lunes, 25 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 11)


QUEVEDO IN THE NIGHT

En Quevedo, Pulido conoció a una hermosa mujer embarazada de seis meses y fue tan galante con ella que la acompañó a la casa y la persuadió de tener sexo en ese estado, y la cosa resultó de lo más deliciosa. Primero conversaron en la agencia y quedaron en que ella lo esperaría a la salida. Luego, cuando se encontraron, se fueron caminando juntos hasta la casa de ella, que era la humilde vivienda de una madre soltera, y almorzaron juntos. Después de la comida ella lo llevó a su cuarto y se desnudaron despacito y en silencio. Había que tener mucho cuidado de no aplastarle la panza, así que Pulido tuvo que acostarse junto a ella e introducírselo con mucho cuidado y con la mayor comodidad para ella. Maritza había resultado ser una mujer bien caliente y así, preñada y todo, pudo experimentar dos orgasmos seguidos. Cuando Pulido eyaculó se sintió perdido, vinieron los remordimientos católicos y hasta se sintió un monstruo, pero todo había sido consumado y para sacarse de encima esos remordimientos católicos recordó las palabras de Samuel Pufendorf:

Haber sido educado desde la infancia en una idea determinada constituye un influjo tan poderoso que, aunque la idea sea una falacia, al hombre casi nunca se le ocurre cuestionarla.

Y Maritza pudo adivinar algo del estado de ánimo de su nuevo amigo y amante y le preguntó:

-¿Qué le pasa? Pero si no me lo voy a comer…

Eso tranquilizó un poco la frágil conciencia de Pulido y finalmente pudo vestirse y largarse de ahí, mientras le dejaba trescientos sucres escondidos debajo del mantel de la mesa del comedor.
Joey le había mamado las tetas cargadas de leche a Maritza y en la noche, cuando llegó a Salinas, experimentó ciertas náuseas como las que se le antojan a las mujeres encintas. Pulido siempre regresaba a su casa. Siempre regresaba para oír la voz de Penélope.
En aquella época Pulido tenía que viajar de provincia en provincia en los transportes interprovinciales y la música que estaba de moda oír en esos carros eran las canciones de Juan Gabriel y Rocío Durcal. Cuando regresaba a casa era un alivio. Su dulce hogar lo estaba esperando. Acostarse en la cama y dejarse llevar por el sueño. Dormir eso es lo que necesitaba Pulido. Todos deben dormir.

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