lunes, 25 de febrero de 2013

El regreso de Pulido (parte 9)





Joey se sentía orgulloso de la capacidad intelectual de su primogénito. El chico estudiaba en el colegio hasta las tres y media de la tarde, y de ahí, recibía al profesor de matemáticas, que le ayudaba a realizar las tareas y le explicaba el misterio esotérico de los números, hasta que se desocupaban a las seis de la tarde. Definitivamente las generaciones futuras siempre son más inteligentes, ¿pero en realidad lo son?
Pulido recordó un pensamiento de William Faulkner sobre los niños que decía:
LOS NIÑOS SON MUCHO MAS PSÍQUICOS QUE LOS ADULTOS. UNA PARTE MUCHO MAYOR DE LA VIDA DE UN NIÑO QUE LO QUE CREE LA GENTE TRANSCURRE EN SU MENTE.
Joey siempre le decía al niño:

-         ¡Mira que somos pobres!, ¡no tenemos nada más que una pequeña villa dónde vivir!, las acciones de banco que te iba a heredar, ya no sirven porque el banco quebró, ¡no puedes darte el lujo de ir a la escuela a jugar y perder el tiempo!, ¡estudia matemáticas y ortografía para que algún día, cuando ya no estemos tu madre y yo, puedas mantenerte, mantener la casa y ayudes a tu hermano!, ¡a tu hermano lo tienes que querer y cuidar como si fuera tu hijo!, ¡por favor, escúchame!


Una mañana de un lunes, en un arranque de loca religiosidad, Pulido llevó a los dos niños a una ceremonia religiosa, previamente acordada con el sacerdote y consagró sus hijos a la protección de San Vicente Ferrer. Ahí se estuvo parado, durante toda la ceremonia, viendo cómo el sacerdote le echaba agua bendita a los niños y pronunciaba toda la liturgia de rigor.
No sabía qué hacer para asegurar el futuro de sus hijos. El futuro de sus hijos estaría en peligro cuando sus padres murieran y Pulido no tuviera más ayuda. ¿Cómo les pagaría los estudios?, ¿cómo los enviaría a la universidad?
Cada noche antes de dormir se acostaba con ellos y les leía la historia de Sansón en la Biblia, en el libro de los jueces. Otras veces les leía los poemas de Piedad Romo-Leroux G., en especial uno que decía:

ERES SOLO UN CAPULLO


Dedo por dedo, con calor humano,
Tanteando en el temblor de blanda arcilla
He agarrado tu mano con mi mano.

Y es que en este contacto solo quiero,
A través de manera tan sencilla
Transmitirte vigor cual firme acerol.

Tu equilibrio en vaivén se torna grave,
Vértigo, indecisión, torpe maroma
Y la hierba te acoge verde y suave.

Tu cuerpo en crecimiento de capullo,
Lleno de timidez pálido asoma
Meciéndose en el aire con mi arrullo


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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