domingo, 29 de julio de 2012

Marea llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 15)



-0-
Entonces, Pulido, conoció al ingeniero Faulques, que tenía un pequeño negocio de construcción y se entrevistó con él para trabajar de vendedor de cerrajería civil, industrial y portuaria. El encuentro de Pulido con el ingeniero Faulques fue a través de la madre de Pulido ya que ella lo había contratado para que Faulques le construyera un cerramiento a la villa. La pobreza venía de la mano de la delincuencia que estaba obligando a las familias a vivir encerradas como sardinas con las ventanas y puertas llenas de barrotes, las casas dentro de grandes murallas y todo herméticamente cerrado con tranca palancas.
Pulido salió bien temprano de su villa para ir a la casa del ingeniero Faulques. Caminó por todo el malecón, dejándose llevar por el empujón de la fría brisa del mar, la playa lucía sucia, llena de botellas de cerveza, papeles y desperdicios, las olas eran grises y el mar reflejaba, como un espejo, los rayos de un sol macilento que se asomaba tímidamente por en medio de las nubes. A la altura de la iglesia viró a la izquierda para internarse en ese barrio de villas con arquitectura de los 60’s. Frente a la casa del ingeniero Faulques, Pulido se quedó sentado en la vereda en espera de que salga el ingeniero. Joey daba una lastimosa impresión de un vagabundo con unos jeans viejos, zapatos nikes de caucho sin medias, una barba y unos bigotes sin rasurar de varios meses, en lugar de alguna camisa llevaba puesto una chompa de tela blue jean a la que le había cortado las mangas. ¡Qué diferencia de este Pulido de los 90’s con el de finales de los 80’s cuando se fue bien acicalado a su primer trabajo! 
El ingeniero Faulques realizaba todo tipo de ampliaciones, cerramientos, puertas metálicas y de acordeón, camas para hospitales, escaleras de incendio, pozos sépticos, estructuras metálicas.
Joey viajaba por toda la península de Santa Elena en busca de construcciones donde poder colocar sus servicios. Lo más duro era cotizar la obra a precios competitivos en un mercado en el que el negocio de la construcción es muy restringido. De todas maneras, Joey consiguió cerrar un negocio de puertas metálicas de acordeón para el parqueo de un banco y unas estructuras metálicas de un condominio. En el taller donde se realizaban las estructuras metálicas lo tenían bien mordido como fumador empedernido y se le reían a sus espaldas. El ingeniero Faulques lo empezó a marginar y ya no le daba importancia a los presupuestos que Pulido traía afanoso. Después empezó a criticarlo porque una buena parte del sueldo y de las comisiones que Pulido ganaba las gastaba en comprar periódicos. 




En una ocasión Joey escribió un cuento titulado: DE GRIS A BLANCO, que trataba sobre una familia de hijos adoptivos, que se enfrentan a la dura realidad de la orfandad por parte de la madre adoptiva, y de la cercana muerte del padre adoptivo, el señor Adler que agonizaba.
Artie es el hermano mayor, el importante negociador, el empresario mejor y el más cuerdo de todos; Fabiola es una histérica que vive ahogándose en un vaso de agua, y Nicole una niña. Y en medio de todo este asunto hay un cuarto hermano, Ed, que es un soldado-paracaidista, mercenario, espigado como una caña, y que acude a la diestra de su padre adoptivo, justo en el momento de su agonía y deceso. Joey dejaba entender que entre Ed, el hermano mercenario y Fabiola, había una incestuosa pasión no consumada, lo que explicaba la perenne histeria de Fabiola. Hay escenas de pasión incestuosa y recriminaciones por un simple y casto beso en los labios dado en la cocina, que hace temblar y caracolear el vientre de Fabiola, y una escena de violencia en un bar al sur de la ciudad, donde el mercenario Ed, silencioso y extraño, acude de la mano de Nicole, y donde es casi masacrado por un obeso belicoso, tosco y gigante, hasta que el mercenario reacciona y le devuelve la paliza.
Hay insultos, citas bíblicas de Job y sentimientos de venganza. El cuento fue rechazado violenta y enloquecidamente por la dirección del periódico y el director llamó por teléfono al ingeniero Faulques para decirle que Pulido necesitaba una reprimenda ejemplar, y que en vez de escribir sandeces, se debería dedicar a aprender a soldar y a cumplir bien su trabajo de jornalero y que le iba a devolver todas las cartas que Pulido le había enviado. 
Cuando el empleado del periódico le devolvió su cuento, Pulido lo incineró ante sus congestionados ojos llenos de ira. Las demás cartas sobre política nunca fueron devueltas. Al parecer todo lo que Pulido hacía estaba mal hecho y la única consecuencia que traía este obrar errático e incesante era el desempleo crónico.
Luego vino lo peor. A los veinte y tres años Pulido sufre un fuerte remesón en el corazón que casi lo paraliza. Quedó tirado en el suelo de su casa desde las seis de la tarde hasta las nueve en que logra salir por sus propios medios con rumbo a la Clínica Gentile. El doctor de turno le preguntó, al examinar las muestras de orina y el electrocardiograma, si Pulido usaba drogas y al escuchar la respuesta afirmativa, le dijo.

- Si usted sigue fumando tabaco morirá de un derrame cerebral, de un paro respiratorio o de un paro del corazón. La nicotina le produce una interrupción entre la orden que da el cerebro de funcionar y bombear sangre y el corazón. Lo que ha tenido ahora es una fuerte taquicardia, que es un grito de aviso de su organismo para que se detenga.




Como consecuencia de todo esto, Pulido se quedó otra vez sin empleo y se fue a vivir tres meses en Montañita. Los amaneceres violeta y rosa se sucedían días tras días con su bello esplendor, unos días pasaban de manera rápida y otros transcurrían lenta y perezosamente. Algunas veces el día lucía un sol tímido que apenas coloreaba de rosado los pómulos y las partes más sobresalientes de la piel y otros días amanecía lloviendo durante todo el día. El tiempo en Montañita tenía días en que  el mar estaba repleto de olas, paisajes folclóricos, burritos de carga caminando por la playa llena de rojos cangrejos y blancas gaviotas, dunas de arena, construcciones de madera, pozos sépticos, atardeceres alucinantes, y noches mágicas, alumbradas por espermas y música de los EAGLES como “Tequila Sunrise” o “The girl of  yesterday”,  que Pulido escuchaba en la radio de pilas.

Tuvo el placer de asistir a un concierto de rock en la primaria del Espíritu Santo, donde tocaban el grupo EASY y COMPANY, con su famosa balada COCAINE del cantante Erick Clapton. Allí estuvo tomándose una Coca cola en lata, a la que le había echado un poco de ron helado. En una esquina y sentado en el suelo pudo ver a Pancho Jaime, “LA MAMA DEL ROCK”, esa sería la última vez que lo vería vivo antes de que le metieran tres balas repartidas entre la cabeza, el cuello y el tórax. 

No hay comentarios: