miércoles, 1 de febrero de 2012

ARENA ROJA (TERCER ACTO)





Si tu alma pudiese proyectar un reflejo tan brillante y tan intensamente agradable, le pediría a Dios que le emplease en eso. Pero sería demasiado simple. Sería infantil tranquilizarse convirtiéndose en naturaleza. La auténtica espera no es tan límpida ni pura sino turbulenta e irritada. Hay siempre en movimiento una inmensa actividad humana que todo lo emporca. La muerte vigila sin cesar. De modo que si uno tiene alguna felicidad, más vale ocultarla. Y cuando nuestro corazón está pleno, más vale tener la boca cerrada.
Saul Bellow


Todas las noches, a la salida de mi trabajo, pasaba por el cine MAYA, y siempre veía una encantadora prostituta con la red de su seducción tendida en espera de que caiga un cliente.
Se llamaba Verónica, tenía cuatro hijos de diferentes padres, y los tenía que mantener ella sola ya que ella no creía en el sexo con preservativos ni en el aborto. Se trataba de una prostituta muy católica.
Cada vez que pasaba me miraba con aquella mirada que las mujeres tienen reservadas para los hombres desesperadamente solos como yo. Era una mirada profunda, insondable, desconfiada pero invitadora, inquisitiva, pero sexi, provocadora pero de advertencia…
De pronto me encontré haciendo maquinaciones para derrotarme a mí mismo y caer en su trampa, dejarme amar por aquella sacerdotisa del sexo y de la oscuridad.
Pero no fue necesario buscar un pretexto para acercarme porque ella advirtió mi indecisión de seguir caminando o detenerme y expresarle mi necesidad de hablarle y con un cigarrillo sin encender en la mano se me acercó a pedir fuego.
Su rostro era la cosa más preciosa de la raza negra que Dios haya diseñado en el mundo.
La invité una hamburguesa en el COLUMBUS y ella aceptó encantada porque estaba hambrienta.
Me confesó con una encantadora sensualidad, que le gustaba hasta la fascinación mi insolente apostura irlandesa, entonces me di cuenta que estaba doblemente hambrienta: era su estómago y su corazón los que yo tendría que satisfacer aquella noche. Ella también se sentía desesperadamente sola en esta sobre poblada y bulliciosa ciudad.
Mientras comía con verdadera satisfacción su gigantesca hamburguesa con ensalada rusa, hallaba tiempo, para con la boca llena, hablarme del acoso y mal trato a la que la sometía el último amante y padre de su hijo más pequeño.
Borracho o drogado iba a la casa para hacerle escándalo y cuando ella cansada y horrorizada le abría la puerta, la golpeaba porque ella no quería ceder en satisfacer sus necesidades sexuales.
Todo se trataba de una historia muy triste.
Como ella se negaba a tener sexo con el ex amante en esas condiciones, aparte de ser golpeada, el amante en pleno furor de borracho o de drogado la llamaba puta para arriba y puta para abajo.




Después de acabar con la hamburguesa me pidió otra y esta vez con queso y cuando llamé al camarero, aproveché para pedirle mi quinto whisky, con agua y hielo.
Me siguió confesando su vida como si yo fuera su sacerdote. Toda la vida de miseria que llevaba por la pobreza, la demanda de comida de sus cuatro hijos a los que consideraba como una bendición amorosa de Dios, y la tortura que significaba para ella el tener que vivir vigilada por su madre que no comprendía y no aceptaba que su hija, su negrita linda, tuviera que salir en las noches a vender fugaces momentos de placer a los hombres.
Se me quejaba con verdadera y desesperante amargura por la vigilancia y el acoso a la que la sometía la vieja puta de su madre.
Ella hizo una pausa y nos quedamos en silencio un momento. Momento en que aproveché para sacar un poema del bolsillo de la chaqueta y lo leí, estaba titulado:’ I feel inside in my hart’.


