lunes, 12 de enero de 2009

Pedro Gil: veinte años de adicción poética





Primer encuentro
Era un poeta. Sabía rimar versos, había leído a poetas románticos y modernitas, y era suficiente para publicar mi primer poemario. Error, no era poeta, sino un remedo. Las lecturas, la contextualización, la realidad, todo estaba contra aquellos versos infantiles y depres por demás.
Fue en este vergonzoso proceso que conocí a Pedro Gil y su taller literario. Era el 2001, cursaba mi segundo año de universidad, la vida era detestable y la poesía impublicable (pero me atreví a difundirla). Continuaba escribiendo poesía, cantidades de poemas, todos los que al final encontraron su sitio: la basura.
Desde este ingreso me reformé. Continué con la poesía, pero mis versos mutaron, las ideas encontraron más fuerza, la responsabilidad con las palabras fue mayor, el alejamiento de los lugares comunes también. No me enseñaron a escribir, me pulieron y las herramientas me ayudaron más de lo debido.

Segundo encuentro
Pedro Gil era el poeta joven manabita de reconocimiento nacional, eso me dijeron los compañeros talleristas, pero lo desconocía, a pesar de ser de la misma ciudad. Jamás había leído ninguno de sus -en ese año- tres poemarios.
No pasó mucho tiempo hasta que me actualicé en torno a quien era mi profesor de taller, primero llegaron los datos de su vida (los peores) después los de su poesía (la que aún me acompaña).
Ocho largos y cambiantes años han pasado desde que junto a otros estudiantes universitarios (todos dedicados a cualquier otra cosa que no sea literatura) nos encerrábamos en un pequeño cuarto del antiguo edificio del Departamento de Cultura de la ULEAM, donde nos leíamos, comentábamos y sobre todo corregíamos. No recuerdo ningún otro año de intenso trabajo con lo que escribía. Siempre estuvo la exigencia.
Los autores y sus obras (casi todos desconocidos para un muchacho estancado en el romanticismo y modernismo) recomendados por Pedro me ayudaron a madurar literariamente. Luego el taller tendría su primera parada…

Pedro Gil: Paren la guerra que yo no juego
Si me preguntasen, cuál de los cinco poemarios de Pedro (incluyendo la antología He llevado una vida feliz, que posee un apartado con poemas inéditos) consideraría el mejor, el más impactante, el que desborda sensibilidad arrolladora, no lo pensaría dos veces Paren la guerra que yo no juego, publicado en 1989.
Libro que desde la primera lectura no he abandonado, suelo volver a él, por su intensidad, irreverencia y sobre todo por ir contracorriente.
Veinte años cumple el primer poemario de Pedro y no encuentro mejor manera de agradecer la existencia de este libro que escribiendo un escueto post, un pequeño tributo para este acontecimiento poético.
Para completar esta nota los dejo con uno de los poemas que más aprecio de este libro:


ME GUSTARÍA MATARME POR AMOR
Pero qué harán las piedras sin las huellas
(digitales de mi ira,
los chinches sin mi sangre bondadosa,
qué pensará mi madre consumida y arrugada,
idéntica a las madres del barrio que queda a
la vuelta
de Todos Los Barrios Pobres Del Planeta,
que dirán los que me dieron,
el policía que me arrestó por no saber robar,
el que me prestó un libro y jamás se lo devolví,
el tendero que me estafó para vivir mejor,
el burgués que decidió ser revolucionario,
el pobre que quiso ser más pobre todavía,
que dirá Vergajito Xenófobo en su país de
mierda
cercado con alambre de balacera,
las muchachas vírgenes,
las que detestaron mi timidez y mis botas mal
comidas,
las que me quisieron por serafín,
el subversivo que delira con la muerte del
presidente,
qué harán los libros sin mi ignorancia,
el espejo vanidoso sin mi cara despeinada,
las botellas vacías sin mis amaneceres,
el economista sin mi sentimiento econométrico
social,
mi hermano moralista sin mi filoxera andariega,
qué pensarán los algunos que dieron muerte a
mi inmortalidad,
los algunos que se desataron del todo que amo,
la lavandera que salpicó perfume eterno a mis
pantalones
paleolíticos y sin centavo cuando circulé la
poliomielitis en sus
niños,
qué hará el cura que confiesa pecados en la
guerrilla,
la máquina de escribir sin mi ironía,
la ciencia,
los malvados gobiernos,
los jodidos
los que joden
los quejidos sin la fiscalización de mis versos.

¿Qué harán dirán pensarán?

Me gustaría matarme por amor,
dispararme contra la guillotina más oxidada
que tiene
la vida. Pero no lo hago. Por amor.

Imagínenselos sin mi poesía, palanca de la
materia universal.

Quítenme esa palanca y no respondo.

Al fondo,
a la derecha de mí mismo se encuentra Pedro
Gil al revés
jodiendo que no jodamos al evangelio,
(da lo mismo decir no nos jodamos)

que algo anda mal,
que hay que incinerar el algo,
que ese algo levanta al mundo con cemento de
(infamia,
que socialicemos el amor humano y el amor.

Me gustaría matarme y no lo hago. Por amor.
Duerman tranquilos. Mi amor no termina.
En la muerte nada hay de nuevo. Nada que
hacer.
Mi presencia tiene presencia eterna.
Mi poesía no acaba con mi vida y con la vida.
Todos caben en ella.
La madrugada ha exprimido mi coraje.
El alba

se acerca.

En el cementerio los cadáveres esperan la
resurrección
de los vivos.
Y en las mil novecientas ochenta y ocho
crucifixiones
duerman tranquilos

hermanos mortales. Duerman tranquilos.

3 comentarios:

lázaro dijo...

No puedo ocultar la emoción que me produce su blog:habla un Alexis desnudo,despojado de todo hermetismo;eso le faltaba, hacernos llegar aquel adolescente de los primeros borrones...
Supongo que yo también debo darme contra la pared:no he leído a Gil,apenas unos cuantos versos,alguna anécdota íntima,ya sabe, uno también se debe a los cultos antiguos. En fín, me uno a lo que dice Gil,"mi poesía no acaba con la vida, ni con mi vida.todos caben en ella"Estoy a pocos días de volver,espero conocerle para extender mi gratitud y amistad.Supongo que yo me quedo con la chatarra poética que nos legaron: modernistas y surealistas, y vanguardias en general,etc, etc,etc, joder!!,Y aunque me amamanté solo_según Bukowsky-,y no sufrí el hierro de las ganaderias literarias,creo en el intinerario de la poesía en todas sus formas y estilos,creo en lo que no seré y ya he sido.Un abrazo.Antonio

diegoLARAsaltos dijo...

CON ARRUGAS EN LA SANGRE!!!

sim dijo...

jaja buena narracion la de tu vida universitaria