martes, 1 de mayo de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 4)


 
Después de ese incidente, Penélope abandonó a Pulido y se fue a vivir a Montañita y Pulido no sabía qué hacer. No podía vivir sin su Penélope y sin su Danni que todavía no nacía, así que la fue a ver a donde estaba y le rogó tanto que volviera, que ella lo pensó mejor, no quería dejar a su hijo sin padre, además ya había metido la pata con este maniático, así que regresó al hogar.

Todo esto era muy doloroso de recordar, muy doloroso, pero Pulido lo arrastraba en su conciencia y no podía creer cómo él se había dejado manipular de esa manera por P2 Inteligencia Naval y los servicios de inteligencia de la política ecuatoriana. Por eso Pulido odiaba la cultura latinoamericana, su música y muy en el fondo creía que todo el subdesarrollo mental de Latinoamérica también se reflejaba en aquel arte.

En una ocasión, Penélope -cuando todavía no estaba embarazada de Danni-, le contó a Pulido que habían querido violarla en su camino de regreso a la casa y ella se había defendido como una loca, y después de un tiempo de transcurrido el suceso en una de aquellas noches se había deprimido tanto, que había buscado la pistola de su abuelo y se había apuntado a la cabeza y hasta había halado del gatillo, pero la bala no se detonó y de esa manera se había salvado de milagro. Esto lo confirmaría Joey durante su corto noviazgo de tres meses porque en los hoteles a los que acudían para hacer el amor, ver televisión, leer el periódico, comer hamburguesas y comida china, cuando Penélope se quedaba dormida, sufría de crueles pesadillas y hablaba de violación y gritaba. Joey tenía que dejar de leer el periódico y despertarla para consolarla hasta que le pasara la crisis.

Además estaba infestada de todo un microzoológico de parásitos. Había adquirido la mala costumbre de automedicarse antibióticos, tenía anemia, su conteo de glóbulos rojos era bajísimo, se desmayaba a cada rato y en cada esquina, y hasta hubo un momento en que Joey sospechaba con tristeza y desesperación, que Penélope tenía afectada la médula.


 
En una ocasión la llevó a SOLCA para que la examinara un ex compañero del colegio. Con la paciencia y la ternura de un santo, Joey sacó dinero de donde no tenía, mendigó por las calles de Salinas en la noche y entre los turistas, y la purgó con tratamientos, tanto vegetarianos como químicos. Y hasta se tomaba la molestia de examinar cuidadosamente en la bacinilla todas las porquerías palpitantes y las lombrices acuosas, que su esposa expulsaba de su organismo como fideo tallarín. También la llevó donde un amigo de su padre, un sabio de la medicina occidental, que decía que curaba el cáncer y el sida. Muchas personas afirmaban que se había curado él mismo un cáncer de piel. Y le pagó para que le pusiera toda clase de sueros a Penélope para restablecerla. En una ocasión una de las compañeras del colegio los había acompañado a esos tratamientos y se había quejado con Joey por llevarla a ese consultorio tan desastrado. Pero lo que no sabía la compañerita de colegio es que los Pulido estaban completamente chiros, y que el médico en cuestión, era un genio medio chiflado.

El mismo Pulido había acudido anteriormente con su padre al notable científico, doctor de una importante aerolínea, para que éste le administrara unos sueros para el crecimiento de los adolescentes sin necesidad de hormonas.

-      Las hormonas traen efectos secundarios-había dicho el doctor con el ceño fruncido y con tono de gravedad-.
 
En una ocasión mientras Pulido estaba sentado junto a su esposa a la que se le había inyectado un suero en la vena, escuchó la queja de Penélope por la lentitud del proceso y el dolor que le ocasionaba, y Joey le abrió un poco el conducto de cuentagotas a la manguerilla del suero y el líquido penetró más rápidamente en el organismo de la muchacha. Cuando el doctor – que aparte de ser un científico notable, tenía la manía de arreglar motores de un montón de vehículos que apilaba en el patio delantero de su casa, como si se tratara de una enorme colección de chatarra- se enteró de lo que Pulido había hecho, le reprochó con energía el meterse en esos asuntos, porque el líquido se le pudo haber metido en los pulmones y causarle complicaciones a la chica. 

Después del matrimonio decidieron irse de luna de miel a Playas, pero justo ese día, Pulido tenía que rendir el examen de psicología para aprobar el pre de filosofía en la universidad y era tanto el apuro por terminar que hizo mal las pruebas y reprobó el examen. En esa época Pulido trabajaba como digitador de cheques para FILANBANCO.



Para entrar a trabajar a FILANBANCO, Pulido tuvo que aprobar un curso de introducción en que le hablaron de todo, menos de lo que realmente iba a enfrentar: la mecánica necesaria para introducir la clave de acceso a la computadora y alguna técnica comprobable de cómo digitar cheques a toda velocidad. 

Todas las tardes Pulido se embarcaba en la 54 y se iba a trabajar. Pulido llegaba bien trajeado con corbata a la cafetería del banco, cenaba delicioso, y de ahí se iba a digitar cheques. Le daban un manojo de cheques, mil en total, en los que tenía que verificar la firma, comprobar electrónicamente si tenían fondos para pagarlos, verificar la fecha, las letras si coincidían con la cantidad. Era lo que se llamaba leer el cheque y al final de toda la operación tenía que cuadrar hasta el último centavo. Duró poco tiempo en la cámara de compensación porque en el banco necesitaban gente que cuadrara una mayor cantidad de cheques y con mayor rapidez y que no sean viciosos del cigarrillo. Pulido a cada rato interrumpía su trabajo para ir a comprar un cigarrillo. Cada vez que pasaba por el corredor donde se exhibían los cuadros de los pobres artistas, se quedaba pasmado ante el realismo plástico de aquellas obras: mujeres corruptas, vestidas con ropa íntima y seductora que invitaba a los hombres a desatar su pasión. 

Pulido nunca llegó a comprender bien el asunto de ingresar la clave en la computadora y muchas veces pasó momentos aciagos cuando todo el mundo ya había digitado su montón de cheques y él seguía con su trabajo sin terminar. Un día un supervisor le gritó desde el otro lado de la oficina:

-      Mueve esa mano, Pulido, que el fantasma de Nahum Isaías se te va a aparecer en pelotas…

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