sábado, 12 de mayo de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 5)


 
En uno de los últimos días de trabajo, Pulido se había metido en un gimnasio del barrio y le habían proporcionado un entrenamiento dirigido, tan bestial, que al día siguiente cuando fue a trabajar al banco, casi no podía mover las piernas y caminar de manera normal. Parecía como si todo un equipo de fútbol lo hubiera violado. También le daba a Pulido por golpear el saco de box, que tenían en el gimnasio, hasta cuando empezó a sentir fuertes dolores de cabeza, como si con cada golpe que le pegara al saco, se le estremeciera en el cerebro alguna placa de metal que un cirujano le hubiera colocado por causa de un accidente. Probablemente se trataba de algún ataque con armas secretas indetectables de P2 Inteligencia Naval para disuadirlo de que se entrene.

Cuando los recién casados llegaron a Playas a pasar su luna de miel, Pulido y Penélope se quedaron tristes, al ver que su cuarto de matrimonio no tenía baño propio sino que había que compartirlo con los demás huéspedes, que tenían que salir al corredor del piso para hacer sus más ínfimas necesidades. Pero lo peor fue cuando se acostaron a dormir en la cama después de caminar toda la noche por Playas y de ver una película italiana de vaqueros con Clint Eastwood. El colchón de su cuarto estaba repleto de chinches y no pudieron dormir en toda la noche. Apenas se habían acostado y entrado en calor con los besos y los abrazos apasionados, cuando empezó la microscópica picazón del cuello, que poco a poco se regaba por todo el cuerpo.

¡Menuda luna de miel! 

Ahora que Pulido había purgado, y alimentado con amor a Penélope, vivían juntos y pronto serían tres, porque Penélope estaba retrasada de la regla con cuatro semanas. Esto sucedió en una temporada que Penélope se había hartado de la chirés de Pulido y de su mal carácter, así que simplemente lo abandonó, y Pulido destrozado por su ausencia, la buscó en Montañita y en esa reconciliación quedó preñada de Danni.

Pulido había tenido mucho cuidado de no embarazar a Penélope mientras le administraba los purgantes, para que el feto no resultara afectado. La muchacha era más fértil que una gallina. 

Todas las noches, Joey llegaba fatigado del trabajo y de las clases de contabilidad en las que se había inscrito con valor, ya que de números, Pulido no entendía nada de nada. Y Penélope siempre lo estaba esperando con una taza de café. Después de atender a su marido, hacía que éste le pusiera la mano llena de esperanza en el vientre donde se estaba formando el pequeño Danni Pulido. 

Por aquella época, Joey trabajaba con el ingeniero agrónomo Desbles, y viajaban en un Susuki Forza a Quevedo, recorriendo todas las bananeras en busca de los dueños para persuadirles de que compren un estudio de riego por goteo, con planos arquitectónicos y proyectos hidráulicos para instalar sistemas de riego en las haciendas bananeras. En otras ocasiones salían a las tres de la madrugada para ir a una hacienda que cosechaba espárragos y de ahí los iban a entregar a una bodega de Mi Comisariato para dejarlos y recibir un dinerito. Durante aquellos viajes realizados casi de noche, Pulido iba hablando como loco con el ingeniero Desbles y éste lo escuchaba a Pulido hablar sobre filosofía política, luego acerca de la doctrina de los testigos de Jehová y sobre economía y se quedaba en silencio calibrando lo que escuchaba. Seguramente se daba cuenta que algo andaba mal en el cerebro de Pulido.




Pulido conoció al ingeniero Desbles mientras trabajaba de vendedor de seguros y en una ocasión se le acercó al ingeniero, todo trajeado y dando una excelente impresión, y le habló de las posibles contingencias de la vida y del mecanismo del seguro de vida para amparar a los seres queridos, pero el ingeniero Desbles ya había contratado un seguro en dólares.

Se metían en ese Susuki Forza por los terrenos selváticos de las bananeras de manera increíble, Joey no se explicaba cómo aquel pequeño carrito podía internarse en semejante jungla. La gente que trabajaba excavando la tierra para instalar los tubos de plástico vivían como pordioseros y la comida que ingerían era babosa y mala. Joey comprendió que la vida de los campesinos era muy desesperada, que vivían siempre de fiado en las despensas y trabajaban, sin ninguna otra distracción que el puro y el sexo, para luego, pagar las cuentas atrasadas de las despensas. El problema de trabajar para el ingeniero agrónomo Desbles era que él sólo reconocía la alimentación del trabajador, sólo pagaba la comida y nada de sueldo por lo que todo era una sencilla pérdida de tiempo para Joey.

En una ocasión el ingeniero Desbles le dio el volante a Pulido mientras el carro estaba parqueado a un costado de la carretera, y Pulido se descuidó al arrancar, y si no es por una maniobra urgente del ingeniero Desbles, aferrando el timón y virando para la derecha, los dos hubieran muerto de contado al ser embestidos por un gigantesco transporte interprovincial, que venía a toda velocidad en sentido contrario. A veces Pulido tomaba el volante y manejaba por horas y horas, desde las cinco de la mañana hasta las diez u once de la noche para hacer una única parada a las ocho de la noche, en el centro de Quevedo y comer una crujiente y asada tripa. Cuando Pulido comía mucha tripa asada le entraba el temor de contraer una hepatitis, la boca le quedaba llena de grasa y cuando defecaba sentía el ano grasiento. 

Por las noches Pulido y el ingeniero Desbles buscaban chicas y las metían en los hoteles, luego les daban de beber y fumar, se iban a comer arroz con cangrejo criollo y se mezclaban en unas orgías incomparables. Eran cuatro personas metidos desnudos en una cama, cada uno concentrado en su pareja y toqueteando a la pareja del otro. En una ocasión Pulido se metió a un hotel con el ingeniero Desbles con un par de putas y por más que trataba de mantener la calma, la puta le repetía a cada instante mientras subían la escalera del hotel:

-      ¿No tienes preservativo?, ¡no vas a terminar dentro de mí!, ¿ok?

 Y Pulido sufrió un ataque de impotencia y la puta tuvo que agacharse en la cama y pararle la picha con sexo oral y cuando Pulido se lo introdujo terminó rapidísimo y la puta le recriminaba que haya terminado tan rápido ¡y adentro!

A pesar de todas estas aventuras Pulido siempre tenía en mente a Penélope embarazada. En una ocasión, mientras inspeccionaba la salinidad de unas tierras donde se había sembrado limones, y donde se pensaba instalar un sistema de riego por goteo, cogió un poco de barro y lo moldeó como una pequeña estatuilla con la forma de Penélope embarazada, y cuando llegó ese día a la casa, se le formó en la mente la idea de hacer una escultura de yeso de una chica flacucha preñada de ocho meses con una barrigota. Joey se reía para sus adentros porque en el barrio las vecinas la molestaban a Penélope cuando llegaba del trabajo a la casa, porque le susurraban “piola con nudo”, y otras majaderías así por el estilo.

No hay comentarios: