jueves, 5 de noviembre de 2009

Basca


No puedo engañarme, me es imposible hacerlo, no cuenta que todos a mi alrededor coreen sus temas, giren en un mosh que simula un linchamiento, alcen sus manos y representen esa llamada cabeza del “diablo”. Pero es verdad estuve con ellos, canté sus canciones, les seguí la pista hasta que en el camino se interpuso el doom y con ello nuevas bandas, mejores emociones, una mejor identificación. Entonces llegó el final.

Basca es una banda cuencana que tiene su gente, no solo en Manabí si no en todo Ecuador, además de una sólida carrera de 20 años con más altos que bajos. Sus letras conviven en los diálogos de muchos rockeros, su actitud heavy es la mejor amiga de quienes crecieron con ellos y de quienes han empezado a engancharse con su historia que es su música.



Los respeto, pero entre respeto y gusto hay un camino bloqueado, muy separado y sin mejora. Ya no me emocionan sus temas sociales, o aquellos donde nos reflejan, y sacan la cara en nuestra defensa (Ándate, sin duda es un tributo a cada rockero del planeta). Prefiero nuevas propuestas y dejar que sean otros (tal vez el público que los acompañó el pasado 31 de octubre en Portoviejo) los que griten su nombre, pidan los temas que se saben de memoria, corran apresurados a meterse en el mosh porque la banda ha empezado el tema que estuvo con muchos de ellos desde adolescentes.

Aún conservo un casete pirata (tal vez dañado e imposible de escuchar) con varias de sus primeras canciones, el recuerdo de mis amigos de barrio soltándome sus temas en cada borrachera. La banda estuvo conmigo, pero ya no, ahora es parte de una comunidad cada vez más valorativa en sus artistas, los que han ganado el respeto necesario para moverse en el país y saber que siempre frente al escenario, en esa escandalosa oscuridad, habrá decenas de cuerpos forrados en camisetas negras, manos en alto, y un nombre aún vigente (recordándoles la rabia contra el sistema opresivo y decepcionante): ¡Basca!


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