lunes, 18 de agosto de 2008

Secretos en el mail




I
Después de eliminar mails que no podrían interesarme ni en lo personal ni laboral, me centré en aquellos que tendrían algo para contar. Pablo, desde Guayaquil, me escribía acerca de que su historia con Rebeca había terminado la semana pasada, pero antes de ayer nuevamente eran novios, pero que anoche definitivamente ya no volverían ni siquiera a ser amigos; era un asunto divertido el suyo, pero por el momento no me interesaba, todos padecíamos de amor, cada uno a su manera. Dejé el mail para después, ya habría tiempo de responder de la mejor forma a su pedido de ayuda, aunque en verdad no tenía ni idea de cómo aconsejarlo cuando mi situación era peor.
Cerrado el mail de Pablo, revisé fugazmente otros envíos de conocidos, para céntrame en el hola de un tal Miguel Ángel. Hasta donde sabía ninguna de mis amistades y con quienes mantenía correspondencia laboral, osaba llamarse -para que a su vez lo llamaran- con sus dos nombres, era como si algún personaje de culebrón venezolano se hubiese escapado de la ficción y venido a parar justo en la pantalla que contemplaba.
El tipo era directo:

Hola pana. Sé que te gusta armar bastante bulla cuando se trata de noticias buenas. Tengo una historia que de seguro te interesará. Se trata de la reciente electa Virreina de la ciudad y las cositas que la muchacha hace en corto. Adjunto una foto donde se podrá apreciar a que me refiero.
Si te interesa este notición escríbeme lo más pronto para darte detalles.
m. a.


Pendejo. Quién se creía para afirmar que me gustara armar bulla, no era mi culpa que la información que investigaba y difundía lograran un efecto masivo en los lectores de una ciudad pequeña y sorprendida por la mínima tontería que incluyera los temas justos: sexo y violencia; con merecidas fotos de sus implicados. Quizás el tipo me confundía con una de esas especies raras dentro del periodismo sensacionalista, como Jonathan Carrera: a él no podría negársele ninguna de las certeras notas como la del “perro gallina” que jamás tuvo mutación alguna sino que se negó a pelear con otro perro; o aquella “zorra traga huevos” que para desencanto de muchos no resultó ser la morena buenota del prostíbulo de Montecristi sino un pobre animal que se alimentaba vorazmente de las crías de gallinas. Si de escándalos se trataba, estaba con el hombre equivocado.
No niego que la foto adjunta me sorprendió, aunque en el fondo esperaba encontrar otra clase de información más allá de la que el tal Miguel Ángel me anunciaba, no sé, al alcalde dentro de un baño de Conga prendido en la entrepierna de un salonero; algún rockero abriendo a punta de cuchillazos a una adolescente en algún rincón del cementerio general; o quizás el prefecto de la provincia junto a todos los alcaldes de cada cantón tatuándose colectivamente la marca de la bestia en sus nalgas derechas, en estos días cualquiera podría ser un Creciendo en gracia en potencia. Esta no solo sería una foto donde abriría la boca, sino donde los nervios se me descompondrían al desconocer qué haría con ella.
Pero si resultaba auténtica la foto que contemplaba, estaba ante una noticia seria y arriesgada, tal y como las había vivido en estos últimos meses. Parecía tan real. Su cabello negro y lacio, sus ojos café oscuro, su estatura mediana y piel blanca; sus senos grandes, eran los mismos. Si no fuera porque su vagina resultaba ser una ostra inmensa, que mostraba los labios siendo acariciados por sus dedos, no pondría objeción alguna. Reconocía que me chocaba que aquella mujer sensualmente abierta, que simulaba masturbarse, fuera la misma que una semana atrás había entrevistado, luego de haber obtenido su galardón. Entonces era una adolescente de diecisiete años que soñaba con cumplir su papel debidamente, interesada en la ayuda social que el municipio y organizaciones privadas podrían aportar.
Cerré el mail, la calle me esperaba.

