jueves, 21 de marzo de 2013

Estereozen (presentación)



Fecha: lunes 25 de marzo de 2013
Lugar: Centro Cultural Benjamín Carrión de Quito
Quito

Algunos comentarios en torno a la obra:

Rodríguez parece consciente del hecho, irrefutable me parece, de que gran parte de la poesía que se escribe hoy vive de la plusvalía de la poesía del pasado, de todo pasado, eso que se llama a lo no tocado por el hoy a fuego. Hay que aceptar que se corrió algo de lugar, hay que aceptar un desplazamiento de lo que está ante los ojos cuando uno se enfrenta a la poesía de Juan José Rodríguez. Hay que aceptar -como lo aceptó la primera vanguardia pero no sé si el lector- que el nuevo mundo de los objetos no-cosas obliga a un nuevo léxico, unas palabras que hacen ruido toda la noche en su encuentro con las otras. Palabras provenientes de la electricidad y el erizamiento, palabras espinosas con los pelos parados, agujas de palabras, lasers, ya nunca más tridentes, aceros de espada ni puntas de flecha, ocultos debajo de la tierra con sus dioses, sus guerreros y sus dueños, esos de la tierra. La antigua épica está acostada debajo de la tierra. La nueva, si es que hay ese nombre, está en la pedacería poética de Juan José Rodríguez. 
Eduardo Milán 

Desde hace tiempo Juan José Rodríguez viene construyendo una de las obras poéticas más originales de la poesía hispanoamericana contemporánea. A partir de un fenomenal amontonamiento de ideas instaladas en una sintaxis discrepante, y dándole cabida a aquello que podría no estar pero si estuviera podría ser considerado obvio, el lenguaje ha venido preguntando con peculiar insistencia a la vida simbólica del tiempo, no para encontrar imposibles respuestas, sino para extender el poder alusivo de los detalles que acompañan el acto de la dicción, el cual, tal como los notables poemas de este libro lo testimonian, solo puede tener un cometido lírico.
Eduardo Espina 

Al leer de seguido más de dos poemas de Estereozen, me siento perdido, me aparece una tumoración de cristales de hielo en el cerebro, tiemblo, me invaden emanaciones de un metaloide radioactivo. Entonces suspendo mi lectura: será mañana cuando retome este potentísimo poemario.
Alexis Naranjo
 




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