viernes, 23 de octubre de 2009

Rock y vestimenta


¿Por qué vestir de negro y no de rosa? ¿Por qué volverse un masoquista fúnebre paseando al aire libre y en días soleados? ¿Por qué en el supermercado, en los viajes familiares, en el trabajo, en casa de tus suegros y con tu pelada no variar con colores más vivos todo ese repertorio de camisetas negras? Porque así como los raperos necesitan su ropa ancha y gorras, y las tecnocumbianderas sus minifaldas y tangas estrambóticas, así el rockero necesita su vestimenta negra para identificarse y reafirmar su identidad.

Lo negro no es solo la oscuridad y maldad que muchos creen ver, la invocación inacabable de un rito viviente, la trasgresión estética en medio de la ensalada colorida de la sociedad, es algo más que tiene su base en el duelo social que provocan muchas cosas con las que no se está de acuerdo. Es el reclamo apacible, pero de onda significación, que circula en contra corriente en un mundo muchas veces distraído en la frivolidad de las modas y sus colores. Es ese estar fuera de onda, estancado, enraizado en una comuna global reticente al cambio.

¿Pero se deja de ser rockero si se viste de colores? No. A pesar de ser la vestimenta negra una de las características más visibles de reconocimiento de un rockero, esto no lo es todo para reafirmar su identidad. Porque el rock se lo vive interna (actitud) y externamente (vestimenta). No siempre el tipo que aparezca en un concierto todo de negro será el más rockero, y contrariamente el tipo que viste de colores a veces sí lo es.

La vestimenta negra en algunos podrá ser el disfraz para conciertos, el recurso de aparentar entre otros y no desencajar (evitando el prejuicio y la exclusión), un símbolo de rebeldía al que se pretende llegar, pero para muchos, esa masa que se esparce velozmente en todo el planeta, siempre será una parte normal de su existencia, su identidad evidenciada y asumida con orgullo.

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