viernes, 8 de febrero de 2013

El regreso de Pulido (parte 7)





Una vez más la esperanza quedaba destruida para la esposa de Pulido. Volvía a ganar la decepción, el desprecio, el cansancio, que esperaba la tan ansiada como inalcanzable estabilidad laboral, y otra vez Joey se veía rodeado por la desesperanza y la angustia que provoca el desempleo, y por la cada vez más creciente certeza de que era un bueno para nada. Penélope estaba harta, harta de la inestabilidad laboral de Pulido y siempre le decía:



-         Estando bien te encanta buscar el mal. Eres demasiado bueno con todo el mundo. No siempre tienes que decir sí a todo. ¿Qué vamos a hacer?, ¿siempre viviremos así, dependiendo de tus padres para todo?, ¿cuándo vas a cambiar de actitud?, ¿por qué no lees la Biblia o el libro de Mormón?



Y Pulido le respondía desesperado:



-         ¡Ya los he leído!, ya los he leído y no encuentro nada ahí, que me ayude. Simplemente no puedo creer en algo que choca tan de frente con mi lógica.



Y Penélope le insistía:



-         ¡Tu lógica!, ¡tu lógica!, ¿y si eres tan lógico, porqué tu lógica no funciona para conseguir un trabajo y mantenerte tranquilamente en el?, ¡por favor dime el porqué, de veras quiero entenderte!



Y Pulido no sabía qué responderle a su esposa. ¿Tendría que hablarle de la persecución de P2 Inteligencia Naval?, ¿le creería su esposa o volvería a tener miedo de estar casada con un esposo chiflado?

Después de discutir, Pulido se quedó en el patio, fumando un último cigarrillo, mientras escuchaba en la radio la canción de Cliff Richard: We don’t talk anymore.



Nuevamente, en el hogar de los Pulido, se dieron las conocidas escenas de enfrentamientos y amargos reproches por la falta de dinero y futuro.
Para rematar, en el nuevo trabajo de Penélope, el Gerente de crédito la había colocado bajo el mando de un tipo que odiaba a las mujeres. 



Pulido escuchaba los sollozos de su esposa y comía mierda, se mordía la mano y rabiaba de impotencia. Un día ya harto, pidió permiso en el trabajo y fue a hablar con el Gerente lameculos de serranos que protegía a ese inútil bastardo y le contó todas las quejas que su esposa y las compañeras de trabajo le habían comunicado.

Y de manera inexplicable el Gerente se ponía a defender y a neutralizar los ataques de Pulido. Y en un momento le dijo que si Penélope tenía tanto problema en trabajar con Valencia, que él podía darle un tiempo de vacación sin sueldo para que ella ponga en orden sus pensamientos ¡y decida!, si quería seguir en la oficina.

Esto fue el colmo, Pulido, no pudo contenerse más y estalló:



-         ¡Pero es que acaso usted no ha escuchado o no entiende todo lo que le acabo de decir!, el problema en esta oficina es ese energúmeno que usted apadrina, no mi esposa. Fíjese lo que pasa, en este preciso momento tengo información de que el otro día ha pasado en la cárcel por manejar borracho, qué clase de Gerente es usted que tiene en su organización un elemento que perturba tan gravemente y descompone el ambiente de trabajo. Ni siquiera a las mujeres embarazadas las respeta. El otro día la trató tan mal a una compañera de Penélope, que estaba embarazada, que hasta le provocó leves contracciones...



Y el Gerente, todo aturdido por el escándalo que Pulido le estaba empezando a formar le dijo:



-         ¡Mejor no hablemos de eso!

-         ¡Pero entonces haga algo con ese individuo!, o lo hace usted o créame que cojo un bate de béisbol y le muelo los huesos de la cabeza a ese mal nacido hijo de la gran zorra.

En ese punto el Gerente se puso de pié y lo invitó a Pulido a salir de la oficina.


Por: Sam Scholl (narrador ecuatoriano)
(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)
 

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