lunes, 21 de febrero de 2011

Desde un 1960 en un 2011

Entrada oficial del teatro bar 1960, el que se espera convertir en el nuevo espacio cultural y rockero de Manta


Son las 21h40 del sábado 19. Es la quinta vez que Erick saca su teléfono para ver la hora y recordarme el atraso que nos mantiene fuera del Teatro bar 1960, en espera del concierto organizado por los recientemente conformados Metaleros Manta.

Desconocemos al 80% del público que ha ingresado al establecimiento. Tal vez sea un síntoma bueno, a lo mejor el movimiento rockero local está creciendo y esta es la evidencia; puede que ser rockero esté “in” (porque muchas niñitas fresas han arribado para corear, saltar -¿bailar un mosh?- y beber) y el no serlo una marginación social dentro de los pequeños grupos de amigos.

Uno de los organizadores nos ha invitado a pasar, dentro de cinco, cuatro, tres o dos minutos tocará la primera banda. Ingresamos, nos retiramos en seguida (no se puede fumar nos anuncia alguien) nos sentamos en el patio, contemplamos minuciosamente el teatro-bistro-café-bar, sus detalles, lo aniñado que es, lo no adecuado para un concierto de metal extremo (que no es el caso). Sin cigarrillos, volvemos a ingresar, esta vez para darnos cuenta del encanto sesentero que desborda desde las paredes. Hace calor, mucho, nos instalamos cerca del bar, pedimos una Pílsener, nos asustamos por su precio, y más cuando su tamaño no es el que esperábamos. Bebemos con pena, a pequeños tragos, mientras nos acercamos al escenario donde Leviatán empieza a sonar.

Erick junto a su "inolvidable" cerveza.


Tres covers y Erick ya está cerca de mi oreja derecha:
-Deberían tocar la última y pedir disculpas al público. Alguien debe apagarle el micrófono al guitarrista que desde el primer tema le viene estropeando el trabajo a la vocalista.

Sería lo adecuado, le digo, pero la banda está iniciando, y su madurez escénica puede alcanzarse pronto, pero con trabajo y en exceso. Es cierto, el guitarrista no aporta en la vocalización, desafina demasiado y esto le resta puntos a la banda. Tengo una mejor excusa: son jovensísimos, se han tirado al ruedo pronto, y la crítica, el público, las bandas más experimentadas, no perdonan.

-Jamás, hasta esta noche, había escuchado una versión desahuciada y tan anti Metallica de Master of puppets, me vuelve a decir Erick, esta vez desde la oreja izquierda.

Estoy a punto de darle la razón, pero mi labor es de conciliación y no ruptura, así que me trago mi prejuicio-gusto y dejo que hable el periodista, el del análisis a cuesta:
-Se trata de una personalizada manera de interpretar a Metallica, tal y como lo han hecho con AC/DC. Sostengo que la banda con más ensayos puede alcanzar un nivel medio, su guitarrista principal denota un talento en bruto, su batero ganas, el bajista concentración, el otro guitarrista un entusiasmo desbordante y la vocalista energía. Es cierto: a todos les falta más desenvolvimiento, lograr una conexión con el público (más allá del simple salto de los amigos) que su música -covers por ahora, pero no para siempre- trasmita implícitamente aquel vínculo emotivo y rebelde del rock.





Dos momentos de la presentación de Leviatán.


Son las 23h00 en punto, Erick ha sacado su teléfono una sexta y última vez. Nos abrimos paso entre el público que ha llenado el espacio del 1960. Atrás queda Leviatán deleitando con más covers a sus amigos. Deberíamos quedarnos, observar la presentación de Réplika (los segundos en subir al escenario) pero conocemos su trabajo, calidad y conexión con el público: todos los elementos que una banda madura y aplicada al trabajo de la música debe poseer para destacar. Así que salimos, avanzamos hasta la calle 13. Paramos dos taxis y cada uno toma direcciones diferentes, hasta que una nueva convocatoria nos vuelva a encontrar, en este o en otro lugar.

Parte del público

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