martes, 9 de febrero de 2010

Rock subterráneo V

Noctum y su black pagan metal

Diez pm. Manta es un recuerdo vago que se disipa. Hemos partido -Alonso ha venido nuevamente desde Pedernales para ser mi pata- de la Flavio Reyes (antes de que finalizara el concierto organizado por Amoxio) en un taxi rumbo a Portoviejo donde seremos una vez más parte de la historia del metal manabita. La vía es más solitaria y tétrica que de costumbre, hay brisa y más allá, cerca del lugar donde se desarrolla el Rock subterráneo V, hay lluvia, cantidades de litros cayendo sobre nosotros. Pero no nos importa mientras el metal continúe ahí a nuestra espera.

Camareta y Mancha negra han tocado antes de nuestro arribo. La voz cavernosa de Baldemar me advierte que Agonía está en el escenario, su brutal death metal es reconocible, la intensidad musical de sus guitarristas y la fuerza de su baterista (hay una ausencia de bajista ya característica en la banda) la ha destacado en todo Manabí, y ya empieza a hacerlo en el resto del país, sobre todo cuando se trata de una agrupación que ha tomado las cosas con seriedad y no ha claudicado en ningún momento de sus propósitos.

Noctum, la banda black pagan metal, el trío pagano y cuyas líricas se enfocan en esa naturaleza hostil manabita y sus fuerzas oscuras, no logran conectar del todo con el público, pero se las arreglan para compartir sus temas inéditos, que a pesar de todo (un sonido que nos les ayuda mucho y la interrupción de aquel personaje zombi que siempre intenta arruinar los conciertos) alcanzan a unos cuantos seguidores de la banda.

Marcelo, Dover y Wacho, miembros fundadores de Legión en un destructivo encuentro.

Legión, una de las razones por la que Alonso ha emprendido una vez más su travesía, han sido los siguientes en descargar su música y lo han logrado, desde el primer tema se relacionan con ese público ávido de black metal y oscuridad, porque sus temas han mutado a himnos blasfemos contra dogmas pululantes. Eso es Legión: un quiebre a la alienación ideológica de las religiones. El mosh inicia brevemente (lo frustra un metalero caído bajo patadas coléricas) porque la banda cumple quince años de trayectoria y se ha llamado a su bajista y segundo guitarrista, miembros fundadores de esta herejía, para que finalicen el repertorio. Entonces sus temas clásicos Temido nombre y Venganza logran que la masa metalera se funda en una sola hasta la culminación.


Escabrosamente adictivos: El amo de las putas.
El amo de las putas, la banda guayaquileña por la que muchos se encuentran aún en espera, a pesar de que el viernes 5 de febrero es pasado y ahora un sábado 6 marca casi las dos de la mañana, nadie se marcha, los casi cien metaleros esperan el plato extremo, la brutalidad encarnada en cuatro tipos. Y a esto se enfrentan una vez iniciada la participación de esta banda transgresora y provocativa, con temas cuyas líricas podrían alterar a más de una mojigata a la que las palabras perversiones sexuales le arranquen náuseas. El death, gore son géneros conocidos en el país, pero el slamming, es algo distinto, más irracional y a la vez técnico y eso es El amo de las putas. Una banda acta para todos aquellos adictos a la intensidad.

Después del concierto junto a los organizadores e integrantes de algunas bandas.

El rock subterráneo en su quinta edición, uno de los conciertos más antiguos de Manabí (iniciado desde 1996) finalizaba con muchos puntos a su favor: buen sonido, espacio amplio para el evento y un cartel variado. Pero también con un punto en contra que debe acabarse: la prohibición a conciertos de rockerillos problemáticos que estorban a las bandas, que impiden que el público disfrute plenamente. Hay que ser elitistas en este sentido, permitir el ingreso en cada concierto solo a quienes en verdad deseen ser parte de él. Así me dice Alonso, así me lo repiten el resto de cofrades con quienes nos hemos quedado luego del concierto, esperando que el sábado 6 arribe al alba, mientras pasa la vigésima cuarta cerveza de mano en mano y boca en boca. Salud.

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