miércoles, 3 de septiembre de 2008

Marfuz # 11 ya en circulación


Marfuz zine es la primera y hasta el momento única revista rockera de Manabí que logra una circulación a nivel nacional (quizás no en todos los lugares donde debería llegar). Es un orgullo comunicarles que su reciente número once acaba de salir de imprenta y ya se encuentra disponible.

Para este número constan entrevistas a las bandas manabas Noctum, Agonía, Aneurisma y Los Pescados. Artículos como: El regreso de Kurt y Fáctory: la tragedia resonante. Sus segmentos fijos como: crónicas del metal (Megadeth en Ecuador) e historias del metal (Fundación Al sur del cielo de El Carmen). Reseñas y bibliografía para bandas.

En la parte literaria varios poemas del español Leopoldo María Panero y la narrativa de los ecuatorianos Fernando Escobar, José Núñez del Arco y Xavier Cuzme.

Comparto el editorial de este número:



Nadie ofenda a los rockeros


Bien, lo han hecho nuevamente, han arremetido contra todos los rockeros, han vuelto a catalogarlos en todos aquellos términos prejuiciosos por los que cada cierto tiempo los medios de esta cultura y sus protagonistas, logran con esfuerzo desmentir todas aquellas patrañas.

Una vez más los “satánicos, drogadictos” y últimamente también “suicidas”, son el punto al que la sociedad ha vuelto la mirada colérica. El motivo: el flagelo en un concierto gótico que ha cobrado la vida de dieciocho personas.

El tema ya ha sido explotado por todos los medios “serios” y “no serios” del país, se ha dicho de todo, desde los que consideran que los góticos invocaban a la muerte y esta les llegó, hasta los que proponen regenerar a cuanto rockero aparezca, porque para ellos es tan sencillo decir que no hay normalidad en esta cultura, su comportamiento y sobre todo en su música.

Sabemos, como parte de esta cultura, la ignorancia que predomina en comentarios de esta calaña, porque no se trata de analistas rock metaleros respetables, si no simple mequetrefes que para no quedar relegados en el competitivo mundo de la comunicación y la figuración, han decidido decir cuanta estupidez se les ocurra o imaginen.

Es evidente que si se conociese a la cultura rockera -y a su población-, no se los catalogaría como simples y vulgares pandilleros que urgen rehabilitación. No. No se busca ser parte del rebaño desquiciado, inseguro y sometido llamado sociedad. No se pretende ser un pelele más dentro de otros (otras) peleles que resultan espectadores apacibles, inicuos individuos incapaces de ser Alguien. No, los rockeros jamás podrían amoldarse a las exigencias vacías que proponen los amoldadores y bienhechores del progreso moralista.

Nadie niega que los rockeros sean distintos al común (su apariencia y esencia son dos claros símbolos); diferentes porque escuchan música incomprendida para otros, música que resulta la parte vital de ellos, donde encuentran ira, desesperación, temor, pero también amor, esperanza, deseo de seguridad familiar y armonía. ¿Por qué? porque son humanos -demasiados humanos-, que plasman sobre el arte musical aquella parte de existencia que otros jamás conocerán: la libertad.




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