II
T.:
Después que lo malo ha pasado no te pediré perdón. Hay cosas que no se pueden perdonar y esta es una de ellas. Quisiera disculparme con don Carlos, él siempre fue amable conmigo y de seguro el escándalo le afectó bastante; con tu mamá no, no me importa.
Aún no me acostumbro a esta ciudad. Casi no salgo y mis amistades se han reducido a un par de amigos por internet. Como has de imaginar continúo solo, y no es que no pueda conseguir un remplazo para ti (sabes que no existen imposibles en mis conquistas) es solo que por ahora prefiero la soledad. Me conoces, pronto me estabilizaré y seré nuevamente yo (aunque sé que en el fondo desearías que fuese otro).
No te miento si te digo que la fama me ha agarrado de las orejas y me ha dado un buen estremezón. Me gustó al principio cuando los mails no pararon de llegar, luego las semanas fueron volviendo el asunto pesado: las mismas y aburridas felicitaciones con interrogantes al final; los insultos y amenazas jamás imaginados (que al principio me atemorizaron, pero ya vez…desde acá la realidad es serena) y hasta esa cómica carta que firmaba tu mamá, motivo por el que te escribo.
Una de las ventajas que tienes es que estás allá, tan lejos al igual que yo de esa ciudad de mierda, mientras tu madre se encarga de revolver todo hasta crear un vómito espeso que después de haberte embarrado, intenta dirigirlo hacia mí. Solo te aclaro que desde donde estoy, tu historia (y sobre todo la que la desgraciada de tu madre ha inventado) es un cuento común que se ve y escucha todos los días, con niñitas de mami a las que en familia les cuesta pronunciar la palabra SEXO, y sin embargo junto a amigos, novios y hasta desconocidos relatan -y recrean- todo un cuento tres equis. Entonces para qué continuar con tanto alboroto.
Sabes bien porqué ha pasado todo esto. Tuviste la culpa, acéptalo, porque si no hubieras estado con el marica de Juan Carlos nada hubiera ocurrido. Crees que no supe que cuando te llamaba para que vinieras a mi casa y me decías que andabas de compra con tu mamá, o con alguna de las alcahuetes de tus amigas, era que estabas en el departamento de ese infeliz -o en el mío- mamándole la verga y hasta dejándote tirar por atrás (el muy desgraciado me ha enviado unas fotos que adjunto para que me creas). Cuando a mí me tenías a raya diciéndome que te dolería y tantas otras huevadas. Resultaste ser una sorpresa desagradable.
Ahora no entiendo porque chucha tu mamá tiene que poner una demanda en contra mía. Por qué no aceptas que todo lo que registran las fotografías fue con tu consentimiento. Eres una víctima a la fuerza, que la bruja de tu madre manipula sin control. Que no siga con el cuento de que la honra de la familia y el apellido son cosas que deben nuevamente estar impunes, porque la verdad ni ella mismo se lo cree (cuéntale de cuando tiramos en su cuarto y después sacaste de su closet aquella licra negra de randas que tenía un orificio en medio de las piernas).
Quisiera anunciarte, para que no te tome nuevamente de sorpresa, que todas las fotos están en ecuatorianasdesnudas.com, pero tranqui tu nombre no aparecerá, porque todo el mundo lo conoce. Debes reconocer que aquellas sesiones en mi cuarto pasaron a la historia.

Tu mejor amante.

III
Noemí es un nombre melancólico que me envuelve hasta la asfixia, mientras el bus avanza y me aleja de la casa. Extraño su sonrisa, hacerle amor por las mañanas, salpicarla de sudor y semen al final. Todo queda en el pasado: sus labios prendiéndose de los míos, sus manos materializando el amor en una caricia que podía durar horas antes de borrarse en el trabajo. Ahora las marcas en mis muñecas y brazos, aquel molestoso ardor en mi pecho, solo son señales de que todo ha acabado definitivamente. Por eso si el bus chocara y un cuerpo saliera despedido por el parabrisas, quisiese que fuese el mío. Entonces sentiría los vidrios incrustándose en mi cabeza, cara y brazos. Rebotaría sobre el pavimento, con los ojos abiertos, contemplando el charco sanguinolento en que me convertiría en instantes, y allí, todo desbaratado pronunciaría mis últimas dos sílabas: Noemí. Luego la nada como final de mi sobrecargado drama.
Eres una perra y punto. Si agregara más a esta frase sería darte más importancia de la que ya te doy. Acéptalo, pudiste ser más discreta, continuar siendo una putita en cubierto hasta que haya desaparecido de tu camino, pero no, tuviste que soltarme todo tu asqueroso rollo como si nada, así de fresca como siempre has sido, así como si a mí también me importara un pepino lo que hacías al salir de casa.
Hubiera sido sencillo haberle soltado todas estas palabras, pero ahora que no está no me queda más que tragarme todo, tanto o más como me la hizo tragar cuando después de decirme lo que tenía que decirme me dio la espalda y se largó como si nada, no, miento, como si nada no, porque en el fondo le divirtió ver mi sorprendido rostro con esta bocota cerrada que no encontró las palabras adecuadas para estrellárselas en la cara o las fuerzas suficientes para agarrarla del pelo y arrastrarla hasta recordarle mi rostro enfurecido. No, nada fue oportuno, porque mientras huía no solo se largó con toda aquella parte de mi vida que le había dado, sino que también lo hizo con los discos preferidos que jamás volví a reclamarle.

