sábado, 16 de junio de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 10)



El futuro se mostraba incierto para Pulido, pero la vida en medio de la desolación lo invitaba a disfrutar de la poesía del mar, la belleza de una mujer y el éxtasis del presente. Y sin embargo Pulido no encontraba la paz. No veía cómo trabajando de vendedor podría llegar a tener dinero suficiente para recobrar el estatus de clase media alta que había disfrutado cuando era pequeño.

Cuando llegó a la casa en Salinas y le comunicó a su esposa la decisión de volver a renunciar, ella lo consoló, y finalmente ambos cedieron a las lágrimas de la desesperación. Pulido lloraba desconsolado en el regazo de Penélope. Una de las características de Penélope era su fe en el futuro. Esa misma fe era la que lo había metido a Pulido en esos incomprensibles cursos de contabilidad en IDEPRO.

Con unos ahorros que habían acumulado, la familia Pulido pudo comprar un carrito para vender hamburguesas y hot dogs. Lo estacionaron a una cierta distancia de su casa en el Miramar, y todas las noches esperaban a que llegaran los turistas. Era un trabajo sacrificado el de vender comida. A veces había que quedarse hasta las cuatro de la mañana, iluminados pobremente por el foquito del carrito de hot dogs, oliendo los vapores de las salchichas hervidas, soportar los ventarrones de las madrugadas, para esperar a los clientes medio borrachos que salían de las discotecas, restorants o de la peña de Roy, y que se comían todo lo que no se había podido vender de hot dogs y hamburguesas. La carretilla se llamaba:”HAMBURGUESAS EL MARQUES DE SADE”, y la especialidad de la casa era una enorme doble hamburguesa de doscientos sucres, con doble porción de carne molida del SUPERMAXI, huevo frito, una rodaja de queso, lechuga, tomate, pepinos, y un langostino frito coronando la punta.

De vez en cuando Pulido cocinaba un arroz con foca para venderlo a los turistas. ¡Arroz con foca!, los clientes no siempre le creían a Pulido y tomaban el seco de foca como si de un arroz con chancho se tratara.

Una noche en que Pulido se hallaba cocinando ya lo último de las hamburguesas llegó el ingeniero Desbles y le urgió a que le prepare una hamburguesa. Pulido le dijo que ya no tenía langostinos ni mucha lechuga ni rodajas de tomates, pero el ingeniero le dijo que se la prepare, que se moría de hambre. Así que a Pulido se le ocurrió ponerle todas las sobras a la hamburguesa y al final completarla con unos polvos que toman con leche los levantadores de pesas para desarrollar los músculos. El resultado fue que el ingeniero estaba conversando y comiendo la hamburguesa, así que cuando le tocó la parte con los polvos, el ingeniero Desbles creyó que el pan estaba apolillado y casi se atora mientras hablaba con un amigo. Simplemente la hamburguesa no le resbalaba por el gazñete. El ingeniero hizo una mueca aparatosa y le preguntó a Pulido que qué le pasaba al pan que estaba apolillado, y Pulido le explicó el asunto sobre los polvos y ambos se mataron de la risa junto con el vecino que en la carretilla de a lado vendía arroz con menestra y chancho. Y el hombre entre carcajadas le decía:
- ¡Este Pulido sí que es ocurrido!

El trabajo empezaba a las seis de la tarde. Penélope se encargaba de preparar la fórmula de la carne para las hamburguesas y de sacarle con un cuchillo la piel de plástico a los hot dogs. Mientras Joey preparaba la carretilla para el servicio, era testigo de las magníficas puestas de sol. Un sol colosal, titánico, de color naranja y rosa, que se iba sumergiendo perezosamente en el horizonte hasta hundirse completamente en una nube de color lila, azul y negro. Pero lo más duro era empujar la carretilla, cargada con las cosas para vender, hasta el lugar donde la colocaban. El esfuerzo hizo que a Pulido se le formaran unos hombros descomunales como los del actor James Caan.







Ese trabajo no le dejaba nada de tiempo libre, era absolutamente esclavizante, así que volvió a la oficina del ingeniero Van Der Voeken a pedirle, a rogarle, que le diera otra oportunidad. El ingeniero le dijo que llegaba en un momento preciso porque se había materializado un proyecto de venta de seguros bancarios destinados a su clientela cautiva. Junto con la compañía ECUATORIANA SUIZA se iba a realizar el negocio de colocar vendedores dentro de las instalaciones de los bancos para  asegurar a todo cuenta ahorrista y cuenta correntista, que acudiera a las instalaciones para realizar sus operaciones. Antes de salir de la oficina, el ingeniero Van Der Voeken, recordó la última deserción de Pulido y le dijo para que éste oyera mientras se cerraba la puerta:

- ¡No te olvides Pulido: EL QUE SE METE A CRISTO TERMINA CRUCIFICADO!

Pero para concretar bien el asunto, tenían que encontrarse en el aeropuerto y cuando Pulido estaba parado esperando la llegada del ingeniero Van Der Voeken, presenció una ronda musical del mantra de unos devotos de Hare Krsnas. Los devotos estaban vestidos con sus túnicas de color azafrán y naranja, con sus cabezas rapadas a cero, con sus tambores, collares, inciensos, los címbalos, sus libritos de literatura védica y cantando y bailando alegremente los santos nombres de su Señor Krsna:

Hare Krsna, Hare Krsna
Krsna Krsna, Hare Hare
Hare Rama, Hare Rama
Rama Rama, Hare Hare

Hare Krsna Hare Krsna
Krsna Krsna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare

Hare Krsna Hare Krsna
Krsna Krsna Hare Hare
Hare Rama Hare Rama
Rama Rama Hare Hare

Los Krsnas lo invitaron a abandonar las luchas frenéticas en que nos envuelve el mundo material, que es todo ilusión o Maya, y que asistiera a unas charlas con banquete de comida santa, vegetariana, llamada prasada, todos los domingos a partir de las seis de la tarde.

Cuando llegó a la casa cogió un libro de la biblioteca de su padre titulado: LA CIENCIA DE LA AUTOREALIZACION, lo abrió y leyó acerca del karma que era la ley de acción y reacción que pesaban sobre los hombres por sus pecados. Aquello parecía más la venganza del destino y ese peso de los pecados lo condenaban a los hombres a volver a vivir en la Tierra a través de la reencarnación. Lógicamente una persona inteligente y amante del conocimiento espiritual no iba a vivir en la Tierra cometiendo pecados para volver a nacer y volver a sufrir otra vez todo el dolor y la miseria de este mundo material.

Después de hablar con el ingeniero Van Der Voeken, Pulido volvió a colocarse su viejo terno y trabajó incansablemente para superar sus inseguridades y miedos hasta llegar a convertirse en un as de las ventas de seguros para clientela cautiva. A veces ni bien llegaba a una agencia de banco y ya iba asegurando a un cliente. Con esa determinación viajó a Quevedo, Playas, Ambato, y recorrió todas las agencias que estaban repartidas por la península de Santa Elena. En una ocasión se presentó una emergencia en Quito porque los vendedores no cerraban negocios y Pulido se ofreció a ir a entrenar a aquellos vendedores, y lo hizo de una manera soberbia y magistral. Él lideraba la reunión de trabajo y les explicó a los demás ejecutivos, cuál era el secreto para cerrar pólizas de manera segura e impecable.

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