilección por los poemas eróticos, y los comunistas no terminaban de entender, cómo un autor de extrema derecha, pedía a gritos y con tanta vehemencia.
La venta de DEMOCRACIA & LIBERTAD fue un éxito nocturno, y cada noche, Pulido regresaba a casa con veinte dólares en el bolsillo, que invariablemente se los entregaba, lleno de felicidad a Penélope. Hubo, incluso, un amigo de Pulido, que le giró un cheque de cincuenta dólares por un ejemplar. Penélope y sus dos hijos, bailaban de felicidad, y los tres saltaban sobre la cama. Su padre estaba confundido, enredado su pensamiento, en una mezcla de felicidad y orgullo. Su madre, pequeño burguesa y más práctica, era completamente indiferente a todo aquel barullo de alegría por la literatura de su hijo, porque sólo eran trescientos libros, y cuándo los ejemplares se acabaren, ¿qué haría su pobre hijo?, ¿encontraría otro trabajo?
Incluso un amigo de Pulido le organizó el lanzamiento de DEMOCRACIA & LIBERTAD, en un bar bohemio para intelectuales y todo fue de maravilla. Pulido logró sacar sesenta dólares aquella noche.
A la mañana siguiente Joey se levantó con una seria molestia en el pecho. No podía respirar con tranquilidad, sudaba frío, era como si tuviera una obstrucción en los pulmones, le dolía el corazón y el brazo izquierdo. Penélope se lo llevó a una fundación médica de los mormones, para que le sacaran una radiografía de los pulmones y del corazón, y ahí, en aquella fundación, le dijeron, casi como una severa advertencia, que tenía que dejar de fumar tabaco no sólo porque era un pecado contra Dios, sino porque Joey se estaba matando.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)

(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)



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