sábado, 11 de agosto de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 17)


 
Joey trataba de razonar con Penélope, pero no le asistían las palabras. Trataba de hacerle entender a Penélope que este asunto de las religiones no era tan serio ni se lo debía tomar tan apegado a la letra, pero era inútil. Penélope creía firmemente en la autenticidad de la Biblia, el libro de mormón y que la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, era la iglesia verdadera. Y así lo testificaba fervientemente y con lágrimas en los ojos todos los domingos por la mañana, después de la santa cena, que consistía en la bendición de unos trocitos de pan y unos vasitos pequeñitos de plástico que contenían agua y que los iban pasando a todos de uno en uno.

En las noches frías y huracanadas de Salinas, Joey tenía que salir de su casa al patio a fumarse un cigarrillo porque la cabeza le daba vueltas y amenazaba con saltársele los sesos. Después de un par de cigarrillos, Joey se tranquilizaba y lo veía todo con mayor tolerancia y hasta le cabía en su corazón un poco de esperanza de que toda esta loca situación se arreglara algún día.
Luego venían las preguntas sobre la Biblia. Leer la Biblia sin fe era como tratar de comprender una pintura abstracta de un artista contemporáneo y loco. Era tratar de comprender el porqué Dios era tan despiadado con los no creyentes. Estaba, por ejemplo, el caso del asesinato de los primogénitos de Egipto. Prácticamente lo que nos decía la Biblia era que habíamos sido creados por Dios con la única y exclusiva finalidad de adorarle. No podíamos llevar una existencia separada o independiente de Dios. Había muchas inconsistencias, muchas contradicciones. Para empezar: ¿qué hacía la serpiente y el árbol del conocimiento con su fruto prohibido en un lugar tan santo y perfecto como El Paraíso? Es que acaso Dios era una deidad de dos caras que representaba al mismo tiempo el bien y el mal, la vida y la muerte. La salvación y la condenación.
Unas veces inunda la Tierra y en otras hace que llueva fuego y azufre. Aterroriza a su pueblo con diez mandamientos que son imposibles de cumplir ni física ni mentalmente. Por ejemplo tenemos el caso del mandamiento de NO MATARAS: ¿qué significa esto cuando los judíos nunca han tenido vocación de vegetarianos?, ¿significa que los animales y las plantas son entidades vivientes que no tienen alma?
Aquí Pulido hizo un alto a sus reflexiones y entró rápidamente a la casa, tomó un libro de la biblioteca de su padre y leyó una conversación que Srila Prabhupada mantuvo con el cardenal Jean Daniélou en julio de 1973 en un retiro monástico.

Pulido se quedó reflexionando todo este asunto del NO MATARAS. La idea le daba vueltas y más vueltas en la cabeza. Lo calibró mil veces y lo vio desde diferentes puntos de vista. Llegó a la conclusión de que Dios –ya sea en la versión judeocristiana o en la del Bhagavad-gita de los krsnas, es un Dios absoluto y unilateral, que no admite discusión, polémica ni libertad alguna en el hombre. Eso del LIBRE ALBEDRIO de Dios era puro cuento y nada más que cuento. Luego continuó con las reflexiones sobre la Biblia y Dios…

