lunes, 21 de julio de 2008

Montecristi: rock y confraternización































A Luis Chasi, Mauricio Paladines,
Juan Vásconez y Eduardo Yuquilema.
Por los encuentros implaneados.


Fue la picazón en la cara, ojos llorosos y la incertidumbre por conocer motivos, lo que nos hizo olvidar por un momento a todos quienes nos encontrábamos alrededor de la plaza cívica de Montecristi, si habíamos acudido a un concierto de rock o más bien a una manifestación con tintes políticos de trasfondo, siendo pisoteada con gas lacrimógeno por la represión policial.

El difundido y bien promocionado Llucshi Yanki organizado por Diabluma (organización político-cultural, como se autoidentifican) se realizó el pasado viernes 18 de julio, el punto de encuentro para más de doscientos rockeros provenientes de distintas ciudades del país fue el cantón Montecristi, en Manabí.

No se trató de un festival musical cien por ciento rockero, puesto que agrupaciones y solistas de distintos géneros expusieron su trabajo a los concurrentes, que contradictoriamente resultaron ser más rockeros. Esta variedad de músicos y géneros fue la responsable de que el rock se dejara para el final, así recién pasadas las siete de la noche subió a escenario la banda guayaca de hard core Notoken, recibiendo inmediatamente el apoyo del público que coreó y mosheó sus temas.

Posteriormente continuarían los pasajeños Wuanancha Puka, que con su característico hardo core punk cholo pusieron la nota original de su trabajo (sobre todo por la mescla de instrumentos tradicionales en el rock como guitarras eléctricas, batería, bajo con trompeta, flauta dulce, timbales); pocos fueron quienes no corearon sus ya pegajosos temas desde Vale hasta el clásico Wuanancha Puka.

Curare, de Quito, y con temas más cercanos al hard core y power (sin dejar de lado esa parte folklórica reflejada en la utilización oportuna de instrumentos de viento como flautas) lograron mayor intensidad en los concurrentes. De igual forma la banda Likaón también de Quito, arremetió sobre el escenario con la potencia de su grind, logrando que el público se fuera preparando para las dos últimas bandas de la corta jornada para el rock.

Agonía de Portoviejo, y una de las dos bandas representantes de Manabí, fue todo un choque con los géneros que hasta ese momento habían participado; brutal death metal que logró encender a los ya pocos asistentes a esa hora de la noche (manabitas sobre todo, puesto que los buses con rockeros de otras ciudades habían emprendido el regreso a sus provincias y ciudades). Asimismo Noctum, también de Portoviejo, y deslumbrando a muchos oyentes primerizos, descargó sus temas que siguen la línea del black metal pagano. Con ellos culminó el festival.

Por otro lado muchos extrañaron la presencia de bandas como Pithón de Latacunga, y aunque la organización no logró evitar que se agrediera a los rockeros lanzándoles gas lacrimógeno, el objetivo de confraternización tuvo efecto, así amigos de distintos espacios de Ecuador lograron conocerse por fin y disfrutar de esta breve fiesta rockera, que esperemos algún día se repita.

1 comentario:

JuanSecaira dijo...

Estimado Alexis: qué bueno que se haya podido confraternizar, eso es importante para el movimiento. Muy buena la reseña, saludos.