IV
En mi regreso, la plaza cívica resultaba un escenario chocante ante la información que continuaba rondándome desde que me marché del diario. Su destacada figura y nalgas bamboleándose sobre la pasarela pudieron darle fácilmente el reinado, pero no fue así, su contrincante menos agraciada se apoderó de la corona. Era viernes en la noche, el reportero de sociales tenía permiso por compromisos mayores (el muy gil se casaba), así que como el editor suponía por mi cara que no tenía nada que hacer con mi vida los fines de semana, me designó ese trabajito extra.
Después de tomar fotos a ellas, jueces, público y autoridades; conversé con las electas. La reina y virreina no tenían nada que envidiarse, ambas resultaban unas idiotas desgastando el anhelo de acabar con la pobreza y desnutrición de la ciudad.
El recuerdo de sus piernas paseándose aceleradamente frente a los espectadores de la noche, y su cara inocentona, de no atreverse ni siquiera a darle un beso con lengua a nadie, era lo que más recordaba.
Ya en la oficina, después de terminar el trabajo que debía enviar al editor, decidí responder al imbécil que me anunciaba tener una noticia bomba. Quería saber hasta dónde podría llegar el tipo y cuáles eran sus verdaderos propósitos para proporcionarme información de tan baja calaña.
Una vez que, entre otras cosas, le dije que para tomarlo en serio, necesitaba saber su nombre y apellido, la relación que tenía con la muchacha y finalmente cómo pretendía que le ayudase a difundir esta información, me decidiría si prestaba atención a la información que me compartía o la ignoraba. Fui específico, porque si buscaba alguna especie de ayuda para creer lo que pretendía, debía decirme la verdad y responder todas mis inquietudes, sino simplemente podría enviar su dudosa información al Extra o cualquier otro medio venido a menos en el país, estaba en juego mi reputación y eso era motivo suficiente para tener cuidado.
La respuesta fue inmediata, como si Miguel Ángel o quien quiera que se escondiera tras ese nombre, estuviese desesperado por dar a conocer lo que sabía. Y así era:

Bueno la intensión es sencilla, necesito que toda la ciudad conozca la clase de virreina que ha elegido, un angelito tres equis. No creo que por ahora mi nombre sea importante, pero si te consuela saber cómo obtuve las fotos -de la que solo te he enviado una- pues yo las tomé, fui el novio de ella hasta el mes pasado.
Sabes, pana, te estoy ofreciendo una historia demasiado interesante como para que te hagas el apretado en investigarla a fondo, pero si te sirve de algo no soy un mentiroso al que se deba desconfiar. Acepto que estoy cabrero porque la muy perra me dejó por otro y ese es un buen motivo para cobrar venganza. Y este asunto será lo peor que pudo haber imaginado.
Pero si no confías en mí no importa, igual tengo otra forma de lograr el efecto que lamentablemente no puedes crear para ayudarme.
m. a.

