martes, 15 de enero de 2013

El regreso de Pulido (parte 2)





Todas las influencias que han gravitado sobre mí, me esperaban al nacer yo, por lo cual os cuento más de ellas que de mí.
Saul Bellow

Por mucho que hagas, la realidad se impone al fin.

John Updike

Escribe, pues, lo que has visto, tanto lo presente como lo que ha de suceder después.

Apocalípsis


Mientras Joey Pulido se encontraba acostado en la hamaca de su patio, escuchaba el sordo, pero también melódico retumbar de las olas sobre la negra orilla de arena. Pensaba, que las madrugadas en Salinas son silenciosas, preñadas de estrellas, como una gran poesía de Robert Frost:

ARROBAMIENTO

La lluvia le dijo al viento:
-          Empuja tú que yo azoto-y tanto hirieron el soto  Que de las flores altivas, Doblegadas pero vivas, yo sentía el sufrimiento

Noches profundas e inauditas, incomparables como la belleza de sus mujeres cholas. El silencio de la calina del desierto se mezclaba todo con los pensamientos de Joey Pulido y aquello era magnífico, indescriptible como una melodía de Kenny G.
Pulido, con una linterna en la mano, leyó una poesía que acababa de tipear en su máquina de escribir:

TERE & JAN


Me gustan las noches cálidas
de Saigón
Recuerdas el primer beso que te di
en la terraza del Continental
Veníamos del fumadero de opio de la rue d’Ormay
Y te juré amor eterno
Me gusta masturbarte
hasta verte eyacular
Me gusta chuparte apasionadamente
tus pequeños y delicados pezones
¿Te gustaría más con un penecito entre las piernas?
Te recuerdo cuando escucho
a Laura Pausini
¿Era esto lo que querías escribir allá en el 89?
Y yo me reflejo en los celos
y la actitud de mujer ultrajada
de Laurina, la pequeña
Amante de Bel Ami
Todo me recuerda nuestro amor
tus gritos, tu pasión
El río pestilente de Saigón


 
Por: Sam Scholl
(narrador ecuatoriano)
(Fragmento de la novela Ineptitud que será publicada -como dos anteriores obras- por entregas semanales)


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