sábado, 28 de marzo de 2009

¿Represión?




Represión, es una palabra que cada vez va teniendo menos fuerza, las razones: el desgastamiento al que la cultura rockera la está llevando. Usándola en conveniencia y justificativos que nada tienen que ver con ella.

Es cierto que los rockeros son la población preferida por las autoridades para arremeter contra sus actividades. Los ejemplos represivos en nuestro país sobran. Puesto que esto no sólo se da en acciones físicas (los característicos arremetimientos de la policía) sino también en agresiones subjetivas (las que promueve la prensa nacional, desde sus distintos espacios informativos).

Nadie justifica que los rockeros no sean unos provocadores. La naturaleza rockera es en sí provocadora. Su música, vestimenta, jerga, comportamiento dentro de conciertos, etc.

Pero así como existe esa parte negativa de rockeros, también coexiste aquella parte que en vez de aferrarse a ideas cavernícolas donde la ley del más fuerte y más malo se impone, tratan de promover la armonía, sin dejar que esto influya en sus características de rockero.

El pasado concierto de Iron Maiden es una muestra desagradable de que la palabra represión continúa siendo el refugio de esa parte de rockeros a los que el rock simplemente les resulta una máscara. Son borrachos, drogadictos y no creen en el rock como una cultura que deba integrarse a la sociedad. Lo suyo es la desintegración.

Hablar del puertazo es algo tan común que a veces resulta aburrido. Ya que ni las campañas emprendidas de los medios de comunicación rockeros, menos los organizadores de conciertos, han logrado parar esta detestable costumbre. Si hay que reconocer a una población donde este problema se dé considerablemente, Quito es la ciudad indicada. En el resto de ciudades del país también ocurre lo mismo, pero no con la fuerza y perjuicios de la capital.

¿Cómo parar este problema? Lo más acertado, ante la no similitud de lo dicho por los medios de comunicación y organizadores de conciertos, es recurrir a la fuerza pública. Entonces lo pasado en el concierto de Maiden se justifica. Porque si más de 25.000 asistentes pagaron su entrada y tomaron bielas. Porqué tener preferencia por los desadaptados que prefirieron tomarse todas las bielas y negarse a pagar entrada.

¿Represión? No cuando los actos son los justificados. Conozco el ambiente de los puertazos. De ese aguardar los descuidos de los organizadores para colarse dentro de las tocadas. De ser el primero en reclamar servicios que no se pagan. De embriagarse hasta el límite y al menor indicio de llamado de atención descargar la ira de ser un miserable seudo rockero.

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