sábado, 21 de abril de 2012

María llena o take me to the limit one more time (capítulo 1, parte 3)





Desde que la conoció, hasta los tres meses después, cuando finalmente se casaron de civil y de eclesiástico en la iglesia católica de su barrio, Pulido no dejaba de llamarla por teléfono a la casa y al trabajo. Cada vez que podía la iba a ver a su trabajo en el Ford Mustang de su padre. Aquel Ford Mustang duró en aquella casa hasta que se quedó indefinidamente parqueado en el garaje porque le faltaba una pieza de repuesto muy difícil de encontrar en el mercado nacional. Los ratones hicieron pedazos el tapizado y por último una asfaltadora del municipio se le vino encima convirtiéndolo en tatuín de lo apachurrado que quedó. De esa manera el Ford al interponerse en el impacto de la asfaltadora y el pilar de la casa salvó de una muerte segura a la anciana madre de Pulido y el recién nacido Danni Pulido.
 La ceremonia religiosa de su matrimonio con Penélope fue humilde y como Pulido se la había sacado a la fuerza de la casa de los padres de Penélope, la persona que la entregó fue el tío William. Así había ocurrido todo: Pulido la fue a buscar a Penélope y armó un escándalo en la calle porque le prohibían a Penélope ver a su enamorado y cuando un familiar amenazó a Pulido con una pistola, Penélope salió corriendo y los dos de la mano se fueron huyendo por las calles, perseguidos por los familiares, hasta que la pareja de prófugos escaparon al subirse al vuelo a un colectivo.
Con el tiempo aquel recuerdo provocaría carcajadas nerviosas en Penélope porque cuando llegaron al barrio donde vivía Pulido, entraron por una parte remota y subiéndose por un muro, toda la operación estaba envuelta en un sigilo infantil y cómico. Penélope
 vivía con su abuela y ésta no quería que su nieta se casara con un tipo como Pulido, que era un verdadero enigma, un desconocido. Ella necesitaba de Penélope para vivir y cuando vio que todo estaba perdido y que Penélope había decidido que se iría, se desmayó y Pulido podía oír los latidos del corazón que bombeaban como un tambor. En esa pequeña iglesia católica del barrio, Joey Pulido le prometió a Dios que iba a cuidar para siempre de Penélope. 






Allí en el trabajo de Penélope, Pulido conoció y trabó amistad con uno de los choferes de la compañía, que más tarde trabajaría de chofer de la línea 54 en la que siempre se embarcaba Pulido, y el chofer al reconocerlo no le cobraba el pasaje. Penélope trabajaba en el departamento de contabilidad de una distribuidora de embutidos. Tenía poca salud y lo más terrible de su trabajo era meterse en el gigantesco congelador para hacer inventario de los jamones y mortadelas y sufrir, con su precaria salud, el tremendo frío agarrotante del cuerpo y del ánimo.
A la hora del almuerzo, la compañía le brindaba un sánduche de mortadela, por lo que Penélope ya estaba hasta las narices de los embutidos. Ella se había graduado de bachiller contable en el colegio República del Ecuador. Pero Penélope vivía mal. De entrada le advirtió a Pulido de su mal carácter y ¡cosa tan rara!, le dijo que si quedaba embarazada se iría a vivir a Montañita con su hermana. Esa fue una señal que Pulido no supo detectar tal vez por el efecto idiotizante de las malditas pastillas del psiquiátra: Penélope como nunca tuvo una familia siempre quiso ser madre soltera. Esto a la larga sería una falla catastrófica para la salud mental del pobre Pulido.
Así era Penélope, siempre triste y deprimida, siempre pensando en escapar, caminando por la playa durante los hermosos atardeceres rosa, sintiendo en sus tobillos las lenguas del mar helado, para luego encerrarse en su casa y asomarse por la ventana para mirar pasar a los turistas, mientras escuchaba en un casete, una melodía depresiva de Lupita D’Alessio. 



Esta advertencia de Penélope de irse a Montañita en cuanto quedase preñada le causó grandes desasosiegos a Pulido, que siempre temía las peleas con su esposa porque ella siempre tenía en la mente irse y llevarse a su Danni, que tanto amaba. Muchas veces Joey vivía mal, con la eterna pesadilla paranoica, agravada por el bombardeo radial de la música salsa y latinoamericana, de regresar a su casa y no encontrar a Penélope porque ésta se había ido a montañita. Este bombardeo radial surgía como consecuencia de la actividad política de Joey. Pulido escribía análisis políticos y los enviaba a EL GLOBO y luego a EL PANFLETO RADICAL y lo más probable es que este bombardeo radial sea la consecuencia de alguna venganza contra la salud mental de Joey. Esta música odiosa, utilizada con fines perversos, inducían a Pulido a pensar que Penélope se había ido del trabajo a Montañita y que lo había abandonado o que lo traicionaba con otro y en otras ocasiones lo inducían a pensar que Penélope era una espía de la Democracia Popular. Este bombardeo radial hizo crisis una noche en que Pulido, completamente loco, subió las escaleras hasta el cuarto donde estaba recostada, descansando Penélope preñada de Danni y le puso un cuchillo en la cara mientras le interrogaba, diciéndole:
-¿Dime para quién trabajas?

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