 Por ejemplo, está el asunto cruel e inhumano de ordenar al anciano Abraham que suba a la montaña a degollar a su único hijo Isaac. Y la apuesta que Dios concierta con Satanás para probar la resistencia de Job en la fe, mientras permite que maten a gente inocente que trabajaba para él y a su familia.  Esto quiere decir que si tenemos que elegir entre Dios y nuestra familia, tenemos que elegir a Dios porque Él es tan maravilloso que nos puede matar a nuestra familia y darnos otra como recompensa a nuestra fe. ¿No es un asunto demencial e inhumano el poder omnímodo de Dios? Y luego envía a su único hijo Jesucristo a nacer en un pesebre para fortalecer la incredulidad de tantas personas ignorantes. Y la figura arrogante y anárquica de este Jesús que más parece un hippie que resucita a los muertos, que anda con pescadores, prostitutas y cobradores de impuestos, que camina sobre las olas, que nos viene a hablar de amor y por eso fue crucificado por los judíos porque ellos esperaban un líder guerrero, que venga a expulsar al enemigo invasor y les trajera el cielo a la Tierra. Luego está el misterio de su formación intelectual, ¿por qué no dejó nada escrito?, ¿era un analfabeto?, luego los evangelios hablan de Jesús en el templo a la edad de doce años y luego hay un tremendo salto sin explicación alguna de aproximadamente unos diecisiete años cuando aparece en el río Jordán. Y San Lucas lo único que nos dice es que “creció en estatura y sabiduría”.
Luego está el asunto de dudosa moralidad de afirmar “dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, que no va para nada con el espíritu del Antiguo Testamento. Luego está el asunto de la resurrección. ¿Qué clase de resurrección es ésta que después de efectuada la victoria sobre el aguijón de la muerte, lo obliga a Jesús a levitar y elevarse al cielo, a la derecha de Dios padre, en lugar de quedarse viviendo como Adán, indefinidamente sobre la tierra?  Luego está el asunto sicodélico del Apocalipsis del evangelio de Juan, que parece que el apóstol lo haya escrito bajo los efectos de alguna droga. Lo cierto es que la tiranía de Dios es tan implacable que una persona atea, sensible, correcta y santa, está irremediablemente perdida y condenada al infierno por no creer en Dios.
Después de toda esta reflexión, ¿qué sentido le podemos encontrar a la vida? Ninguno. La vida para los intelectuales puros que no están contaminados con odios ni fanatismos no tiene sentido, es una broma cruel. El hombre nace solo, desnudo y el doctor nos recibe con una nalgada para recordarnos que venimos a este valle de lágrimas a sufrir. Crecemos arrastrando todo tipo de problemas y si tenemos suerte amamos un poco y si somos correspondidos nos reproducimos con felicidad. Nuestros hijos crecen y luego se olvidan de nosotros, no quieren tener nada que ver con un viejo. Vivimos alimentando a este cuerpo que algún día nos va a devorar. Nuestra vida continúa hasta que llegamos a un límite y luego vienen las enfermedades crónicas como la diabetes, el Alzheimer, el Parkinson, el SIDA o el cáncer y todo lo demás es declinación y agonía. Nos volvemos viejos, torpes y lentos. La vida nos gana a cada rato. Y finalmente nos enfrentamos cara a cara con la agonía, la miseria doméstica, la muerte y el olvido de los que alguna vez nos amaron y lloraron. La naturaleza misma nos obliga a olvidar a los muertos para preservar la salud mental. Un notable ejemplo de esto era la actitud que tomó Lincoln cuando tuvo que enfrentar el dolor desmesurado que su esposa expresaba con la muerte de uno de sus hijos.





 
Después del trabajo de los seguros, Pulido recibió con mala cara, la idea de Penélope de volver a sacar la carretilla de los hot dogs y en vez de eso fue a hablar con el ingeniero Crevecoeur para empezar a vender vehículos. Además ya estaba harto del mal carácter de esta mujer fanática, que todo el tiempo le pedía que vaya a la estaca y que se convierta en un buen cristiano, santo varón de la Iglesia de los Santos de los Ultimos Días.

Aquella mañana que Pulido fue a la entrevista el clima de Salinas estaba loco: el cielo estaba coronado por un sol radiante sin nubes, pero corría un viento helado y garuaba de manera cada vez más intensa. El mar estaba picado y revuelto, y las olas de color verde, se estrellaban furiosas contra la orilla como si ejecutaran una marcha triunfal sobre la Tierra. Como si cantaran una canción de guerra contra la vida y proclamaran su victoria contra el destino.

