jueves, 18 de abril de 2013

El regreso de Pulido (parte 13)





Un día, Pulido y un grupo de guardias, se fueron a beber a un bar de streap tease y una linda chica se le pegó a Pulido. Viendo a la bailarina mover las caderas mientras se quitaba, poco a poco la ropa, recordaba a Doris y se sentía melancólico.
La chica extraña se le tomaba la cerveza, lo sacaba a bailar apretadito, mientras en la rocola se escuchaba la canción: American Woman, del grupo THE GUESS WHO y luego, cuando Pulido ya estaba bien borracho, la chica se lo llevó a un hotel y le practicó el sexo oral hasta que la picha de Pulido estuvo bien dura, le colocó el preservativo y se dejó montar a pesar de estar enferma de la regla. Cuando Pulido terminó, y se lavaba en el baño, miró el reflejo de su rostro en aquel espejo, y su rostro se parecía mucho al vocalista R. Bachman que cantaba American Woman. Su rostro entrado en carnes, su bigote austríaco y su melena peinada con raya a un lado.
Pronto hubo un cambio en la cúpula de la administración, y el nuevo comandante escuchó de inmediato el rumor de que había un guardia cojo.
Este nuevo jefe llevaba a los guardias al muelle a realizar ejercicios de tiro, les prohibía usar guantes y pasamontañas a los guardias, que por la noche y madrugadas, hacían guardia en el muelle.
Pronto, el nuevo jefe lo llamó a su oficina a Pulido y se inteligenció de toda la situación, confirmando su cojera. Desde entonces lo colocaban a Pulido en los puestos donde debía permanecer parado, y Joey sufría de intensos dolores, hasta el punto de que le dolía la cadera, por estar apoyado en un solo pie. A pesar de no faltar ni un solo día de guardia y de soportar en silencio todo el sufrimiento, una noche lo despidieron.
Nuevamente la desesperación lo envolvía asfixiante y silenciosamente a Pulido. Joey fumaba y pensaba con desesperación y amargura. No sabía qué hacer, a quién acudir. Pulido no tenía Dios ni a nadie a quién implorar. ¿Tal vez San Vicente Ferrer se apiadaría de él? ¿Tal vez aquel Santo abogaría por su alma cuando ésta se consumiera en el fuego eterno del infierno? ¿Tal vez el alma perdida de Doris se le uniría en su sufrimiento? ¿Tal vez Dios lo perdonaría y aceptaría tal como era él y viviría en el Paraíso junto a Doris? En verdad os digo, que el desempleo lo hacía pensar en cosas estúpidas y sin importancia.
Una tarde, que bajaba la loma de su barrio, se encontró con una amiga suya, que era enfermera, y que se parecía a la actriz Natalie Portman, y le dijo que sufría intensos ardores al orinar y como ella trabajaba en un hospital, le dijo que vaya a hacerse un eco en la próstata.
Ella lo llevó al baño, le desabrochó la bragueta, le cogió su penecito y le ayudó a orinar dentro de la botellita esterilizada.
Al final le dijeron que su glándula tenía el porte normal de una nuez y que no pasaba nada. Después, su amiga le dijo que le tenía una linda sorpresa, y Pulido estaba impaciente por saber de qué se trataba, pero ella le dijo que sólo se lo diría si la invitaba a cenar, después del turno. Después de la cena, Pulido la emborrachó a su amiga enfermera y se acostaron.
De entrada, Pulido le dijo que la iba a penetrar por el ano y ella se reía, nerviosa, y cuando Joey la empezó a penetrar ella le decía, despacito al oído:
- ¡Ay, Joey!, ¡ay, Joey!, ¡ay, Joey!, así no, mijo, ¡ay, Joey!…
Cuando ella experimentó el tercer y descomunal orgasmo, sacó de su carterita un cigarrillo de marihuana, se lo fumó, se tomó medio vaso de whisky y le dijo que le tenía un trabajo como guardia de seguridad, pero que ahí los turnos eran de doce horas. Pulido aceptó de inmediato, ya que su cojera había disminuido, se podía disimular y ya no lo molestaba demasiado.
De inmediato llenó todos los papeles y acudió a las charlas de inducción, que incluían una sesión de judo, con un viejo serrano que se cansó de revolcar en el tatame a Pulido, una y otra vez, y siempre se quedaba admirado de que pese al dolor, Pulido no se rendía, hasta que finalmente fue aceptado y le dieron el trabajo. Luego se probó el uniforme y pronto estaba haciendo guardia en la recepción de un hospital. Ahí se encontró con Bolaños, un viejo amigo de la preparatoria del colegio, que ahora trabajaba de visitador a médicos. Las noches eran de una tranquilidad infinita ya que Pulido no tenía nada que ver con emergencias y podía quedarse ahí tranquilo, pensando en su siguiente poema erótico o en retocar su nuevo manuscrito político: LA FILOSOFIA CAPUCCINO. Luego la compañía lo cambió a la guardia de una empacadora de camarón y aquí la novedad era que todas las mañanas Pulido recibía una tarrina de camarones hervidos, que salían del laboratorio de la planta. Su padre era el más contento con aquel trabajo de su hijo porque a él le gustaban mucho desayunar camarones. Un lujo que la familia de Pulido ya no se podía costear.
Por las noches, Pulido era testigo de la presencia de un gigantesco zorro que se introducía en la planta y de inmediato reportó aquel suceso.
En una ocasión, una obrera guapísima, que se parecía a la actriz Olivia Newton John, se hirió en un dedo de donde salía abundante sangre. Como no había en aquella planta un botiquín, Pulido se le acercó a la chica y le dijo que el mejor coagulante que existía sobre la tierra era la saliva humana, luego le cogió el dedo y se lo llevó a la boca y ahí se lo chupó con fuerza como si le estuviera chupando los pezones a la chica, y ella, asombrada sentía como una especie de excitación y anodadamiento. Un caracoleo en su vientre que cada vez aumentaba de intensidad, la obligó a decirle al guardia que pare. ¡Qué ya estaba bien!, que la herida ya no sangraba.
Después de aquel incidente, lo cambiaron a una planta de químicos que tenía unos siete borregos y, encerrada en una empalizada de madera, una venadita preñada. Todas las mañanas Pulido tenía que coger una manguera y limpiar las bolitas de mierda, que los borregos dejaban esparcidas en la entrada de la oficina. Sus compañeros de trabajo siempre lo veían sentado en medio de la madrugada leyendo una novela de Francis Scott Fiztgerald, titulada: EL PRECIO ERA MUY ALTO, y se preguntaban qué clase de guardia era este Pulido, que se pasaba casi todo el tiempo leyendo y leyendo.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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