Notaba cierta sinceridad en sus palabras despechadas. Tal vez era cierta aquella foto y el resto que anunciaba tener. Tal vez estaba frente a otra de esas noticias que no solo elevarían mi nombre un peldaño más de esta competitiva y rapaz profesión, si no que me pondrían otra vez en la mira de cuanto golpeador anónimo se animase a trabajar sobre mi cuerpo algunos cuantos puñetes y patadas. Debía lograr que me concediera una entrevista, debía mirarlo a los ojos y descubrir si existía verdad en ellos o puro cuento.
Tenía que proceder como lo hice con doña Teresa y su increíble historia del profesor de secundaria metido en un cuarto de motel con una de sus estudiantes, que por poco dejo pasar. Así que volví a escribirle apresuradamente para entrevistarnos por la noche. Estaba dispuesto a prestarle mi ayuda siempre y cuando me permitiese todas las facilidades informativas para que el hecho fuera de interés general, le escribí.

V
Han pasado quince minutos desde que espero sobre una mesa del Five a que aparezca de una vez y me cuente todo lo que sabe. Me conoce, porque ante la propuesta escrita horas antes, solo había respondido escuetamente: “Five, ocho en punto”. Era evidente que me conocía, sino me habría pedido una descripción física para guiarse.
De una mesa contigua con tres bebedores, se ha parado un joven medio regordete, no mayor de veinte años, con una fina barba sobre su cara que le aparenta más edad de la que supone; se ha sentado frente a mí.
-Así que estás solo
-Supongo que eres Miguel Ángel
-Sí, aunque también podría ser cualquiera
-Bueno, dime todo cuanto pueda interesarme. Mientras más rápido me informes, mejor comprenderé el asunto.
-Calma, loco
Agarró la cerveza a medias que tenía en mi mesa y sirvió en mi vaso y en el que traía cuando se acercó.
-Todo es real, si es que aún dudas
-Dices que tienes más fotos, necesito que me las muestres, las cargas ahora?
-No, son solo archivos jpg
-Entiendo
No estaba ebrio, y eso era una garantía de que podría confiar en su versión. Su mirada era la de un triste despechado a quien el amor le había dado una patada dolorosa no solo en el corazón, sino también en las bolas. Sus palabras eran las de un resentido, dispuesto en nombre de la venganza, a proporcionar toda la información capaz de dañar a la muchacha.
Pasamos una hora dialogando al respecto. Entre otras cosas me había enterado que las fotografías eran el resultado de las fantasías sexuales que ambos tenían en común cada vez que hacían el amor. Todas las habían tomado en su departamento (estaba solo en la ciudad, su familia se encontraba en España trabajando, pero no como inmigrantes jornaleros, la pinta lo delataba aniñado). “No sé si alguna vez lo hayas sentido, pero eso de ver tu sexo y el sexo de la persona que amas, es lo más fantástico que puede haber. Recuerdo que la primera vez que la vi desnuda y luego tiramos, al otro día su cuerpo no era el mismo, había fallado la exactitud de mi recuerdo y ese fue uno de los motivos para pedirle después que antes, después o en el instante de penetrarla se dejase fotografiar. La constancia le dio seguridad y después de la cuarta vez su cuerpo se convirtió en una masa moldeable a espacios y posiciones. Su rostro una fiesta interminable de placer. Podía excitarme con solo ver su lengua fuera de su boca. La amaba, eso era lo que en verdad importaba cada vez que iba hasta mi departamento y pasábamos la tarde sin que su familia y mis responsabilidades nos estorbaran”.
Se trataba del típico caso del “enchuchado” al que habían engañado. No dudó en compartirme la ira que sentía al recordar como había logrado enterarse de todo:
Ese viernes tenía exámenes en la universidad, pero me la pasé tomando junto a algunos panas. Emilio, un compañero que nos conocía bien, la había visto llegar a mi departamento quince minutos antes de localizarme, ella no se había percatado de su presencia. Observó que el acompañante no era yo, así que llamó y preguntó dónde diablos me encontraba. Quince minutos después estaba frente a mí dándome la mala noticia. Quise sacarle la puta a él, por mentiroso. Pero la duda me envolvió y me dirigí lo más rápido hasta allá. Había luz en la sala, así que confirmaba lo que Emilio me había contado, ella poseía una copia de la llave, me gustaba que por las mañanas -y sin previo aviso- entrara hasta mi cuarto, se desnudara y tuviéramos un rapidito.
Abrí despacio y lo más silenciosa la puerta, me dirigí hasta mi cuarto. Sus gemidos inundaban todo el pasillo. La puerta no tenía seguro, así que cuando entré no pude contenerme, salté sobre ellos, logrando que el muy hijo de puta que la penetraba por detrás eyaculara fuera de su ano y ensuciara la colcha.
A él lo pateé varias veces, su cara sangró demasiado, tanto así que después las manchas fueron tantas y dispersas por distintos lugares. A ella la agarré del pelo y además de reputiarla por ser una perra, solo le di dos cachetadas, no se puede herir a quien se ama, o eso creía.
Hubo un lapso en que me desplomé, tanto por la impresión de saber que mi novia tiraba junto a otro en mi cama, como por el golpe que el muy hijo de perra ese (sé quien es y se la tengo jurada) me dio en la cabeza mientras estaba descuidado.
Media hora después solo lloraba. Entonces deseaba saltar por el balcón y dejar una carta que la culpara de todo. Pero no pude y aquí estoy, tratando de vengarme a toda costa de ella.
Como decía, un caso del típico enchuchado, al que para variar habían puesto los cuernos. No se trataba de información que me entusiasmara, sobre todo con lo que había oído. El tipo estaba adolorido y quería hacerla pagar, de la peor forma: desprestigiándola, haciendo que la corona y el logro obtenido la semana pasada le fueran retirados. Era un plan perverso pero justificado a sus ojos. Preferí no opinar.
Pasaban las nueve cuando nos despedimos. Tenía la dirección de la muchacha y en mi mente se maquinaba toda una historia de novela.