El ingeniero Crevecoeur tenía un patio repleto de vehículos usados, que alguna gente se los dejaba en consignación para deshacerse de ellos. Joey le puso el ojo a un BMW y a un Mercedes Benz y le tomó todos los datos, apuntándolos en una pequeña libretita que siempre llevaba para sus análisis políticos. Los autos estaban equipados con aire acondicionado, llantas radiales, sistemas de full inyección, máquinas revisadas en la BOSCH, equipos de sonido y parlantes, sistemas de vidrio electrónico, aros de magnesio, el interior con tapizado nuevecito…
Apuntó los precios y escuchó atentamente cuando el ingeniero Crevecoeur le dijo:

Joey, escucha, el máximo margen de ganancia al que un ejecutivo de ventas de vehículos puede aspirar es de quinientos mil sucres por vehículo.


Así que Pulido empezó a visitar negocios, amigos, gente desconocida y les hablaba como quien no quiere la cosa de los vehículos y ponía mucha atención en los bares de streap tease que visitaba, por si encontraba algún adicto al mundo de las tuercas y las ruedas. Y finalmente vendió los dos vehículos, el primer contacto lo hizo en el Terminal Terrestre y el segundo se trataba del padre de una amiga de Pulido, pero a duras penas se ganó los quinientos mil sucres por los dos, y en un tiempo de tres meses, lo que lo desanimó completamente para seguir en esa carrera de vendedor de vehículos.



 
Una noche en que Pulido se hallaba en su salita leyendo el libro de William Faulkner titulado: “EL SONIDO Y LA FURIA”, recibió la llamada telefónica de la esposa de TOCONIÑO. Pulido no entendía bien lo que ella le sollozaba por teléfono, pero logró comprender que TOCONIÑO se había encerrado en el baño desde la mañana a fumar base y ella creía que estaba muerto y no podía entrar al baño a ayudarlo porque la puerta estaba atorada.
No sabía el porqué Clara lo llamaba a esas horas de la noche y precisamente a él para que la asistiera en este apuro ni sabía de dónde había sacado su número telefónico, pero se embarcó en un colectivo y de inmediato se dirigió a Canoa.
Cuando llegué, Clara estaba sentada en la puerta de su departamento con el rostro manchado del rimel, que se le había corrido por las lágrimas. Entré, y efectivamente, la puerta del baño estaba atascada, así que me trepé con una silla por la ventana del baño, saqué los vidrios y metí la cabeza y pude ver el cuerpo de TOCONIÑO que estaba tirado en el piso, obstruyendo la puerta del baño. Cuando entré, me di cuenta que el cuerpo de TOCONIÑO estaba helado, así que lo cargué torpemente y lo saqué con mucha dificultad del departamento, bajé las escaleras repitiéndome.

¡Muévete maricón que se nos muere TOCONIÑO!

Lo embarqué en el balde de una camioneta de alquiler y finalmente lo llevé al hospital. Los médicos hicieron todo lo que pudieron, pero todo fue inútil. Lo entubaron a TOCONIÑO, le inyectaron un líquido para normalizar los latidos del corazón, pero yo ya había llegado tarde. A TOCONIÑO se le habían muerto varias válvulas del corazón y ya estaba más del otro lado del más allá que de esta vida.
Regresé al departamento de Clara y le dije que TOCONIÑO estaba muerto y que su cuerpo estaba en la morgue. Pronto unos amigos, los únicos que tenía – que eran los pushers que le vendían la base-, lo fueron a sacar de la morgue, lo llevaron a la casa y lo lavaron y vistieron con mucho esfuerzo para ser velado y enterrado rápidamente. Durante la velación se sirvió comida china del chifa ESPERANZA, porque era lo más barato que había y lo que Pulido pudo comprar. Ningún familiar asistió a la velación ni al entierro. TOCONIÑO había roto todos los lazos con la sociedad y se había fumado en paquetes de base todo el dinero del bar de streap tease. Fueron tres días de locura en los que Pulido acompañó a Clara en todos los momentos que pudo. Cuando finalmente le dije que tenía que regresar a Salinas, me dijo que me quedara un día más y le dije que bueno.
Durante tres noches me quedé sentado junto a la cama de su departamento mientras ella dormía. Vigilaba sus sueños y pesadillas, compraba la comida, cocinaba y era testigo de sus llamados de pasión, sus provocaciones, sus crisis de angustia, su neurosis, sus contradicciones y de su desnudez cuando salía del baño olorosa y fragante.



