lunes, 13 de diciembre de 2010

Plátano Metal: un concierto de resistencia

Dark Anubis, luciendo una segunda voz innecesaria.



Es la cuarta timbrada de la alarma del teléfono, quisiera ignorarlo, seguir refugiado bajo una sábana, sobre un colchón, junto a la tibieza de un cuerpo femenino, pero persiste la vocecita maniaca: ¡Plátano Metal, rock, panas, trabajo por hacer! Cinco minutos más, lo juro.

Tres horas después de haber apagado la alarma, me encuentro saliendo de Manta. Son las nueve de la mañana del sábado 11 de diciembre. La doble cabina que avanza rumbo a El Carmen acoge a cinco cuerpos: los miembros de Aneurisma y un cronista somnoliento.

Cuatro horas y extensas hectáreas de plátano han bastado para reconocer nuestro arribo, donde Javier, Greñas (quien ha cortado su cabello y resulta raro llamarlo así), Beto, Cochi y otros más vuelven a demostrar que de la nada se puede construir un concierto que se sostiene por el amor al rock, sobrecargado (jorobado) de buenas intensiones, todo con el firme propósito de continuar siendo el referente, la tradición e historia de su ciudad y Movimiento Metalero.

El escenario elegido para el cuarto Plátano Metal ha sido la Plaza Cívica de la ciudad, un espacio amplio que vuelve mínimo al escaso público que ha llegado: metaleros de Santo Domingo, Pedernales, Manta, Portoviejo y los residentes de El Carmen.

Tres jóvenes han iniciado el concierto, su nombre se me ha perdido entre los acordes alternativos que sueltan desde el escenario. Recién empiezan, tienen fuerza, y una convicción en lo que hacen que probablemente los lleve a otros niveles, pero será el tiempo quien nos demuestre esto.




Impuros antes de su descarga blasfema.


Dark Anubis de Santo Domingo no han llenado todas las expectativas que tenía. Su música a medio camino entre el black y el doom es apreciada por sus seguidores, quienes corean y cabecean sus temas. Canciones densas, letras ¿blasfemas? y un desarrollo musical normal, pero me intriga el porqué de una vocalista que no aporta a la banda, cuando todo el peso y consistencia vocal se lo da el cantante oficial.

Los terceros en subir al escenario son Dogo (luego de una espera que a más de un asistente alteró), también de Santo Domingo, thrash desde covers que emociona a sus seguidores. Habrá que seguirles la pista.

Edison, vocalista de Impuros, ha dicho: “somos una banda blasfema”, y los primeros acordes de un black metal estridente dan inicio. Esta vez la pintura de guerra en sus rostros no los acompaña, pero la entrega enérgica se manifiesta en cada uno de los cuatro músicos y sus temas.




Morboviejo, previo a su primera presentación oficial.


El público de Santo Domingo empieza su retirada y con ellos las bandas visitantes. El espacio es más desértico, y un abandono invade a las bandas restantes, justo cuando una nueva propuesta debuta: Morboviejo de Portoviejo, quienes desde el primero hasta el último tema impresionan a los espectadores, quienes impasibles degustan aquella morbosidad extrema y apasionada que no flaquea, porque hay experiencia y madurez en sus integrantes (bajista y baterista integrantes de Noctum y guitarrista de Agonía.

Por su parte, Aneurisma de Manta devuelve los movimientos de cabeza a una docena de espectadores, quienes aplauden cada tema, y siguen atentos el desenvolvimiento escénico de los cuatro músicos. Army of apocalypse es su primer álbum de thrash y el que presentan junto a temas inéditos que a muchos impresionan por la madurez musical.




Óscar de Aneurisma, junto a su amada Alexia.



Finalmente Agonía de Portoviejo no se bajonean ante el paupérrimo público que los acompaña, que disfruta y cabecea su brutal death metal. Baldemar, su vocalista agradece la invitación por tercera vez consecutiva a este concierto, para seguir descargando sus temas insignes como Ritual sadismo o Asfixiado.

Las luces se han apagado. Diez y media de la noche. No hay borrachos belicosos provocando desmanes, drogadictos infiltrados dando una imagen errada del rockero, insultos, peleas, nada. Tranquilandia Metal podría ser el nuevo nombre para el Plátano Metal, y todo porque al tratarse esta vez de un espacio público las condiciones de prohibir venta de alcohol han sido acatadas. Cito: “Mala shuerte” Chubaca.

Sobrio he llegado y sobrio regreso. Las extensas hectáreas de plátano despiden a la doble cabina, y a sus ocupantes. Algo ha fallado, me vengo repitiendo, algo semejante como a aquella vaca tirada a un lado de la carretera y a la que una docena de gallinazos devora. Quizás la analogía esté en que el público son esos mismos gallinazos, pero despreciando a la presa-concierto agónico que cada año intenta sobrevivir, pero algo falla, y ese algo debe corregirse a tiempo para no ser culpables de haber creado un nuevo recuerdo metalero en Manabí.




Baldemar al frente de Agonía.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Excelente reseña Alexis, dices muchas verdades aunque duelan aceptarlas, el Festival es un gran sacrificio realizado por esos guerreros del Movimiento Metaleros en El Carmen, espero las cosas mejoren a futuro, el metal de Portoviejo siempre les seguira apoyando.

att
Diego Moreira
Baterista de Morboviejo y Noctum.