VI
Noemí no está en casa. Me ha llamado diciéndome que está donde su mamá y que mañana pasará recogiendo el resto de sus cosas. Siempre sufrió de mamitis, sobre todo cuando creía que su mundo se desplomaba.
No hay comida preparada, menos para preparar, serán días difíciles desde ahora.
Después de bañarme, la televisión ha sido un refugio inútil para relajarme. Allí la información de los noticiarios locales no me es desconocida, es lo mismo que he estado leyendo e investigando en el día. Maldita profesión, no da espacio a la sorpresa. Pero sigo con la mirada clavada en las imágenes.
El segmento de crónica roja me arrastra a un recuerdo:
“La ciudad ha enloquecido, cada escondrijo es un lugar incierto expuesto al horror. Las sombras y sus formas cambiantes; los cuerpos, sus posturas, emanaciones, antiestética”.
Es una excelente introducción, lo admito, pero no tiene fuerza, carece de los elementos precisos, el detallismo justo capaz de azorar.
Entiende esto: nacemos, nos reproducimos y morimos. Pero no nos interesa lo primero ni lo segundo, grábatelo, si no lo tercero: cómo, por qué y cuándo lo hacemos, esa es nuestra constante búsqueda y muchas veces ante la ausencia de esta: nuestra constante invención.
Te cuento algo: mi peor pesadilla es donde conozco el día de mi muerte, entonces en casa beso y abrazo a cada uno de mis hijos, resuelvo el problema de mis deudas y le hago el amor a mi esposa, para luego, en la cama, cerrar los ojos y desconectarme de todo. A pesar de la tranquilidad final a la que llego -en el sueño-, siempre despierto temblando y sudando; algo así sería el fin de nuestro imperio. Porque imagina que nadie tuviera el desenlace de morir atropellado, estrangulado, degollado, decapitado o en cualquier otra forma de muerte, estaríamos fritos, sin trabajo, escribiendo sobre la problemática social y económica, o sea escribiendo sobre las mismas tonteras de siempre que el público aborrece. Y tú crees que ellos lo que necesitan es un inacabable recordatorio de la decadencia de su país, de saber que cada vez serán más pobres; no, a ellos -o la mayoría- les interesa conocer qué pasó con el violador que cogieron en Tarqui, la madre perturbada que estranguló a su hijo de dos años, o la niña ensacada que abandonaron detrás de La Dolorosa. Esas son las historias que venden, porque más allá de informar necesitamos vender, y ese es mi lema y por lo tanto debe ser el tuyo y el de todos quienes trabajan aquí.
Ahora deja la mariconada poética y escribe algo así como que los cuatro decapitados en la vía circunvalación tenían rastros de semen en sus anos o que habían violado a una prostituta de El Imperio, la cual escapó y en próximas entregas se publicará una entrevista exclusiva. Así muchacho, así...
Renunciar fue lo primero que se me ocurrió tras lo dicho por mi editor, pero no podía hacerlo, no cuando me había sacado la puta cinco años en una facultad. Era cuestión de adaptarse o morir de hambre. Preferí la segunda opción.
Las noticias han acabado y extraño a Noemí. Quisiera llamar donde su madre para preguntar cómo está, si podríamos conversar un rato o mañana cuando venga. Soy un estúpido, nada puede remediarse, ambos -pero creo que más ella- hicimos lo posible para que todo se fuera por un tubo.