Camino y camino en medio del desierto
Y hoy vi un espejismo
Lo toqué y se volvió fría piedra
El dolor y el cansancio me invade
y sé que tengo que regresar
Allá al fondo tras la montaña
escucho el rugir de las olas
como leones encerrados en circo romano
Pero, me resisto a resignarme
o a conformarme con ser tu vergüenza
o tu pecado
Si vienes conmigo te luciré
como una preciosa joya
Aunque nos amemos en secreto
y en medio de tinieblas manchadas de sangre
No te preocupes, yo sé cómo…
El bombardeo radial es efectivo
Me mata como la kriptonita a Superman
No me deja pensar y me agobia
Era una mañana fría y dura
cuando te conocí
Soplaba un viento huracanado que
traía grandes gotas de lluvia helada
Y gritaste tu amor por mí
con toda la fuerza de tus pulmones
De desayuno te habías mandado un
batido con frutas
Tenías dudas de salir en medio de la
Tormenta
Recibiste una llamada telefónica
y supiste que ya nada sería igual
Contestaste, hablaste y te pusiste de acuerdo
Y saliste en medio de aquella tormenta


Después de la pausa se mostró interesadísima por leer el poema, pero yo no se lo permití y luego quiso saber sobre mi vida y le dije que me ganaba la vida vendiendo bienes raíces y vehículos en Punta Barandúa, y que hoy quería celebrar por haber vendido mi tercer terreno grande en una urbanización de la playa y mi segundo vehículo en Cuenca. Todavía no me habían acreditado el dinero en el banco, pero tenía suficiente efectivo en el bolsillo como para celebrar por adelantado.

Y ella abriendo los ojos llenos de felicidad y codicia, me dijo:

- ¡No te lo puedo creer!, ¿entonces estás lleno de dinero?

Le dije- con una sonrisa de oreja a oreja-, que en la billetera tenía suficiente dinero como para ir a la joyería de a lado y comprarle un broche de oro blanco de 600 dólares para colocárselo en el tobillo derecho en definitiva señal de posesión y dominio sexual.
Ella hizo una mueca de niña malcriada y me reprendió medio en serio, medio en broma y me dijo:

- No deberías pensar en gastar el dinero de esa manera.

Y yo le dije:

- ¿A sí?, ¿Y cómo te gustaría que lo gastara en ti?

Entonces me dijo que llamara al camarero para ordenarle que empaque lo que quedaba de la hamburguesa para llevar, y después de todo eso me cogió de la mano y nos fuimos caminando derechito al HOTEL LAS DUNAS que quedaba a la vuelta del cine MAYA.
Cuando entramos el guardia me recibió abriéndome la puerta con una sonrisa de complicidad.

Aquel cuarto tenía unas dimensiones lo suficientemente hábiles como para acostarse acompañado de dos putas, en un colchón recubierto de cuero, disfrutar de aire acondicionado, un baño desinfectado con cloro, sin cucarachas y la oscuridad necesaria para disfrutar del programa de televisión HAWAII 5-0, que pasaban por TV CABLE.

Si al principio su rostro me pareció de una belleza inimaginable, eso no fue nada cuando Verónica se desnudó y me enseñó su bien proporcionado cuerpo moreno y dotado de dos increíbles pechos, característicos de la raza negra y de remate, luciendo en sus entrepiernas un verdadero y seductor matorral de vello púbico negro como una noche sin luna, como el de una reina sudafricana.




Estaba nerviosa y pronto se disculpó y se metió en el baño para orinar.
La impresión fue tan fuerte que junto con todo el whisky que había metido en mi cuerpo y el frío del aire acondicionado tuve que sentarme para proceder a desnudarme calmadamente. Una vez desnudo aproveché el silencio de la noche y saqué otro poema de la chaqueta de pana, ahora tirada en el piso, y leí, su título era: ‘ALUCINACIONES’.

Querida Madison:

Es tan difícil vivir sin ti
Camino en medio de este desierto
y no encuentro el rumbo preciso
que me lleve a ti
Cuando estoy cerca del mar
sólo son instantes de pura poesía
Y beso tus ojos claros como rayos de sol
Es un frenesí, un debatirme como
cangrejo furioso en medio de las olas
Aferrarme con mis puntiagudas uñas a la roca
verde y salada
Te imagino desnuda, y mi mirada fija
en tu tierno pubis
Una ola gigantesca allá revienta
en medio del océano
A veces me olvido
que los pintores y los surfistas
están condenados, marginados,
confinados al territorio del no pensamiento
y de la omerta
Pero callo porque pienso
cosas difíciles de entender
como ver que de tus espaldas salen
alas y que te sumerges en el mar sin
ningún problema
En el siglo en que vivo
No se tiende un puente vivo, que rescate
mi contribución al mundo
Y sin miedo a utilizar grandes palabras:
Al Universo, al Cosmos
Tu sexo, mi sexo y el de los otros…
Ellos… los extraterrestres
¿Qué pensarán de nosotros y de la forma en que
nos amamos, engreímos
y nos damos placer debajo de esta carpa?
Aquel conocimiento es un viaje
De ida sin regreso y nadie
sabe el porqué
Las estructuras de la seguridad nacional
Se conmueven como los chicos del Sanedrín
ante un Jesús
Cuando oyen hablar de sexo interestelar
Carl Sagan se queda corto y Sthepen Hawking
no habla de ello
Alvin Toffler y Robert Nozick no profundizan
George Bush, padre
dice que no está en libertad para hablar de ello
Ya sabemos que con el papa no se puede contar para
salir del statu quo
Remolinos intelectuales
Hierven en mi cerebro y no puedo enviarte
Una foto
Que es lo que más me desespera
¿Quién eres tú que me sigues y
sabes con detalle todos los aspectos de mi vida?
¿Me amas?
¿Te escandalizo?
¿Me odias?
¡¿Me comprendes?!
Quiero verte
Yo sé que eres de otro planeta y de
sexo femenino
Por las señales que me mandas
No me secuestres ni me tomes por la fuerza
Respétame y déjame verte
Yo te puedo dar un amor, una sensibilidad
Que los de tu especie no conocerán
nunca
Infringiremos todos los códigos solares y
galácticos que nos separan
Te haré explotar y te convertiré en luz


