sábado, 21 de julio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 14)


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Por aquella época Pulido no podía ver a Doris en Canoa, y para mantener viva la llama de la pasión, Joey le escribía cartas de amor de dos páginas donde le narraba las cosas que hacía y lo que le pasaba en la casa con su esposa que venían acompañadas de postales de los hermanos Bolo y César Franco. ¡Y cosa curiosa!, a Doris no le mortificaban los celos por ver que su amante tenía estabilidad conyugal. El problema para Pulido era que Penélope no se diera cuenta de esas cartas. Por lo que Joey aprovechaba las madrugadas para escribirlas a mano y eran de este estilo:

Querida Doris:

En el trabajo todo es una lucha constante.
El ingeniero Van Der Voeken me tiene en línea y me manda a cualquier sitio donde surja una crisis o donde no se venda. La otra vez me mandaron a Quito y a los ejecutivos quiteños no les va bien que un guayaco les venga a dar charlas. Ellos empezaron a vender y en cambio fui yo el que empezó a perder terreno en los ingresos, pero al menos antes de irme dejé todo en marcha.
En Quito se me acercó una linda serranita y mientras me preguntaba sobre el asunto de los seguros me aprisionó una pierna con su sexo y yo sentí que me desvanecía. Me contó-cuando estábamos en la cama del hotel-, que su esposo trabajaba en asuntos petroleros.
Es tierna y dulce, pero no la volví a ver más, te lo juro.
Penélope tiene unos accesos de coraje con Danni y yo trato de tranquilizarla, pero ya te he contado el carácter que tiene. A veces me siento que estoy encerrado en un manicomio con las puertas y ventanas tapiadas. Sobre todo cuando a mí también me manda al carajo. Penélope tiene una habilidad para despertar la violencia en mí, pero el otro día, conversando con un amigo en EL MANANTIAL, que entiende esos asuntos de sicología, me dijo que, posiblemente, la violencia de mi mujer se deba a que quiera, inconscientemente, que yo la golpee, cosa que me parece muy posible. Es difícil encontrar tiempo para escribir mis análisis políticos y a Penélope no le gusta que escriba a máquina en las madrugadas porque no la dejo dormir bien. La otra noche se levantó de la cama furibunda y me mandó al infierno y yo tuve que controlarme para evitar explotar.
En mis ratos libres estoy trabajando para el ingeniero Denard. Él me dio unas herramientas Black & Decker para que las venda en las ferreterías, en los talleres mecánicos y en los departamentos de mantenimiento. La cosa no funcionó muy bien. Fui a los talleres mecánicos del Banco del Pacífico y nada; luego fui a los patios de los talleres de LA JULIA y tampoco concretaron nada. Un día creo que contraje algún tipo de hepatitis porque me dio ganas de orinar y cuando fui al baño mi orina era del color de la Coca cola, completamente negra.
El poco tiempo libre que me queda lo utilizo para leer sobre política, pero siempre soy interrumpido por una u otra cosa, simplemente, no tengo paz para hacer lo que me gusta.
Espero que te encuentres bien, me despido…

Joey



Con el tiempo el negocio de los seguros se fue a pique. Los clientes de los bancos ya no estaban interesados en prevenirse contra accidentes sino más bien en sobrevivir a los continuos movimientos cíclicos de la economía. Cada vez eran más los clientes que rescindían sus contratos y Joey empezó a trabajar a pérdida por lo que optó por salirse de ese negocio. Los clientes se le acercaban y le pedían que él les redacte una carta furibunda donde pormenorizaban todas las quejas que tenían sobre la forma en que el Banco les debitaba de sus cuentas la prima del seguro y cuando Joey llevaba esas cartas la secretaria, ella las censuraba y les cambiaba el tono de las palabras. En varias oportunidades ella le decía:

-      ¿Tú sabes lo que estás diciendo aquí?


Joey volvió a quedarse sin trabajo y sin un duro para la comida de la semana. Nuevamente se paseaba por las calles de su barrio, sube y baja la loma, fumando desesperadamente muchos cigarrillos y encerrado en su cuarto mientras leía novelas de Carson MC Cullers.
Hablaba con los vecinos sobre una posibilidad de trabajo, anotaba números telefónicos y llamaba en vano porque no habían vacantes, caminaba y preguntaba en los negocios del centro comercial cercano por una posibilidad de empleo y nada. Luego regresaba a su hogar desesperado y se encerraba en su cuarto a terminar de leer las novelas de Carson MC Cullers y así seguía su vida de manera interminable, sufriendo de angustias y preocupaciones.