VII
Después que salió del colegio, fue hasta su casa y luego al Patronato Municipal. Nadie, más allá de su madre, se le ha acercado. La información de Miguel Ángel fue de gran ayuda, el resto fue parte de mi trabajo. Rubén, mi editor y jefe en el diario, estaba de acuerdo con la propuesta para seguirle la pista a esta historia y a su implicada, hasta que sacara algo en concreto, tenía dos días para recoger la mayor cantidad de datos y en lo posible el testimonio de ella. Eso sí, dependiendo de la historia el diario me respaldaría o se negaría a publicar cuanto hubiese hecho.
Nada extraordinario, además de su belleza, se encontraba en la muchacha. Era como cualquier otra encantadora mujercita a quienes las puertas se abrían con solo verla. Un encanto natural que sabía como explotar. Nuevamente me había sentido cautivado por sus piernas y nalgas, sin menospreciar sus senos que daban la medida justa para chuparlos, sin sentir que fueran dos reducidos limones. Pero cada vez que trataba de hacerme una imagen cándida e inocentona de su vida, llegaba como un vómito implaneado, la foto donde aparecía desnuda, con las piernas abiertas y tocándose. Era un choque muy fuerte y tenía que acabar pronto.

VIII
Chuta mi pana, no sé que está pasando, se suponía que darías a conocer los secretos de la niña, pero nada pasa y eso me impacienta. Porque si te he dado la primicia, es porque confío en tu escandalosa labor (disculpa que te lo diga, pero eso es lo que haces, aunque lo niegues).
Ayer la volví a ver, y andaba con aquel hijo de puta, del que seguro, si has hecho bien tu trabajo y confío que sí, sabrás su nombre. Los odio, pero más a ella. Entonces no me explico por qué chucha no has publicado nada.
Creo que debí tomar las riendas y responsabilidades desde el principio.
m. a.

IX
El mail de Miguel Ángel me ha dejado preocupado: “La virreina de la ciudad en pelotas”, dice. Tras abrirlo veo que va dirigido a cincuenta personas más. Me aterro.
Está de espaldas, luce una licra de randas negras que la cubre casi por completo, menos el agujero que descubre su vagina. Sigo bajando. Miguel Ángel está con ella, desnudos, luego él mostrando su pene, más abajo los dos nuevamente: ella montada, penetrada y besándolo.
Toda la ciudad conocerá el secreto. Lo ha logrado, el muy infeliz, ha cobrado su venganza sin importarle el trato entre nosotros.
Su vagina es un trozo de carne casi palpable en la pantalla, quisiera acariciarlo y luego lamerlo. Pasarle el hielo que ella posa en su abertura, arrancarle con los dientes la bolicha que luce metida en el ano. Desquitarme con ella de la mala jugada de su ex. Pero algo me preocupa, más allá de verla en la pantalla. La primicia, la maldita primicia que aún no lograba.

