jueves 12 de febrero de 2009

Marfuz 12



Marfuz, la revista que me atreví a publicar en el 2002, en una ciudad donde los medios rockeros eran inexistentes, no ha dejado de parecerme inútil. Cada número es una confirmación de un trabajo serio y comprometido con al difusión de la cultura rockera de Ecuador y otros lares.


Por fin ha salido la edición doce. La que debió hacerlo a finales del año pasado, pero nunca faltan los contratiempos de distinta clase.

Para esta edición no solo que se ha trabajo intensamente para ofrecer un producto, periodísticamente hablando, apreciable, sino que además se ha mejorado la calidad de la portada. Sospecho que ahora podremos competir a la altura de muchos de los medios de amigos que hace rato entendieron que para que sus revistas logren mayor enganche con los lectores debían enfocarse en la vistosidad de sus portadas. Hacia allá vamos, y esperamos abarcar más nichos rockeros nacionales y fuera del país.

Para este número se incluye a las bandas ecuatorianas: Likaón, LVL Project, Morbropraxis, Notoken, Misery, Barbarie, Saterforp, Gorthaur, Avathar, Sliver, y una exclusiva entrevista al responsable de Editorial Paranoia de Colombia. Los segmentos fijos como Bibliografía para bandas, Crónicas del metal, reseñas, crónica cinéfila y el ensayo titulado Total death: poesía, congoja y sensibilidad.

En cuanto a la parte literaria aparece una interesante muestra poética de Tamara Acosta. También relatos de Marco Martínez, Alejandra Montesdeoca, Xavier Cuzme, Efraín Peluche, y José Núñez del Arco.



Para finalizar comparto el editorial de esta edición:








El rock organizado


Está demostrado que las organizaciones rockeras pueden ser empresas de mucha utilidad para su población, tanto nacional, como de las distintas provincias y ciudades que conforman el país; tanto para bandas, medios de comunicación y promotores rock culturales. Es solo cuestión de proponérselo, agrupar a quienes compartan los mismos objetivos y sacar adelante lo soñado en pro del rock. Organizaciones quiteñas (las más activas, quizás) son el mejor referente para tomar las riendas de este anhelo.


¿Cómo ayuda una organización al rock? Partamos del hecho de que al ser una organización su labor primordial consistirá en organizar todo cuanto se hace y pretende hacer para apoyar la difusión rockera, es el cerebro colectivo identificado con un nombre que representa públicamente la labor emprendida. Pero sobre todo porque representa una unión, algo que le falta a muchos movimientos rockeros del país.




Los beneficios son múltiples: desde la planificación y desarrollo de conciertos, promoción de bandas, creación y difusión de medios de comunicación, y sobre todo vinculación con otras organizaciones sean estas nacionales o internacionales y cuyos propósitos guarden una relación en común.

El rock (y su población) debe pasar de pasivos espectadores de bandas, a integrantes organizados sacando adelante la cultura rockera de la que tanto se habla. Es el momento de que las provincias más relegadas sean representadas y a la vez representen a sus movimientos. No se trata de hacer política sino una labor que beneficie a quienes busquen en el rock más que simples excusas para embriagarse y drogarse.

(ps. La portada desde este número será a colores, y aunque no se note en la imagen -fallas de un servicio pésimo- se verá la diferencia por la calidad)