Cuando Verónica salió del baño pronto me di cuenta que no tuve que preocuparme mucho por nada más en la noche, Verónica me iba a sacar el estrés de toda una semana de trabajo llena de problemas, incertidumbres económicas y felices desenlaces.
Verónica se me abalanzó desnuda sobre mi para sacarme toda necesidad de amor, comprensión y angustia por el futuro y lo primero que hizo fue aprisionar con sus labios de negra mi pequeño y asustado pipí hasta ponerlo verdaderamente tieso y en condiciones de mantener un coito saludable y equilibrante. Cuando la venía venirse encima, experimenté una alucinación bastante rara en medio de la penumbra de aquella habitación:

En medio de la oscuridad y el frío no era el rostro ni el cuerpo de Verónica la imagen que me asaltaba sino el rostro y el cuerpo pálido de la secretaria cuencana, Paula, de la oficina. Aquella imagen me desconcertó al principio, pero después me fascinó y me excitó mucho más, preparándome para lo que Verónica me iba a ofrecer. Cerré los ojos y al sentir el contacto de su piel era a Paula la que sentía acariciar mi flácido cuerpo de ejecutivo, eran sus senos los que me abrigaban, era el perfume de su cuerpo el que me envolvía, y era su voz la que me preguntaba si estaba bien, si le gustaba lo que me hacía, si ya no me sentía solo…

Cuando estuve listo la saqué de encima mio y la coloqué en la posición de misionero para poder devolverle el favor mamándole las negras y redondas tetas, que flotaban libremente en la oscuridad de aquel cuarto iluminado apenas por los rayos catódicos de la TV. Donde, ahora, pasaban un programa porno de la Playboy.

Esa noche tuve suerte al encontrar a Verónica, pues encontré a la mujer más dulce y complaciente que un ejecutivo de ventas se pueda imaginar.
En pocos momentos experimentamos las diferentes posiciones del coito ilustradas en el Kama Sutra. En un momento dado se puso en cuatro y pretendía, gritaba que la penetrara con toda mi fuerza una y otra vez.

Verónica, la prostituta santa poseía una habilidad para llevar a un hombre al borde de la eyaculación varias veces, pero sin dejarlo acabar, reservándolo de esa manera hasta un momento alucinante y mágico en que ella estaba ardiendo de tal manera que los dos terminaban al mismo tiempo, unidos en un solo grito de sudor, contorsiones musculares, semen y placer.

Generalmente soy hombre de un solo palo, pero con Verónica las cosas eran diferentes, era verdaderamente insaciable y en medio de cada crisis de placer gritaba que me amaba y que me necesitaba y después de un rato se propuso y se encargó de volver a atrapar mi pequeño pene, mamarlo hasta ponerlo duro y volver a tirar hasta llegar a una segunda eyaculación. Era como si ella fuera de una especie extraterrestre y quisiera quedar embarazada de mí.
Cuando terminamos quedamos rendidos y empapados de sudor en aquella cama en medio de sábanas revueltas e iluminados por el resplandor radiactivo de la TV en medio de unas penumbras oscilantes. Cuando la miré bien al rostro, ella era iluminada por los rayos catódicos de la televisión, que nuevamente presentaba el aburrido programa de HAWAII 5-0, pero ahora su rostro era el de Verónica, la cuencana Paula se había esfumado, llevándose todo mi semen y mi amor…

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