miércoles, 15 de febrero de 2012

ARENA ROJA (CUARTO ACTO)



Tal y como están las cosas, la gente se siente en libertad de conectar y desconectar, sea ello lo que fuere, se trate de quien se trate, es posible desconectar en el momento que se quiera. Cualquiera puede desconectar en cuanto piense que ya ha estado bastante tiempo pendiente del hombre, la mujer o la cosa de que se trate. Es una opción bastante sencilla, y al tiempo sumamente atractiva. Así es como se aprende a conservar la propia humanidad para uno mismo, que es quien mejor la aprecia…
Es la situación de autonomía, de distanciamiento, una especie de soberanía en la que todos estamos entrenados. La soberanía de los átomos…, o sea, de los seres humanos que se consideran a sí mismos como átomos de separación inteligente, pero todo eso ya se ha dicho muchas veces. Como, por ejemplo, lo esquizoide que es la personalidad moderna. La atrofia de los sentimientos, todo el asunto, tienes, por ejemplo, a ese…,¿cómo se llama…? Sí, Fairbairn y también a Jung, antes que Fairbairn, comparando la psiquis civilizada con una solitaria. Segmentos idénticos, sin terminar nunca. Es tonto, y, al tiempo, aburrido, sin acabar nunca. Y así volvemos al primer axioma del nihilismo…, los valores más altos que pierden su valor.

Saul Bellow




Sonó el teléfono y era una noche calurosa de un viernes de mayo en Salinas.
Mi cuerpo vibraba y vibraba de impaciencia.
Estaba ansioso porque quería vivir por anticipado todos los goces y la felicidad que una salida en el auto de mi padre me podía conseguir. Era un Ford Mustang del 70 y era una maravilla rodar por las calles de Urdesa en aquel vehículo.
Fue un gran salto, un éxtasis de alegría escuchar el sí de mi padre y el bueno de mi madre cuando les pedí permiso.
Cogí las llaves que se encontraban colgadas detrás de la puerta, y empecé a recoger a mis amigos predilectos, mi gallada: O’Brien, Mac Dougal, Rod, Russo, Buchanan, Phillipe, Tommy Robin y Johnnie Pick Up…

Ya en el primer encuentro nos dimos tiempo para fumarnos un grifito. Y todo empezó a tener sentido y a vibrar y vibrar de impaciente verdad y éxtasis angelical.
Los estornudos mentales EXESTER estaban a punto de manifestarse como la erupción de la lava volcánica y yo estaba tan grifote que manejaba despacito por la Víctor Emilio.
Entonces todo se definió, todo quedó absolutamente claro cuando fuimos a recoger a Claudia, que nos esperaba en el Super Burguer.
La pobre Claudia tenía terror a estas salidas tipo EXESTER en el auto de mi papá.
Ni bien entró al vehículo y vio mi cara congestionada por el éxtasis y la santidad, se dio cuenta que la cosa iba en serio, pero ¡qué cosa!, todavía no había ninguna manifestación de una crisis de EXESTER ni nada por el estilo, y todo seguía su curso normal en aquel vuelo.
Y Claudia también se puso en algo con la fumada de aquella yerba.



De pronto empecé a manejar a toda velocidad y empezaron los estornudos mentales EXESTER y yo gritaba durísimo, mientras mi cabeza se convulsionaba de un lado para otro, bajo los acordes de una canción de los Hall & Oates, Kiss in my list:

- ¡EXESTER!

Y así continuó la cosa durante seis cuadras más…

- ¡EXESTER; EXESTER; EXESTER!

Y entonces Claudia, completamente enloquecida, no lo pudo soportar más y le dio un ataque de pánico y forcejeaba con los demás muchachos y gritaba frenética y desesperada que pararan el auto y que la dejaran salir y gritaba fuertísimo:

- ¡Que me dejen salir que nos vamos a matar!, ¡déjenme bajar!
- ¡Uy, pero qué loca eres!-le gritaba Pick Up mientras la sujetaba fuerte para que ella no abriera la puerta y se lanzara mientras el vehículo rodaba a toda velocidad-.

Y todos los demás miembros de aquella tripulación se desternillaban de la risa y la cogían y la sometían para evitar que la pobre y aterrorizada Claudia no saltara por la ventana del vehículo en movimiento y se matara.
Y todo esto ocurría mientras las crisis de estornudos mentales ¡EXESTER! continuaban y todos le decían a Claudia que se calmara y ella me señalaba y decía:

- ¡Pero si está loco!, - y luego continuaba histérica y con los ojos desorbitados-, ¡nos vamos a matar!

Entonces el grupo decidió pararme, detener el vehículo, sacarme del volante y mandarme bien atrás y seguir el viaje con Pick Up en el volante, pero yo seguía con mis crisis de estornudos mentales de EXESTER y gritaba de vez en cuando, todo convulso:

- ¡EXESTER!

Y los tripulantes del auto trataban de seguir ignorándome como si yo no existiera y no pasara nada, pero era tan imposible, todo el drama estaba tan cargado de locura y pautado por los gritos ¡EXESTER!
Y así seguimos hasta que Pick Up detuvo el Mustang se metió en el Super Burguer y colocó al orejón Ormeño en el volante. Cuando el nuevo conductor empezó a protestar y a decir en coro junto a Claudia que:

- ¡Callen a ese hijoputa!

Entonces poco a poco se me fue pasando el efecto de aquella yerba alucinante y me quedé callado como un ídolo de piedra y el auto se detuvo en el Super Burguer y ahí nos bajamos todos. Para entonces ya todos nos encontrábamos de nuevo en el planeta Tierra.

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