Después de su fracasada incursión en el mundo de las ventas de vehículos, Joey se daba cuenta que no le quedaban muchas más opciones en el mundo empresarial, y lo meditó mucho antes de tomar la decisión de ir a una entrevista de trabajo con el ingeniero Trinquier para que lo pongan a vender bienes raíces. En esta nueva empresa ya Pulido  estaba casi quemado mental y emocionalmente por la persecución de P2 Inteligencia Militar.
La entrevista fue positiva y Joey cogió una guía de la Cámara de Comercio y empezó a llamar por teléfono a todas las empresas para ver si lograba colocar un terreno o una villa pagada al contado o a crédito. Lo que no sabía Pulido era que muchas de esas empresas eran de papel y que no iba a conseguir nada por ese camino.
Pronto Pulido empezó a entrevistarse con grandes comerciantes japoneses, chinos, coreanos, taiwaneses, vietnamitas, en busca de un cliente interesado en comprar villas o terrenos cercanos a la playa. La oficina del ingeniero Trinquier empezó a llenarse de asiáticos cuyo dialecto se parecía al canto desordenado de las aves.
Pero primero lo cogieron a cargo dos economistas y le enseñaron en cuatro horas todo lo referente a la venta y financiación de bienes raíces, y Pulido sentía que se le fundía el coco con tantos números, tasas de interés y ecuaciones, que tenía que aprender.  Cuando terminó aquella sesión de números, Pulido se sentía como si él solo hubiera refinanciado toda la deuda externa del país. Por último lo enviaron a vender terrenos a Punta Barandúa, que era una urbanización costera que estaba en pleno apogeo y se la llevó a Penélope para distraerse un poco.
Cuando llegaron al hotel que el ingeniero Trinquier les había recomendado, se dieron cuenta que en la parte superior de la pared había unas grandes perforaciones donde se podía colar un delincuente por la noche y asaltarlos o un temible murciélago. Por lo que decidieron irse a otro hotel y durmieron allí. Por las noches paseaban por las calles principales y el malecón de la LIBERTAD, comprando y comiendo palomitas de maiz, colas, chuzos de carne asada con achiote…
Pero debido a las actividades periodísticas de Pulido y su continuo envío de análisis políticos a los periódicos, las llamadas no entraban a la compañía, y era difícil para Pulido tratar de comunicarse con los clientes. En otras palabras, Joey Pulido se había convertido en un verdadero perseguido político por los organismos de inteligencia militar y de la policía- en especial por la P2 de la inteligencia naval-, que trabajaban para las mafias de los partidos políticos. En vez de una comunicación clara y nítida con clientes, interesados en villas y terrenos, lo que más le llegaba a las manos de Pulido eran villas y terrenos por vender. La gente no quería comprar bienes, lo que quería la gente era vender todo y huir del país. De manera que Pulido tercamente pensó: “si del cielo te caen limones aprende a hacer limonada” y empezaba a escribir memorandums para el departamento de ventas y les enviaba los datos y las medidas de los terrenos y las villas, que los agentes foráneos querían que les venda, pero el ingeniero Trinquier le dijo que: si no lograba vender un terreno tendría que irse y así sucedió por lo que Joey le dijo adiós definitivamente al mundo de las ventas.

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