X
La información recolectada fue suficiente para publicar una historia que dio al diario un tiraje superior. Porque más allá de difundir que el responsable de las fotografías era un tal Miguel Ángel (nombre con el que protegimos al verdadero responsable) ex novio dolido de la implicada en el escándalo, estaba el hecho de que una figura recientemente pública tenía un pasado que manchaba la moral ciudadana y deshonraba el cargo ganado.
Nuestra labor como medio de comunicación se centró, más allá de la polémica en la que nos metimos, en el aporte social y cultural por la conservación de las buenas costumbres de nuestra ciudad, descubriendo y difundiendo esta clase de comportamientos inadecuados. Y eso precisamente fue en lo que trabajé toda la tarde y parte de la noche de un miércoles, después del mail de Miguel Ángel y de que hubiese conversado urgentemente con mi editor.
No tuvimos la frialdad de publicar las fotos más llamativas, optamos por las que aparecían ella y Miguel Ángel abrazados en un mueble, ambos en ropa interior y con los rostros desfigurados para no causar mayor conmoción en los familiares de la virreina.
No volví a mantener correspondencia con Miguel Ángel, no después del colérico mail que le envié a penas me llegaron las fotos. Puso en riesgo mi empleo y por poco manda a la basura dos días de intenso trabajo, porque no fue nada sencillo seguirle la pista a la muchacha, y sobre todo descubrir cuál era el amante.
Sí, descubrir el nombre del galán de la virreina fue cosa de niños. Saber que después de que su madre la acompañaba por última vez a sus labores diarias de soberana siempre hubo un tiempo, no tan prolongado, en que se encontró con ese alguien que gustaba penetrarla por el ano y quien se jactaba de haber soñado a ese panzón estúpido y cachudo. Todo eso descubrí, pero nada de eso publiqué, preferí estrellárselo, a manera de venganza, al propio Miguel Ángel en mi último y colérico mail.
Ambos han huido del país. Él buscó refugio donde sus padres en España, ella prefirió Estados Unidos, donde su hermana mayor. Ha pasado un mes y las fotos me han llegado dos o tres veces en mails reenviados, los que abro para recordar sus secretos.
Recientemente Pablo, mi amigo de Guayaquil, me ha escrito diciéndome que Rebeca es solo un recuerdo vago que lo acompaña, que está mejor, bueno aunque no sé si beber tres veces a la semana y fumar toda la marihuana posible sea sinónimo de mejoría. Rebeca también es mi amiga, y me dice que lo odia, más que a cualquiera de sus odiantes. De locos.
Noemí volvió donde su madre. Ya no pienso mucho en ella, salvo cuando intento escribir poesía (alguien me dijo que escribir versos aleja a los demonios personales). Acabo de crear el primer poema, pensando en ella, siempre en ella, pero supongo que no le gustará…


Anal

A Noemí

La virreina de la ciudad
colgó un chorizo
en su retaguardia
para sentirse segura
antes de que su novio
iniciara y fotografiara
el reto.

Ahora que nosotros
el país,
el continente,
y probablemente
el adolescente pajero
de Japón
lo sabemos,
es mejor continuar como siempre.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Vaya!!!, un celestino de la prensa rosa!!!!,muestra un renovado producto de la narración para autopromocionarse.Encuentro _como siempre un tema actual-, y ello supone un reto a la hora de inmiscuir el fluido de las correspondencias personales en un escrito.Hablo del periodista y su conciencia,la venta de su moral y el escarnio de los sentimientos ajenos.Propongo al señor Cuzme,una narrativa más poética como suya aquella de "no me resfriaré con tus lágrimas"-se acuerda?, claro , está, siguendo la costura moustrosa de la realidad.Hallo lugares en el tema que a veces , se pierden o se difurcan y que, podrían confundir al lector en el hilo de los seguimientos mentales.Hallo al narrador neutral.Atrévase!!, usted puede ser más allá del TU que intentan transponer a su persona y, que , colectivamente,se desbrosa en la narración.Los secretos del email, supone un reto nuevo para la narrativa. Usted es dueño de un estilo que habría que pulir,cuya fuerza vertiginosa y linguística y del pensamiento asuma el poder de tomar las riendas, pero sólo se puede con tolerancia,sin caer en la vulgaridad o en los preciosismos banales.Adelante con sus narraciones Alexis, siga y que la vida y la pluma no le dejen descansar en paz!!!!.Su amigo Antonio..Ahhh,y no olvide, como dijera Isabel Allende,"el punto G de las mujeres no seencuenra entre las piernas, sino en los oídos".Que le parece si le decimos a una monja o a una ramera en sus oídos un poema de amor,tal vez no cueste tanto bajarle las bragas , si las dejamos primero asfcender a las estrellas je, je,je,.adios

alexis cuzme dijo...

Gracias Antonio, siempre son bienvenidas sus palabras.
Bueno la idea es la de aproximarse a la realidad: descarnada y vulgar como es.
Aclaro que esta primera versión la expongo para las observaciones del lector, que aceptará cuanta observación haya.
Saludos.