Un día sábado, que Joey se encontraba en la casa recibió una llamada telefónica de Doris, y ella le contó que con unos ahorros que tenía se había comprado un taxi y que quería que Joey lo maneje.
Aquí comienza una etapa de la vida de Pulido que fue verdaderamente demencial. Joey manejaba el taxi sólo por las noches porque no tenía licencia y le servía a Doris de chofer para que ella amarre negocios con sus otros amantes. El punto de encuentro de Doris con los hombres que querían sexo, era en el bar de streap tease de un tipo de Canoa llamado TOCONIÑO. Todo el mundo le decía TOCONIÑO, porque de pequeño era muy engreído y no le gustaba que lo toquen, y cuando alguien osaba ponerle un dedo encima él salía gritando:

-¡Tocó niño!, ¡tocó niño!, ¡tocó niño!

Doris fumaba base para librarse de las inhibiciones y de los temores y poder ejercer su negocio tranquila. Además, cada vez que fumaba base, le entraban unas ganas tremendas de que Joey y nada más que Joey, la penetrara por el ano sin preservativo. Aquellas noches de droga, lujuria y sexo casi se habían borrado de la memoria de Pulido porque todo fue tan sórdido, tan demencial que a Pulido no le gustaba recordar las mujeres bailando desnudas sobre una tarima, dejando ver sus sexos al aire libre y enervando los ánimos de los hombres que estiraban sus brazos para que la dancer se acerque y se deje colocar un billete enredado en el calzón de baño. Aquellas mujeres lucían su desnudez como flores exóticas de otros países, sus cuerpos tatuados ya en los omóplatos ya en los glúteos, eran un desafío a la cordura.
De esta manera, Pulido y Doris, trabajaban yendo y viniendo de aquí para allá, unas veces trayendo clientes que tuvieran sexo con Doris, y otras veces transportando a TOCONIÑO con un maletín repleto de dinero o de droga. TOCONIÑO era una gran fumador de base por lo que su cuerpo era flaquísimo, sin nada de grasa. Hasta las grasas de la nalga se le habían escurrido por tanta fumadera. TOCONIÑO no era muy alto, pero sí un poco más alto que Pulido, su cabeza era calva, pero el poco pelo que le quedaba lo peinaba con gomina y meticulosamente, de piel blanca, usaba unos lentes que se le ajustaban mal al rostro, su nariz era larga como la de un europeo y su carácter era de cuidado. Sus ropas eran viejas, usadas y ajustadas en extremo a su cuerpo como si las hubiera heredado de su padre. Siempre usaba camisas manga corta y de color blanco y unos pantalones ya de color celeste o cafés, pero nunca variaba mucho la ropa. Daba la impresión de que una vez lavada la misma ropa se la ponía una y otra vez. TOCONIÑO no tenía padre ni madre ni familia. Su vicio de la base y su bar de streap tease era lo único que tenía en su vida junto con su conviviente Clara.
La mala suerte se había ensañado con Pulido, y Doris terminó enfermándose de SIDA, y mantuvo en secreto esta enfermedad que la condenaba a muerte. Ya no permitía que Pulido la tirase sin preservativo. Doris era tan exigente en este asunto porque sabía que la vida de Pulido estaba en juego. Incluso, en una ocasión en que se habían ido a Engabao, por el fin de semana, y a Pulido se le olvidó llevar el preservativo, Doris le cerró las piernas y las nalgas y lo mandó desde la punta de la playa de Engabao a la ciudad de Playas para que compre un preservativo o de lo contrario no tendría sexo con ella.
Doris tuvo que romper el secreto de su enfermedad cuando de manera fulminante empezó a bajar de peso, se le veían los huesos debajo de la piel, las costillas dibujaban arcos siniestros en su tórax y cuando su cuerpo empezó a mostrar las manchas y los estigmas propios de esa maldita enfermedad.
Pulido se sentía morir y tenía la cabeza enferma de tanta nicotina. Fue corriendo a un laboratorio de análisis sanguíneo para ver si él también tenía SIDA y las pruebas arrojaron resultados negativos. Tenía tanto miedo de ver los resultados que se demoró mucho en ir a retirarlos, pero cuando se encontró fortuitamente con la enfermera del laboratorio en la calle ella le dijo que los resultados eran negativos y que no tenía el virus del HIV.
Todo empezaba a cuadrar en la mente de Pulido: la insistencia de Doris en tirar con condones, el hecho de que sólo la penetrara por el ano, sus silencios funestos, sus lágrimas o su mal humor durante las noches o después de hacer el amor.
Cuando Doris estaba tan delgada y débil que ya no podía trabajar, le dijo a Pulido que vendiera el taxi para que tuvieran fondos para el entierro. Pulido vendió el taxi a TOCONIÑO y le entregó el dinero a la mamá de Doris y luego, cobardemente, desapareció. Joey Pulido tendría que arrastrar toda su vida en su conciencia con el hecho de que no estuvo en la velación y entierro de su amante preferida para decirle adiós. La mamá de Doris nunca le perdonó por eso.

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