sábado, 26 de mayo de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 6)


Cuando Joey terminó los cursos de contabilidad en IDEPRO, el profesor le recomendó que se pusiera a practicar y a practicar o de lo contrario todo sería una pérdida de tiempo y por último le dijo que se olvidara de la contabilidad y que se dedicara a las letras o a la filosofía. Toda la idea de meterse en ese curso de contabilidad provino de la esposa de Pulido que era bachiller contable del República del Ecuador.

Los padres de Pulido le ofrecieron una cena de graduación, como si al acabar aquel curso de contabilidad hubiera terminado su carrera de filosofía en la universidad, que había sido abandonada por falta de dinero y problemas políticos.

Pulido hizo vanos intentos de buscar trabajo como asistente contable, pero la gente le preguntaba si tenía conocimientos en contabilidad bancaria e incluso cuando Pulido mentía y decía que sí, de todas maneras le negaban el trabajo porque cuando se graduó no se había especializado en contabilidad sino en filosofía.

Por aquella época Pulido se sintió muy afectado por la situación económica del país y en las noches se ponía a escribir a máquina, sesudos análisis políticos y económicos y en la mañana los enviaba a la dirección del diario EL PANFLETO RADICAL. Ellos, por supuesto, nunca publicaban nada. Esto indignaba a Pulido, porque él se esforzaba por hacerle comprender a los lectores, que la única salvación del país estaba en la agroindustria exportadora, que evitaría el colapso; que el intercambio comercial con los agentes económicos del exterior era una posibilidad riquísima para inundar de divisas al país, bajar las tasas de inflación y de desocupación.

En vista de que le censuraban sus cartas y que nunca se las publicarían, Joey se vengaba de la censura recordando sus dos últimas cartas enviadas que versaban sobre política exterior, pero después de un esfuerzo inútil se dio cuenta que él también se había olvidado de aquellas cartas y de aquellos análisis.




Sí, definitivamente Joey había escrito esos análisis, esas eran sus palabras inmortales que ya habían sido borradas de su memoria. Todo lo demás había quedado perdido en el olvido. ¿Por qué lo había hecho?, ¿por qué se esforzaba en vivir de esa manera, entregando escritos que al parecer a nadie le importaban? Tal vez esa era su forma de contribuir con un granito de arena al orden y la estabilidad mundial, su forma de decir que amaba la libertad y la paz. Era su forma de demostrar el amor y el interés por un país lejano que nunca comprendería su situación y que jamás lo ayudaría en nada. Tal vez esa era su forma de equivocarse radicalmente y de sufrir y entregarse a las lágrimas y pagar por sus errores. El creer en aquellos ideales era su forma de errar y de fallarle a todo el mundo. Era la manera que él había elegido para convertirse en el portaestandarte de la libertad, la democracia y la igualdad. Su forma de decir NO a la injusticia y a los abusos de poder de las clases poderosas y privilegiadas.

La segunda carta decía así, pero cuando trató de recordar su mente quedó en blanco, seguramente, estaba experimentando los síntomas del Alzheimer y no pudo recordar nada.

Aquí había otra muestra de su erudición y de su compromiso ideológico con la libertad. Pero, ¿para qué servían? Nunca le iban a dar una medalla por su valor ni por su honestidad ni por su entrega. Nunca nadie le reconocería que había ayudado a Corea del Sur ni a los Estados Unidos ni a la causa de la democracia, la igualdad, la paz y la libertad. Todo eso lo abrumaba sobremanera a Pulido. Al morir, sería borrado de la faz de la tierra y de la historia. Sus cenizas serían esparcidas en el mar. No quedaría nada qué recordar de él. Nada. Nadie iría a su entierro. Sería una destrucción cósmica que pasaría totalmente desapercibida. Polvo estelar que nunca fue ni nunca sería y que sería devuelto al suelo desértico de Engabao.

Pero Joey sentía que le había devuelto algo a la causa de la libertad. Sentía que todos esos años de felicidad viviendo con libertad y sabiduría habían quedado pagados, había saldado su cuenta con la libertad. De todas formas no podía hacer más. América se había metido en un problema y Joey la había sacudido, alertado, salvado de la muerte y de su desaparición. Pobre de él. Al mundo poco le importaba la causa de la libertad. Al mundo le importaba la política y lucrarse de la manera más tranquila y pacífica mientras tanto el planeta se podía ir al infierno.

Joey era un personaje que amaba la lectura, la poesía y el análisis político-económico, y era contemplativo, lento y dado a trabarse cuando lo sometían a presión. Por eso a veces no le daban trabajos muy bien remunerados, porque cuando le preguntaban si estaba dispuesto a trabajar bajo presión, Joey demostraba cierta indecisión, una especie de tartamudeo, no sabía qué contestar, le faltaba seguridad.

En una ocasión se encontró con una compañera de colegio y ella al verlo pensó que ya Pulido había sacado la licenciatura en la universidad y lo contactó con el ingeniero Leleu para que trabajara por un sueldo de tres millones de sucres mensuales en CEDEGE, pero cuando Pulido estuvo frente al ingeniero, le tuvo que decir que él no era licenciado y así perdió otra oportunidad de salir de la miseria económica. Lo mismo le ocurrió cuando se encontró con un ex compañero de trabajo de su padre y éste le ofreció trabajar tras un escritorio en la Junta de Beneficencia y Pulido, de manera incomprensible, tartamudeo, no podía creer la buena suerte que le abría las puertas y respondió que no porque por aquella época estaba intensamente sometido al bombardeo radial y estaba bastante paranoico y le entendió al amigo de su padre que él iba a trabajar de inspector en el Lorenzo Ponce y la sola idea de estar desequilibrado y trabajando rodeado de locos le pareció insoportable. Cuando se dio cuenta que el trabajo no consistía en eso y de la bestialidad que había cometido al negarse a la increíble oferta, regresó, pero ya era demasiado tarde y la vacante se había llenado o eso fue lo que le dijeron.

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